«Bisbal, eres fenomenal»
A Coruña
El público comenzó a llegar al Coliseo a las seis de la mañana, con camisetas y pintadas dedicadas a sus ídolos Lo que no consigan Bisbal y Bustamante no lo consigue nadie. Hasta un inopinado reencuentro familiar. Sucedió ayer en A Coruña con ocasión del concierto de «Operación triunfo». El padre pidió el día libre en el «curro», allá en Sevilla. La niña abandonó por un día sus estudios en Madrid. La madre lo tuvo más fácil: vino desde San Ciprián. Los progenitores, seguidores del obrero cantor. La chica, fan de ricitos de oro. La historia de Manolo, Candi y María José se escribió a la puerta del Coliseo. Allí hacían cola, junto a niñas ¿y niños¿ con la foto de sus ídolos y con el cuerpo lleno de letras. Entre los mensajes, «Bisbal, eres fenomenal».
20 Apr 2002. Actualizado a las 07:00 h.
El espectáculo había comenzado mucho antes de que los muchachos de Operación Triunfo asomaran por A Coruña. Antes siquiera de que su avión pidiera pista para aterrizar en Alvedro. A las seis de la mañana ya estaba Lorena esperando a la puerta del Coliseo para ser la primera en ver llegar a los chicos de oro. : El novio de Lorena. Lorena llegó al Coliseo gracias a su novio. Ella vive en Ferrol y su chico la dejó tempranito en A Coruña porque él tenía que irse a trabajar. Eso sí, Carlos ¿que así se llama el muchacho de Lorena¿ volvió luego para ver el concierto al ladito de su niña. Ella de Bisbal y él de Bustamante concilian diferencias para disfrutar juntos del espectáculo. Cosas del amor. : Pastillas para dormir. Sabina pedía pastillas para no soñar. María se las tomó para poder dormir pensando en sus ídolos la noche antes del gran día. También llegó de las primeras, a las diez de la mañana. Para poder hacer cola, esta treintañera tuvo que pedir el día libre en el trabajo. El esfuerzo lo hizo por el rey del andamio: llevaba el nombre de Bustamante escrito en la camiseta. : Se vació San Ciprián. San Ciprián cabe en el Coliseo. De esta localidad lucense venían muchos de los que esperaban a que abrieran las puertas. A esa María José de la entradilla que se reencontró con su familia hay que añadir a Piquín, Elena, Tara, Miriam y Cris. A los cinco los echaron ayer en falta en el instituto de San Ciprián. «Las clases son lo de menos», declaraba el único chico del grupo, con una foto de Natalia en la camiseta. Lo mismo pensaban el centenar de chavales que hicieron cola en horario escolar. : Las que tienen que limpiar. En el Coliseo se ultimaban los preparativos. El director, Ramón Barros, no paraba de pasear asegurándose de que todo estuviera perfecto. La previsión se notó y no hubo problemas. Entre gente de seguridad, chicos de Protección Civil, muchachos de la Cruz Roja, bomberos, técnicos y demás, aparecieron Ana y María. Las señoras de la limpieza. Ellas explicaban la magnitud del concierto: «Ni con Julio Iglesias», aseguró una. La otra no estaba de acuerdo: «Yo creo que con Alejandro Sanz hubo más». Donde sí coincidían era a la hora de elegir prefe : «Bustamante, que salió de la nada». Ayer fueron las dos limpiadoras de guardia. Las que se encargaron de maquillar la cara B de Operación triunfo. : «Viva Gran Hermano». A falta de pocos minutos para la apertura de puertas, comenzaron los empujones. A pesar de todo, la mayoría de los que al principio aseguraban que la espera merecía la pena mantuvieron su palabra. ¿Masoquismo de grupo? Entre tanto inconsciente, un par de conversos empezaban a cansarse de los apretones. No hubo vivas a la libertad como signo de rebeldía. Los renegados optaron por cambiar de bando bajo la consigna de «Viva Gran Hermano». Si Zapata levantara la cabeza. : Los últimos de la fila. Se abrían las puertas y llegaban Pedro, Teresa, Miguel e Isabel al final de la cola, que daba la vuelta al Coliseo. Al menos, una hora de espera. «Se te baja la moral», decía Teresa. Pero no se movió. Sí. Bisbal debe ser fenomenal.