La Voz de Galicia

Las cuentas pendientes del casco histórico

A Coruña

Ángel Varela a coruña/la voz.

Los inmuebles abandonados provocan problemas de humedad y salubridad

21 Sep 2010. Actualizado a las 11:40 h.

Un edificio abandonado en la calle Damas sirve para ejemplificar los problemas más comunes que generan los inmuebles abandonados en la Ciudad Vieja. «Aquí hemos visto en alguna ocasión ratas tan grandes como conejos», explica uno de los trabajadores de una frutería cercana. El techo caído de ese mismo inmueble provoca problemas de humedad, y un vistazo en su interior certifica que allí han estado okupas que, de forma temporal, habitaron uno de los pisos. Los enseres personales que se encontraron dentro del edificio abandonado que se incendió el pasado sábado en la calle Puerta de Aires también apuntan, según los vecinos cercanos, a que una vela mal apagada podría haber sido la causante del fuego.

A pesar de que las obras abundan en la Ciudad Vieja -incluso con el parón que ha sufrido la construcción-, las condiciones de rehabilitación de muchos de los edificios obligan a que estas se prolonguen durante años, con las consiguientes molestias a los vecinos. Una de las casas que se están demoliendo cerca de la plaza de Santo Domingo es un ejemplo. Los trabajadores de la constructora explican que es obligatorio volver a reconstruir una casa que se va a tirar con las piedras que originalmente sustentaron la construcción. Este tipo de exigencias provocan que la labor se prolongue en el tiempo.

«A nosotros las obras ni nos van ni nos vienen, aunque es cierto que antes el inmueble que están arreglando nos comunicaba humedades, también hay que decir que llevan muchos años con la obra, con las molestias que eso provoca», explica una vecina de la calle Príncipe.

Además de la proliferación de lonas verdes en las fachadas -la asociación de vecinos estima que existen ochenta inmuebles que están en malas condiciones y que tendrían que ser rehabilitados-, la Ciudad Vieja sufre otros problemas ya endémicos como las molestias que provocan la gran cantidad de coches que aparcan en la zona. «Como aquí no existe la zona azul, muchas de las personas que trabajan en las cercanías aparcan todos los días en la Ciudad Vieja. Incluso hay coches que aparecen el lunes y no se vuelven a retirar hasta el viernes», señala una vecina de la plaza de Azcárraga.

Fallida peatonalización

Los fallidos intentos de peatonalización de la Ciudad Vieja es otra de las lacras que los vecinos siempre sacan a colación cuando se les pregunta por los problemas de la zona. Tanto la instalación de barreras móviles como los pivotes que se ocultan en el subsuelo no acabaron de funcionar. Actualmente, la administración local está trabajando en la recuperación del plan de peatonalización, que incluiría un aparcamiento provisional en el ámbito de la Maestranza.

Otro de los caballos de batalla de los vecinos es la ampliación de la protección especial contra el botellón que tiene la plaza de Azcárraga. Durante este verano, las reuniones de los aficionados a beber en la calle se trasladaron a las cercanías de la Colegiata de Santa María y a la calle Zapatería. Aunque el Ayuntamiento incrementará la vigilancia nocturna en las calles de la Ciudad Vieja, las autoridades municipales no contemplan aplicar la normativa antibotellón a nuevos espacios de un barrio que durante los próximos años puede sufrir las consecuencias del parón de la construcción de nuevas viviendas. Los inmuebles en ruinas parece que tendrán que esperar a un nuevo bum inmobiliario para que las lonas verdes dejen de formar parte del paisaje de la Ciudad Vieja.


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