Una máquina Refrey comprada a plazos fue el germen de Creaciones Dopazo, una pequeña empresa familiar dedicada a confeccionar ropa infantil
04 Oct 2009. Actualizado a las 02:00 h.
Cuando hace cuarenta años Dolores Dopazo tomó la decisión de comprar a plazos una máquina Refrey no se podía imaginar la trascendencia que esa apuesta iba a tener, no solo para ella, sino para toda su familia. Ese aparato, adquirido por 7.000 pesetas en Radio Pontevedra, iba a poner la semilla de lo que todavía hoy es Creaciones Dopazo, una empresa en la que trabajan actualmente nada menos que nueve miembros de la familia.
Con aquella máquina, y sin conocimientos de costura, Dolores comenzó confeccionando calcetines y bragas. Entonces eran otros tiempos y todo el proceso era manual. A veces había que trabajar día y noche para poder ganarse la vida. Pero Dolores no estaba sola. Contaba con el apoyo de su madre, que calentaba el agua para templar los pies mientras ella tejía.
Pronto se incorporó al trabajo su hermana Olga, que después, y hasta hoy, se convertiría en la cara visible de la empresa, al regentar la tienda que primero abrió en la avenida de A Mariña, con lanas, después se trasladó a Galerías Troche y, desde el mes de febrero del 89, vende en la calle Valentín Viqueira toda clase de prendas para bebé.
Poco a poco, la empresa fue evolucionando y ganando nuevos mercados. «La primera vez que fuimos a vender a Pontevedra era San Sebastián, festivo local, y tuvimos que dar vuelta con la maleta de calcetines. Vinimos desilusionadas», cuenta Olga. Sin embargo, la suerte se enderezó y quiso que vendiesen la mercancía en Vilagarcía. Nada menos que 60 docenas de calcetín y media corta para Bambi. Dolores y Olga apenas podían creer ese primer pedido fuerte. Después siguieron otros, para la tienda de María Broucos en la calle Huérfanas de Santiago, y poco a poco fueron ganando clientela.
El siguiente paso fue hacerse con un representante. Y, para ello, ¿quién mejor que alguien de la familia? El marido de Dolores, Agustín Paulos, se ocupó de ese trabajo y, con los años, sus hijos Agustín y Jose continuarían la tradición.