La Voz de Galicia

Muchas copas de más

Barbanza

juan ordóñez buela

10 Dec 2016. Actualizado a las 05:00 h.

E l 2 de noviembre falleció una niña de 12 años en el hospital 12 de Octubre a causa de un coma etílico, después de haber ingerido una gran cantidad de alcohol durante un botellón. Desde entonces, ya van tres casos en un mes. El exceso de alcohol es el principal factor de riesgo para los jóvenes de entre 10 y 24 años, puesto que retrasa el desarrollo psicológico normal del adolescente, cuyo cerebro está aún en formación.

 

Los botellones son también molestos por la suciedad que generan y el exceso de ruido que provocan. En nuestra sociedad hay problemas de muy difícil solución, pero el que acabo de exponer, tan grave y triste, no puede dejar a nadie indiferente. Además, tiene fácil arreglo, porque está en manos de los concellos. Bastaría con prohibir que se ocupara cualquier espacio público para fines particulares. También sería eficaz, sin duda, poner en práctica un programa educativo nocturno para prevenir el consumo.

Siempre tienen que ocurrir acontecimientos trágicos para que se empiecen a tomar medidas de control. Es un hecho que la venta ilegal de alcohol a menores siempre ha existido y es muy difícil controlarla. De una forma u otra, el menor siempre tendrá acceso a las botellas, por lo que la solución no está en la prohibición, sino en la educación.

Sensibilizar y prohibir son los dos grandes retos sobre los que el Ministerio de Sanidad ha hablado últimamente. Ponerse duros con este asunto es la única manera de frenar el problema del alcohol. Que los propios chavales que han pasado por una mala experiencia contribuyan a abrir los ojos a sus compañeros no es ninguna tontería, como lo sería que las escuelas se esforzaran en informar de una forma efectiva y adecuada a la edad. Y, sobre todo, habría que castigar, como por fin parece que hará la nueva ley, a los bazares en los que venden a niños botellas de vodka y de ginebra como si fueran piruletas. No es fácil sensibilizar a los jóvenes en una sociedad en la que el consumo de alcohol no está mal visto. Y no será fácil que los adolescentes entiendan los riesgos del exceso cuando tantos adultos no han aprendido a discernir cuándo están bebiendo de forma excesiva.


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