Una tradición popular arraigada en Valga
Valga
03 Jan 2013. Actualizado a las 07:00 h.
El belén del Concello de Valga traspasa fronteras desde hace años por sus originales escenas. Sin embargo, este no es el único nacimiento digno de méritos en el municipio. Las representaciones que los particulares montan en sus casas son, cada Navidad, más grandes y sorprendentes. El concurso impulsado desde el Ayuntamiento y que cumple once ediciones ha contribuido en buena medida a ello, pero no es el afán por ganar el certamen lo que mueve a los participantes. Buena prueba es que se ha mantenido la participación pese a que, por primera vez, no habrá dotación económica para los vencedores.
En familia, sale mejor
En la casa de los Riveiro Espiño, en Torrecampaña, el belén se monta con la colaboración de toda la familia. Ángel es quien se encarga del montaje y de hacer las casas y las piezas con movimiento. Sus dos hermanas le ayudan con las manualidades y su cuñado, Gustavo, del sistema eléctrico. Todos contribuyen, incluidos sus padres, José y Carmen. A esta última le toca la ingrata tarea de recoger las cerca de doscientas piezas que componen la estampa navideña del cobertizo de su hogar. Nada tiene que ver este nacimiento con el que siempre montaron bajo el árbol, ni siquiera con el que se presentó por primera vez al concurso, que apenas ocupaba un metro cuadrado.
Seis metros de largo
El actual tiene seis metros de largo y cerca de quince metros cuadrados. En él también anochece y brillan las estrellas alineadas sobre el pesebre. No falta sonido ambiente, con campanadas y villancicos de fondo, ni escenas tan curiosas como la de un topo subterráneo que busca una salida para su madriguera. Cada año, Ángel se las ingenia para incorporar alguna pieza nueva con la que sorprender a todo el que quiera acercarse a verlo. Sus puertas están abiertas porque «a maior recompensa é ver as caras da xente», apunta Ángel Riveiro, principal responsable del belén. Solo así tiene sentido el despliegue hecho por este y su familia quince días antes de su inauguración, invirtiendo horas y esfuerzos después de sus respectivos trabajos.
Artesanía en estado puro
Pero si de dedicación se trata, el nacimiento de Celia Rincón se lleva la palma. La vecina de Valga comenzó ya en verano a realizar los personajes que hoy invaden el comedor de su hogar. Ella es la autora de todas y cada una de las piezas (cerca de trescientas), que realiza con barro -en el caso de los personajes- y otros materiales al alcance de la mano. Si el año pasado hizo comer a toda su familia navajas antes de las fiestas para realizar los techos de un conjunto de casas de conchas, esta vez el protagonismo del belén lo tienen los oficios tradionales. «Tenemos que progresar en España y por eso tenemos que fomentar los oficios», señala la valguesa. De este modo, junto al pesebre se encuentra también una panadería, una carpintería, una farmacia, un taller mecánico, unos viticultores o un apicultor, entre otros muchos.
Un homenaje a los suyos
Aunque no contribuyan directamente, la familia y entorno de Celia Rincón tiene un papel muy importante en su nacimiento. La modista, que se confiesa una amante de las Navidades, incluyó entre los personajes a varios seres queridos. Entre ellos, su hijo Fernando, junto a los pintores, un primo en la carpintería o su nieto, pese a ser uno de sus peores críticos, a lomos de una bicicleta. La valguesa ha tenido en cuenta también Manuel Blanco, el constructor que le cede la tierra sobre la que se asienta toda la representación. Como en el caso del belén de Torrecampaña, el de la modista se ha ido ampliando año tras año, a raíz del concurso impulsado desde el Concello. No obstante, asegura que es algo que siempre le ha gustado e incluso estando en Caracas, en donde residió varios años, seguía la tradición de montar el belén y celebrar las fiestas al modo tradicional. Ni cabe decir que en este hay mula y buey al pie del pesebre, al igual en el de la familia Riveiro Espiño. El concurso se resolverá el día de Reyes.