La ayuda que no cura, pero alivia
Arousa
La ACCC presta camas ortopédicas, sillas de ruedas o pelucas a enfermos oncológicos; también recoge donaciones
05 Oct 2016. Actualizado a las 05:00 h.
La situación se repite todas las semanas. Cada dos o tres días, alguien llama a la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) en Pontevedra para pedir auxilio logístico. Necesitan con urgencia una cama artículada, una silla de ruedas, una peluca o un cojín antiescaras, vital para que quienes están muchas horas sentados no acaben con llagas. ¿Se les pueden entregar todos estos objetos sin que tengan que pasar por caja? La realidad es que, en la mayoría de los casos, no se marchan con las manos vacías. Todo ello gracias a un banco de material que tiene esta entidad; un fondo que se nutre con donaciones o con compras que se fueron realizando. Ahí está una colección considerable de pelucas que pasaron por distintas cabezas pero que todavía son dignas de seguirse utilizando; hay sujetadores especiales para personas que están pasando o sufrieron un cáncer de mama, hay todo tipo de artilugios ortopédicos. Se da servicio a vecinos de toda la provincia y los únicos requisitos que se les ponen son dos: que pasen ellos mismos a recogerlos y que puedan justificar que lo va a usar un paciente con cáncer. Se limita a esta patología porque, como todo, los recursos son escasos.
La teoría sobre el banco de material adquiere todo su sentido cuando uno le pone historia propia. La que la cuenta es Alicia Domínguez. Ella es de Marín y, hace un año, le dieron una de esas noticias que uno nunca querría escuchar: «Nos dijeron que mi padre, que ahora tiene 69 años y era la persona más vitalista del mundo, tenía un tumor cerebral. Y que no se va a curar». El mundo de Alicia, como el de otras tantas familias, saltó entonces por los aires. El día a día ya nunca fue igual. Hubo que digerir el nuevo presente. Preocuparse por cuidar al progenitor, asumir su enfermedad... Y también hacer cuentas. Sí. Lo dice ella bien: «Empiezas a darte cuenta de que necesitas muchas cosas que son carísimas. Y que es difícil asumir su coste. Yo afortunadamente contacté con el banco de préstamo. Gracias a lo que me prestaron no me estoy arruinando». A la casa de Alicia fue a parar la grúa que presta la AECC y que ahora mismo se ha vuelto un elemento fundamental en su hogar, «ya que de otra manera nos sería muy difícil mover a mi padre para que pueda levantarse y pasar de la cama al sofá».
«Te sientes impotente»
Tras esta primera experiencia, Alicia recurrió de nuevo al préstamo. Solicitó una silla de ruedas también. Y la experiencia volvió a ser positiva. «Es maravilloso», señala. Pide expresamente que se haga constar algo que le parece lamentable: «Te sientes muy impotente porque ves que el material ortopédico, que es de primera necesidad para un enfermo y para su familia, tiene unos precios altos. Y eso no puede ser, porque es que lo necesitan para tener calidad de vida».
Testimonios como el de Alicia se oyen a menudo en las dependencias de la AECC. A todos ellos intentan ayudar prestándoles aquello que precisen, desde algo tan íntimo como una prótesis mamaria a un colchón ortopédico. Reciben llamadas de toda la provincia y en ocasiones el único impedimento para que se formalice el préstamo de material es que la familia no pueda venir a recogerlo. Lo que más se demanda, según explican, son pelucas y también la grúa. Lógicamente, tanto Alicia como el resto de las familias están obligadas a devolver todo en cuanto terminen de usarlo. Además, la idea es que haya un retorno a mayores. Se busca que las familias, que siempre acaban comprando algún material ortopédico, lo donen en cuanto no lo necesiten. Así, la red de ayuda mantiene blindado su futuro.
«Gracias a lo que me prestaron no me estoy arruinando», dice Alicia Domínguez