La Voz de Galicia

Un eclipse a tiempo

Barbanza

carmen alborés
El eclipse desde Corrubedo

03 Oct 2026. Actualizado a las 05:00 h.

Cuentan que Cristóbal Colón en su cuarto viaje a América él y sus hombres estaban acuciados por la falta de alimentos porque los indios ya no se los proporcionaban. A Colón se le ocurrió idear una estratagema para conseguir comida: conocía las tablas astronómicas y con ellas pudo predecir el eclipse del 29 de febrero. Entonces dijo a los nativos: «somos cristianos y vasallos de Dios que cuida a los buenos y castiga a los malos, y Dios está muy enfadado con vosotros por no suministrarnos alimentos y por eso os enviará una señal. Esta noche la luna saldrá roja llena de ira y se oscurecerá». Cuando los nativos comprobaron este eclipse regresaron con viandas y suplicando a Colón que les ayudase. Este se retiró y volvió diciendo que Dios ya les había perdonado y que les siguiesen trayendo víveres.

 

La frase que se puede deducir de este hecho es que «el conocimiento es poder». Verdaderamente conseguir las cosas con engaño no de gran nobleza, pero ante la necesidad imperiosa no sé lo que harían muchos. Me imagino a los nativos, pasmados, con la boca abierta por el asombro, con la vista puesta en el eclipse. Hace días también nosotros presenciamos un eclipse, fue algo mágico, muchos se reunieron en torno a una merienda (quizá recordando a aquellos nativos cargados de viandas), pero nosotros a diferencia de ellos estábamos todos mirando con la boca abierta y debidamente pertrechados con unas gafas especiales homologadas para no dañar la retina de nuestros ojos. A nosotros no fue Colón quien nos predijo el eclipse sino la televisión machaconamente muchos días antes y además ilustrándonos con muchos expertos en eclipses. No esperábamos ningún beneficio ni ningún castigo divino, simplemente contemplar algo predecible e inusual.

De niña me contaban en el colegio que los chinos hacían mucho ruido para espantar al sol y que no se comiese a la luna. Yo prefería sentir aquella emoción y aquel miedo que sufrieron los nativos, la certeza de que un Dios desconocido está vigilando nuestras acciones y premia nuestra generosidad, quizá aquel Dios hoy premie también a aquellos que socorren a los que pasan hambre, y procuran un mundo más justo. Pocas veces miramos al cielo, ni siquiera para predecir el tiempo, ya están los meteorólogos. Hace unos meses nos visitó el Papa y el eslogan escogido era Alzad la mirada. El día del eclipse aunque fuera por un día todos clavamos nuestra mirada en el cielo para ver un eclipse.

 


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