El crío al que Paz Andrade no quiso soltar
Arousa
Anxo, pontevedrés de Lérez, se quedó atrapado entre los brazos de bronce de un ilustre de su parroquia. La escultura quedó rota. Pero el autor se lo toma con humor
02 Sep 2016. Actualizado a las 05:00 h.
Las manos creadoras de César Lombera fueron las que, hace una década, sentaron en una misma estatua de Pontevedra a Manuel Quiroga, Carlos Casares, Castelao, Cabanillas, Valentín Paz Andrade y Bóveda. Se recreaba así una tertulia ficticia, porque no son coetáneos. Pero, además, en ese lugar donde están colocados, sería una charla imposible. ¿Por qué? Los ilustres nunca están solos. A lo largo del día deben de posar para la foto con decenas y decenas de personas; los críos suelen jugar con ellos y los mayores se paran a verles. Seguramente, a ninguno de ellos le hubiese disgustado el papel que tienen. Porque son unos más dentro de la Pontevedra peatonalizada que vive en la calle. A veces, de tanta vida que tiene la estatua, ellos deben acabar pensando que siguen en este mundo. Le pasó a Paz Andrade anteayer mismo. Resulta que Anxo, un crío de Lérez de tres años, como tantos otros pequeños, se subió a la estatua. Pero él se metió de lleno: acabó encajonado en el regazo de bronce de Paz Andrade, que fue vecino de su misma parroquia y que, cual abuelo amoroso, no quiso dejarle ir. Hubo que acabar rompiéndole el brazo al genial autor para que Anxo saliese del entuerto en el que se metió.
Ayer, con Paz Andrade manco desde su escultura, en Pontevedra la anécdota de Anxo daba que hablar. Los bomberos eran los primeros en explicarse. Contaban que, en realidad, no quisieron romper el brazo del ilustre. Les asistía la lógica de que, si el niño se había metido allí, tendría que salir de igual manera. Pero los minutos pasaban, Anxo lloraba desconsolado, estaba muy colorado -el crío, aunque salió ileso, tenía el abdomen lleno de rojeces cuando fue rescatado- y el nerviosismo colectivo se multiplicaba por varias cifras a cada segundo que pasaba. Así que se decidió usar una herramienta, un separador hidráulico, con la idea de ganar unos milímetros y que el pequeño se desencajonase rápidamente. «Eso nos pasó otras veces -decía uno de los rescatadores-. Recuerdo que sacamos a un crío que le quedó atrapada la cabeza en la verja de una guardería de la calle Reina Victoria y al meter el separador salió enseguida sin romper nada».
Se rompió al momento
Pero con Paz Andrade la cosa no resultó. El bronce, nada más tocarle, rompió, y el brazo se acabó estampando contra el de un policía, que tuvo que ser atendido en el hospital. Pero que, afortunadamente, fue dado de alta.
Enseguida le pusieron una cinta al ilustre en su codo al descubierto. Pero parece que la escultura se arreglará debidamente más pronto que tarde. El Concello ya estaba viendo ayer cómo hacerlo, dado que dispone de un seguro de responsabilidad civil para estos casos. El autor de la obra, César Lombera, a media mañana de ayer ya estaba también al tanto del percance. Iba en bus camino de Ferrol, donde está acabando una Menina puede reponerse soldando y repasando sin mayor problema.
Será cuestión de tiempo que la escultura se arregle. El mismo que debe pasar para que Anxo sea consciente de su peculiar anécdota. Quizá ese episodio le acabe acercando a versos como «plim-plim , plim-plim, plim-plim / canta o teu cincel» de la Cantarela de canteiro de Paz Andrade. Entonces, habrá valido la pena el percance que sufrió.