Zapateros para un museo
A Coruña
Desde O Pino, pasando por Arzúa y con más de 30 años en A Coruña, cuatro generaciones de la misma familia han vivido de la reparación de calzado
26 Apr 2009. Actualizado a las 02:00 h.
El continuo entrar de clientes interrumpe en numerosas ocasiones el relato de la historia de una saga familiar de zapateros que va por su cuarta generación y que en su local, Zapatería Mosquera, en uno de los bajos de la conocida como torre de los Maestros, tienen expuestas las imágenes de los que iniciaron lo que ya es una tradición familiar.
«Meu avó era do Pino, e foi zapateiro. Chamábase Juan Mosquera Núñez. O meu pai, que era Pedro Mosquera Boó, aprendeu del e traballou en Arzúa. Daquela non había outra cousa. Antigamente, se querías traballar, ou zapateiro, ou xastre ou carpinteiro», señala Antonio Mosquera, cuyos hermanos también optaron por el mismo aprendizaje. Resalta que nunca dejó su profesión y que, incluso, durante su paso por la Guardia Civil estuvo siempre ligado a la sección de la reparación del calzado. Y al jubilarse puso el negocio, que ahora atienden sus dos hijos varones.
«Eu teño toda a ferramenta en Arzúa; o banquillo ten máis de cen anos e quero facer un museo aquí ou alí», explica mostrando un viejo sello del establecimiento de su padre, con el nombre La Industrial, y unas antiguas formas de madera. Afirma que lo que quiere es que las piezas no se pierdan y considera que deberían mostrarse al público para explicar cómo era en el pasado este antiguo trabajo. Pese a su retiro, no deja de visitar el establecimiento que fundó en los bajos de la torre de Juan Flórez en lo que define como «a mellor zona que hai na Coruña».
«Iba para electrónica, pero un curso dejé de estudiar y me metió en la zapatería y ya seguí», explica Manuel, que aunque enseña unos zapatos que ha confeccionado para él, reconoce que ese trabajo ya no se hace y que el de zapatero es un oficio que ha avanzado mucho. «De hacer las cosas todas a mano, ahora todas se hacen a máquina», comenta, y resume que cuando comenzó «pasabas una mañana haciendo unas punteras y ahora las haces en cinco minutos». Afirma que incluso ha variado cómo se trabaja; ya no hay banquillo ni trabajo sentado, todo se hace de pie con maquinaria.
Aunque más pequeño que Santiago, fue el primero en seguir el camino de su padre, y tres años más tarde comenzó su hermano, después de no hallar trabajo como electricista. «Mejor seguir con un oficio de toda la vida. Además en familia se trabaja muy bien», comenta Santiago, que apostilla que, sin embargo, ser autónomo tiene sus inconvenientes y que el mercado inmobiliario les dificulta poder contar con un local más grande para dar cabida a sus necesidades.
«Poner unas tapas se ponen fácil, pero para el oficio se necesitan años», considera Santiago, y puntualiza su padre: «Zapateiros hai moitos, pero para facer zapatos cóntanse coas mans e os remendóns son outra cousa».
Los tres coinciden en señalar que en su negocio lo más solicitado siguen siendo poner tapas y punteras, y que la crisis no se nota. «Lo que más se nota es si llueve. Hay más trabajo en invierno, porque el agua estropea mucho el calzado», explica Manuel Mosquera.