La Voz de Galicia

Colono

Arousa

Xurxo Melchor

31 Jul 2010. Actualizado a las 02:00 h.

Me dicen mucho que destilo tristeza y melancolía. Cuando menos, que soy serio. En mi opinión, yo lo que tengo es el síndrome del colono. Del que vive siempre con un cierto desarraigo. Por haches o por bes. Nos pasa esto a los que no tenemos lo que yo llamo la madriguera. Que no es otra cosa que la casa de mamá, con su comida de verdad y tu cuarto de cuando eras pequeño para echarte la siesta. También son madriguera los bares de adolescencia y los amigos de siempre. El Güero, Quique, el Po, el Rana, el Antosca, el Bri, Pablo, Estanis, Pedro, el Coco, Jacobo o el Barrasa. Cómo les echo de menos. Estar lejos de la familia y de la pandilla de siempre es un hándicap brutal a la hora de encontrar tu lugar en el mundo. Llegas a pensar que tu sitio te lo ha cogido otro, como si del juego de las sillas musicales se tratase. Sí, me siento un colono. Con las raíces a cientos y cientos de kilómetros. Con los recuerdos en un lugar que cada vez es más difuso. El colono vive lejos de su pasado, sin visualizar su futuro y en un presente incierto. Nada acaba de estar mal, pero es difícil estar bien del todo. El colono no vive, sobrevive. Encuentra cuando no busca y busca cuando no encuentra. Ni viene ni va. Vive yéndose. Y soñando con muros propios y raíces en los pies.


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