La «movida» más pícara
A Coruña
El barrio chino coruñés vivió su época de máximo esplendor en los años cincuenta y sesenta El dicho «Santiago reza, Vigo trabaja, Pontevedra duerme y A Coruña se divierte» debe mucho a las calles Papagayo y Tabares. Epicentro de la movida más pícara desde mediados del pasado siglo, el barrio chino coruñés proporcionó placeres de todo tipo, entre ellos los literarios. «La familia de Pascual Duarte», del premio Nobel Camilo José Cela, retrata en algunos de sus célebres pasajes aquellas noches alocadas. Locales como la Casa de la Media Teta o bares como el Canosa cimentaron un mito del que muy pronto tan sólo quedará el recuerdo. En 1995, el Ayuntamiento decidió que la nostalgia no podía frenar el progreso.
13 Feb 2001. Actualizado a las 06:00 h.
Fue la primera movida coruñesa. Julito, Pamela y Elvirita animaban hasta altísimas horas de la madrugada el café-bar Canosa. El Salamanca, el Eulogia y el Maypu competían con este local en este sector de café-bares muy especiales. De seguir existiendo hoy día, el Ayuntamiento tendría que proporcionarles unas licencias mucho más licenciosas. La oferta la completaban las casas. Doña Adela mandaba en la de la Apache, muy frecuentada y ornamentada. Entre sus competidoras destacaban La Catalana, Las Campaneras, Las Columnas y, sobre todo, La Casa de la Media Teta, así conocida, se decía, porque a su madame le faltaba un pecho. Churros y tortillas La movida se cerraba a las seis de la madrugada en el café-bar de la Olegaria, donde se servían tortillas recién hechas, y en la Churrería La Argentina, que estaba ubicada en la calle del Mercado, punto de reposición de fuerzas antes de emprender el regreso a casa. Aquellos locos años transcurrieron ante la vista gorda de las fuerzas del orden. Después, el barrio chino fue perdiendo pujanza. Cerraron locales históricos y el relevo trajo uno de los males del fin de siglo: las drogas. En 1995, el Ayuntamiento se puso manos a la obra. Ordenó el derribo de gran parte de las viviendas de las calles Papagayo, Tabares y Hospital. «Se ha convertido en un punto de venta de drogas», se explicó desde María Pita. Desalojo polémico Fue un desalojo polémico. «Nos han echado como a perros. Con Franco no pasaba esto, nos daban viviendas a cambio», declaró entonces a La Voz uno de los viejos inquilinos. Muchos de ellos mantenían que sus viviendas no estaba en ruinas y que aquel desalojo masivo era «una operación especulativa». Los derribos se sucedieron aquel año. El tiempo pasó y las ruinas se convirtieron en un foco de inmundicia habitado por ratas. La limpieza definitiva llega ahora. El Ayuntamiento quiere borrar aquel vicioso pasado de un plumazo. Del Papagayo no quedará ni el nombre.