La Voz de Galicia

Las pintadas afean la fachada de la capilla de las conchas de A Toxa

Arousa

rosa estévez o grove / la voz
Como Ana, muchos creen que las firmas en las conchas forman parte de una tradición religiosa.

Un cartel advierte a los turistas de que escribir su nombre en la pared «no es tradición», pero muchos ignoran esa indicación y estampan su rúbrica

08 Aug 2015. Actualizado a las 05:00 h.

«Nunca había visto una iglesia recubierta de conchas. Me parece muy curiosa». Ana, que es de Gijón, desembarcó ayer en A Toxa y se quedó pasmada con la capilla en honor a San Caralampio. Mientras tocaba las paredes, iba leyendo los nombres escritos en ella. «En mi tierra hay una capilla en la que la gente deja cosas personales para pedir favores a la virgen... Esto son como favores que se le piden al santo, ¿no?». Pues no. Lo de pintar las conchas no es más que una moda que se ha extendido entre los turistas, muy a pesar de la Iglesia y de los propietarios de este pequeño templo, adscrito a los dominios del Gran Hotel. De hecho, un cartel colocado junto a la puerta de la capilla conmina a los visitantes a no sacar bolígrafo o rotulador para dejar su firma estampada en la pared. «No es una tradición», reza la advertencia.

Pero hay mucha gente que no atiende a ese requerimiento. De ello puede dar testimonio Rosita, que lleva cinco años atendiendo la sacristía de la capilla. «Les ponen su nombre y hay quien luego las arranca para llevárselas de recuerdo. Y da igual que les llames la atención», señala esta voluntaria de Cáritas. Asegura que quienes desenfundan bolígrafo o rotulador son «gente de todas las edades, pero si me apuras te diría que son más gente mayor que chavales».

Rosita ha tenido que pasar algún que otro mal trago por culpa de esa moda de las conchas pintadas. «Una vez una señora estaba intentando arrancar una y le dije que no podía hacerlo. Sin ningún reparo le dijo al hijo: ?Vámonos, que por la noche venimos con un punzón y la quitamos mejor?», relata esta mujer.

Ayer, las pintadas provocaron un pequeño altercado a la puerta de la capilla. Un joven se disponía a escribir su nombre en una de las conchas que recubren la fachada y otro turista le reprochó lo que iba a hacer, señalándole que no estaba permitido. El asunto acabó provocando unas voces más altas que otras y una algarabía que llamó la atención de todos los que a esas horas paseaban por los jardines de A Toxa. Rosita oyó los gritos desde el interior de la capilla. Allí también tiene sus más y sus menos con los visitantes. «Hay demasiada gente que no tiene el más mínimo respeto por nada. Está prohibido hacer fotos, y hacen fotos. Pisan los bancos donde la gente se pone de rodillas y, en general, son bastante descuidados».

Afortunadamente, los visitantes que sienten respeto por el patrimonio con el que se encuentran son más que los que no lo hacen. Por eso, muchos de los turistas que se percatan de las pintadas fruncen el ceño. Aunque la gran mayoría ni se percatan de las ellas. Es parte del milagro de San Caralampio.

Dos hombres se enzarzaron ayer en una discusión al intentar uno firmar en la ermita


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