La Voz de Galicia

El espía que llegó de Londres

A Coruña

Carlos Fernández a coruña

Historias de A Coruña | Visita del conde de Carnavon El autor de «Viaje por la Península Ibérica» recaló en la ciudad en 1827

11 Feb 2006. Actualizado a las 06:00 h.

Uno de los viajeros británicos más distinguidos que visitó Galicia en el siglo XVIII fue el tercer conde de Carnavon, Herbert Henry, quien escribió, además, un libro muy interesante titulado Viaje por la Península Ibérica . Embarcó para la Península el 28 de julio de 1827, a bordo del vapor Duque de York , llegando a Lisboa el 6 de agosto, alojándose primero en casa del almirante Beauclerk y después en el hotel Reeves, propiedad de ingleses. Entró en Galicia por Vigo, siguiendo viaje a Pontevedra, Caldas y A Coruña. Le acompañaba su criado Antonio. Sus apellidos y titulo nobiliario despertaron la curiosidad de los aduaneros, especialmente unos papeles con documentos de las viejas crónicas sobre Pedro I, el Cruel . Al día siguiente, Carnavon se enteró de que había llegado al puerto coruñés un vapor en ayuda de los rebeldes griegos. Los militares ingleses que lo tripulaban visitaron al cónsul, quejándose de la torpeza del práctico, pues, por su culpa, chocaron con una rocas en la misma entrada del puerto. Escribirá Carnavon sobre el puerto coruñés: «Gracias a él, A Coruña fue adquiriendo importancia durante el siglo anterior y por ser uno de los puntos más cercanos a Inglaterra, su nombre llegó a ser popular entre los ingleses, antes incluso de la memorable batalla librada en sus alrededores. Como los coruñeses eran notablemente afectos a la causa constitucional, el Gobierno provincial había sido trasladado a Santiago, la capital original de Galicia». Añadiendo: «La medida en sí, no era injusta, pero había sido calculada para aumentar el descontento ya existente entre los coruñeses por causa de algunas relaciones intempestivas: casi todos los artículos de primera necesidad llevados a Coruña por los campesinos tenían que pagar impuestos, por lo cual ya pocos se molestaban en abastecerla de alimentos; el impuesto que gravaba la sal había sido fatal para la industria sardinera coruñesa, causando gran descontento entre los pobres, que viven principalmente de ese pescado. Me dijeron, también, que la plata comenzaba a escasear en toda la región». Respecto al sueldo de los militares coruñeses, el panorama era bastante malo. Apuntaba el conde en su relato: «Conocí a varios oficiales que habían luchado en las filas liberales y vivían en estado de gran pobreza. Uno de estos infortunados me dijo que su paga había pasado de 50 a 12 dólares mensuales, e incluso así de reducida les llegaba con cuatro meses de retraso. Su suerte había sido muy mala, pues tras luchar con gran valor en toda la guerra peninsular y después no haber intervenido ni en la insurrección de 1820 ni en los excesos de la revolución, ahora se veía relegado por oficiales más jóvenes y sin experiencia y condenados a pasar sus últimos días en la mayor penuria. Me dijo con amargura que algunos de estos oficiales liberales habían muerto de hambre».


Comentar