La portería de los ajos
CDLugo
El utillero del Negreira acabó con el gafe de una de las metas de su campo, en la que los locales marcaron el domingo por primera vez
15 Dec 2003. Actualizado a las 06:00 h.
No hay meigallo que se le resista a los ajos. Una falta directa a los cinco minutos del partido que el pasado sábado enfrentó al Negreira y el Narón en el campo Jesús García Calvo sirvió para abrir el camino a la segunda victoria en su feudo de los locales despues de dos meses. Pero el gol, además de acercarlos un poco más a su objetivo de la permanencia en la Tercera gallega, también rompió un gafe que había desquiciado a sus jugadores: en una de las porterías de su propio campo no marcaba nadie. Esta campaña sólo el Dépor B, y en la segunda jornada, había anotado allí dos tantos que, además, le dieron el triunfo. Los restantes nueve goles del Negreira y los de sus rivales habían entrado en la otra portería. El autor de la hazaña fue el veterano Pepe Rico, pero muchos aficionados se preguntaban tras el partido si habría influido que antes del choque el utillero del Negreira José Mourullo Ramos, conocido popularmente por Mauro, harto del gafe de su equipo, decidiese plantar ajos en ambas porterías. El propio Mauro no le concedía ayer demasiada trascendencia al final del gafe, quizá porque no se trataba de la primera vez que se decidía por este método para espantar el mal fario de su equipo. Así lo hizo en su campo y en el de otros equipos, como la campaña pasada en el coruñés de A Grela ante el filial deportivista, «e por riba acabamos perdendo por catro cero», recuerda. En esta campaña, Mauro sólo lo había intentado en el primer encuentro que jugaron en casa, ante el recién descendido de Segunda B, el Lugo. Tampoco tuvo mucha suerte, pues ambos empataron a un gol. Pero durante el pasado puente de la Constitución, aprovechando el parón liguero en Tercera, Mauro no lo dudó y se desplazó a la feria dominical de Negreira para comprar ajos. Su objetivo era claro: rachar de una vez por todas con el maleficio ante el Narón. ¡Y vaya si lo consiguió! Hasta su equipo anotó también ante el Narón un segundo gol, obra de Mariño, en la otrora portería maldita. Pero al utillero, que había llevado a cabo en secreto su plan sin comentar absolutamente nada con los jugadores, los técnicos o los directivos, le llama poderosamente la atención otra circunstancia. Porque, a pesar de su interés y de su esfuerzo por plantarlos, Mauro se queja con sorna: «Iso si, non hai maneira de que medre ningunha planta de allos».