Un escritor de superventas
A Coruña
Historias de A Coruña | José María Gironella visitó la urbe El autor de «Los cipreses creen en Dios» estuvo unas horas en la ciudad en 1961
15 May 2004. Actualizado a las 07:00 h.
A comienzos de los años 60, las novelas del autor español que más se comentaban, y vendían, en el país eran Los cipreses creen en Dios y, sobre todo, Un millón de muertos. Su autor, José María Gironella, trataba en ellas los todavía procelosos temas de la República y la Guerra Civil y lo hacía con un talante liberal, esto es, había republicanos buenos y nacionales malos, y viceversa, claro. Ello le valió cientos de críticas de los franquistas que se creían la encarnación del bien absoluto. Y fue en estos momentos de máxima actualidad, a finales de junio de 1961, cuando llegó a A Coruña por primera vez. Lo hizo a bordo de la motonave Guadalupe , de la Compañía Trasatlántica, procedente de La Habana, Veracruz y Nueva York. La Voz desplazó al muelle a su redactor Vituco Leirachá (entonces firmaba Vicencio) para hacerle la obligada entrevista. Pero Gironella, mosqueado por entrevistas anteriores, se negó, al menos inicialmente, a hacer manifestaciones. De ahí que el periodista tuviese que pasar toda la tarde y parte de la noche para contactar con el escritor. Cuando llegó a bordo, un camarero le dijo que se había ido a tierra. Suponiendo que estaría en un restaurante, peinó los más conocidos y el novelista seguía sin aparecer. Después le dijeron que había salido con el capitán del barco, del que era amigo, y la espera continuó. Como el barco salía para Santander, a las dos de la madrugada, Vituco le esperó hasta que le encontró en su camarote. De entrada, le dijo: «No hago declaraciones en mi país, pues mis palabras siempre se tergiversan. Se han dicho verdaderas calumnias y sólo he tenido un defensor (era José María de Llanos)». Viaje Sin embargo, el periodista insistió. Pudo sonsacarle que venía de Centroamérica y EE. UU. y que se proponía escribir para La Vanguardia reportajes sobre Cuba. Preguntado por la situación de la isla, tras la llegada al poder de Fidel Castro, dijo: «Está entregada totalmente al comunismo. Traigo de allí unas fotos formidables». Pero Gironella seguía negándose a hablar. «Mire -le dijo a Leirachá-, yo me he encontrado muchas veces con periodistas que parecían nobles, como usted, pero luego me tergiversaron todo lo que dije. Estoy muy dolido. Mi libro Un millón de muertos está en la calle y ya se han vendido 120.000 ejemplares. La gente juzgará y el futuro también. Empecé con Los cipreses creen en Dios, en donde contaba muchas de las cosas que ocurrían en zona roja; pero hubo quienes lo olvidaron al leer Un millón de muertos, sin pensar que esto era una trilogía. Hay quien ha publicado párrafos sueltos, escogidos por donde le convenía, para atacarme. Mi familia me envió a Nueva York algunos de estos artículos y le aseguro que no pienso hacer más declaraciones». Añadió Gironella: «Sólo un uno por ciento de los periodistas son leales». El tiempo pasaba y, aunque Gironella «no quería hablar», siguió hablando. Y dijo sobre su peripecia en la Guerra Civil: «Me pasé treinta meses pegando tiros en la zona nacional, a la que me había pasado de la zona roja. Tengo seis medallas. Pero todo esto no viene a cuento ahora. Sólo le agradecería que usted dijera: Gironella pasó por A Coruña de regreso de América y no hizo declaraciones a la prensa. Desea, simplemente, irse a Barcelona, encerrarse en su casa y escribir. En otras circunstancias, hablaría con usted un par de horas». Madrina coruñesa Pero el redactor de La Voz siguió insistiendo: «Estando yo en la Guerra Civil tuve una madrina que era coruñesa. Se llamaba Encarnación Vázquez Feijoo. No he vuelto a saber nada de ella y al acercarme a puerto, sentí que me gustaría mucho saludarla. No se olvide usted de decir esto». «Ahora, Un millón de muertos se va a traducir a ocho idiomas. Lo que me duele es la incomprensión de las gentes»; y añadió: «Oiga usted, no se extienda mucho en lo que escriba de mí». Pero la entrevista ocupó media página (de la última), cuando el periódico sólo tenía diez, a formato grande.