«Lo que me duele es que se han llevado mi vida sin avisar»
A Coruña
Afirma que su taller no estaba ruinoso y que nadie se dirige a él para decirle dónde se encuentran sus pertenencias
19 Jun 2009. Actualizado a las 12:04 h.
A José Rey aún le tiemblan las manos al recordar el tiempo que dedicó a crear en su taller y se le hace un nudo en la garganta al tratar de resumirlo. Desde ayer le cuesta respirar y cuando tiene que definirse dice que él no es un artista, sino un artesano, y que lo que le pasa es que es un sentimental, aunque nunca guarda rencor. No lo hará ahora aunque, como él mismo asegura, se han llevado su vida «en un instante y sin previo aviso».
-¿Fue la vivienda derribada la primera que dio entre sus cuatro paredes cobijo a su trabajo?
-Trabajé con mis manos desde los catorce años. Llegué a formar una sociedad con un amigo para trabajar herrajes de funeraria. En ese mismo taller se producía el material, pero en ese mismo taller me di cuenta de que eso no era lo mío. El negocio se disolvió y yo me quedé allí solo, pagando 1.500 pesetas al mes por él y haciendo lo único que, con mi familia, me hacía feliz
-¿Cómo le avisaron de que el taller pasaba a ser propiedad del Ayuntamiento?
-Un buen día llegó a la puerta el alcalde diciéndome que el taller se había vendido y que pasaba a ser propiedad suya. Pero que como yo era un artista que me dejaban trabajar el arte allí hasta que lo derrumbaran, como un regalo personal. No me presentaron documento alguno que justificara esa venta ni expediente de que se encontraba en ruinas, nada, todo de palabra y las palabras se las lleva el viento.
-¿Considera que el taller en el que trabajaba se encontraba en ruinas?
-Eso es una mentira pero, aún de ser verdad, lo que no entiendo es que si estuvieran ruinosos nadie se preocupó de avisarme de que mi vida corría peligro trabajando allí. El aprecio que dicen tenerme es contradictorio.
-¿Es cierto que no llegaron a invitarle a una exposición que se inauguró en la zona y que llevaba su nombre?
-La gente llegó a creer que era un homenaje póstumo porque el hombre que daba su nombre a la sala no se encontraba allí. Bastante humillante, sí.
-¿Ha tenido noticias de dónde se encuentran las cosas que aún guardaba en el taller?
-Los vecinos me han comentado que vaya a recoger mis cosas, que se las han llevado pero que puedo recuperarlas. Pero sé que las cosas valiosas que guardaba escondidas por temor al robo se han destruido, porque nadie las habrá encontrado.
-¿Ha denunciado?
-Sí, pero por el daño moral más que por lo material, yo he hecho mucho por este ayuntamiento y me lo han devuelto pisándome como a un insecto. No me merecía esto.
-¿Cómo espera que se resuelva este asunto?
-Solo espero que se reconozca que se ha cometido un error. De haberme comunicado la intención de derribo, recogería mis cosas y me hubiera marchado de allí dignamente.