La Voz de Galicia

Marisqueo

Barbanza

Alicia Fernández

30 Aug 2019. Actualizado a las 05:00 h.

Leía el miércoles un buen artículo firmado por Marta Gómez donde recordaba la batalla campal, que bien pudo acabar en tragedia, entre mariscadores de Rianxo y Carril a cuento de las dispares formas de entender la explotación de Os Lombos do Ulla; una zona no adscrita -ni antes ni ahora- a ninguna cofradía, es decir, de las denominadas de libre marisqueo. Mientras lo hacía vinieron a mi mente otros muchos conflictos acaecidos sobre las turbulentas aguas de nuestra ría o sobre las arenas movedizas de sus playas, hasta llegar al más reciente entre mariscadores de a pie y a flote de Cabo, ¡de la misma cofradía!

Terminaba reflexionando sobre cuánto ha cambiado el sector después de esos 42 años y las decenas de conflictos. Para ello me formulé las siguientes preguntas: ¿cuánto dinero público se ha invertido en ese período? ¿Cuánto se ha revertido a la sociedad del disfrute, casi gratuito y en exclusiva, de unos recursos públicos de gran potencial? ¿Cuánto se ha avanzado a nivel organizativo y en generar empleo estable con rentas por encima del salario mínimo interprofesional? Si fuese un concurso de méritos, las puntuaciones obtenidas serían desoladoras. Concluí que muy poco, cuando menos en lo sustancial.

Llegados a este punto, eché mano a un libro de tapas verdes, un tocho de 874 páginas, titulado Plan de Ordenación de Recursos Pesqueros y Marisqueros de Galicia, del año 1992, obra de un buen equipo encabezado por Enrique C. López Veiga que, a día de hoy, recomendaría leer, especialmente su apartado de marisqueo, a cualquier persona del sector que quiera poner perspectiva sobre su actividad.


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