El legado de Mónica
A Coruña
Mónica Domínguez Ferri hizo su tesis sobre el cáncer visto por los niños. Ella lo sufrió desde los 7 años y murió antes de verla publicada en forma de libro
19 Dec 2009. Actualizado a las 02:00 h.
El cáncer mirado desde fuera no es lo mismo que visto por el enfermo. Y más si los ojos son de niño. Mónica Domínguez Ferri lo sabía y no solo porque entrevistó a decenas de ellos en Madrid, Londres y Perú. Lo hizo para elaborar la tesina que el jueves se presentó en Arenas en forma de libro, El cáncer desde la mirada del niño , de la mano de su tía, Marisa Ferri, coruñesa de adopción desde hace medio siglo. La autora falleció hace casi tres años con apenas treinta de edad. «Por eso todo esto es tan fuerte», decía emocionada
La presentación en la librería del Cantón, en la que participó Elena Viturro, la presidenta de la Asociación de Lucha contra el Cáncer, se convirtió en un homenaje al coraje de aquella niña a la que, con solo 7 años, diagnosticaron un sarcoma maligno en una costilla. Se lo extirparon y le dieron quimioterapia. Estuvo dos años, la cuarta parte de su vida entonces, ingresada en el madrileño Hospital del Niño Jesús. Pero se recuperó y «con voluntad inquebrantable», recordó su tía, siguió sus estudios e inició la carrera de Psicología. Y la terminó aun cuando una recaída, a los 23 años, la llevó a pasar por el quirófano de nuevo para ampliar el hueco en el pecho y más allá en la batalla frente al cáncer.
Londres y Perú
«Dedicó su vida a esto y aun así, ya operada y sin la mitad del costillar, consiguió una beca y se fue a Londres y a Perú a ver a niños enfermos con cáncer, para entrevistarlos; no quería morirse sin terminar su tesis, aunque bromeaba mucho con que parecía un robot al que le iban quitando piezas y llegaría el momento en que se quedaría sin nada que quitarle», contó Marisa Ferri.
Su obra, que la Complutense recuperó de los trabajos para la tesina, esconde tantas historias como valores. Y algunos descubrimientos. «Es una enseñanza -explicó su tía- porque ella sabía cómo se sentían los niños, a los que nunca se les habla claramente de la enfermedad, notan que sus padres han llorado y que cada vez que les toca ir al hospital, toda la familia está nerviosa... ellos, muchas veces se sienten culpables de lo que ocurre; están enfermos y aún encima tienen sentimiento de culpabilidad por estarlo». La propia Mónica contaba la creencia de que los niños de cabeza pelada contagiaban. Y así explicaba que se huyese de ellos.
Mónica Domínguez viajó con frecuencia a A Coruña, donde ahora se pone a la venta su libro, y a su tía le confesó que en el estudio sobre los pequeños y la percepción de un mal que enferma al individuo pero también a su familia, ella quería dejar por escrito «todo lo que le pasó por su cabeza». Por experiencia propia. «El libro -insistió Marisa Ferri- es una preciosidad y ella lo hizo para una mejor comprensión de los pequeños enfermos».
Lo que se recaude con su venta se destinará a la lucha contra el cáncer.