La Voz de Galicia

Una lección práctica de marisqueo

Arousa

Jesús Hierro

Madrugamos para recorrer junto a las mariscadoras los «Lombos do Ulla» en una ruta organizada por Turismo Mariñeiro en la que colabora el concello de Vilagarcía

06 Aug 2009. Actualizado a las 02:00 h.

No hay horarios en esta profesión. En la del marisqueo me refiero. O mejor dicho, sí los hay, pero son las mareas quienes marcan los tiempos, y a su voluntad debe ceñirse el trabajo de las mariscadoras. En esta ocasión tocaba salir por la fresca, y poco después de las ocho de la mañana ya estábamos poniéndonos las botas -en sentido literal, no me malinterpreten- en la playa fluvial de Bamio.

Desde el pequeño arenal partiría la excursión para recorrer, a pie, por supuesto, parte de la desembocadura de las aguas del río Ulla en la ría de Arousa, concretamente los «Lombos do Ulla de Carril». La expedición estaba compuesta por cinco excursionistas, guiados y aleccionados por dos mariscadoras profesionales, Carmen Negro y Carmen Abelleira, pertrechadas con las dos únicas, aunque imprescindibles herramientas que utilizan: el raño, más conocido en la zona como rastro, y el capacho.

Ya con las «calzas» puestas, el chaleco perfectamente abrochado -más vale prevenir-, el capacho en la mano, y el rastro en el hombro, descendimos la rampa para sumergirnos hasta la cintura, y emprender la marcha metiendo los pies en esas frías aguas, medio dulces, medio saladas, y que son el caldo de cultivo imprescindible, y el mejor aderezo posible de los berberechos, pero sobre todo de las almejas que se recolectan en este margen de la ría de Arousa.

Más de tres cuartos de hora tardamos, a un paso muy tranquilo, en llegar al «lombo» de destino, muy próximo ya a la isla de Cortegada. Un paseo largo, que sin embargo resultó muy ameno, pudiendo disfrutar de las anécdotas que las dos mariscadoras contaban sobre su trabajo diario.

De la teoría a la práctica

Había llegado el momento decisivo, el de clavar y tirar del rastro. Primero fueron ellas, las mariscadoras, quienes nos mostraron cómo hacerlo. Por fin llegó nuestro turno. Parecía más fácil. El raño debe clavarse a bastante profundidad. Los berberechos se localizan cerca de la superficie, pero las almejas están más sumergidas, lo que requiere un mayor esfuerzo. Los berberechos predominaron en nuestra pequeña recolección, sin embargo no fueron pocas las almejas que extrajimos del cesto del raño. La muestra sirvió para aprender a identificar las variedades de almeja. Aprendimos que la japónica se diferencia de la fina fundamentalmente por los surcos de su concha. Es más barata y crece más rápido que la fina por lo que cada vez llega en mayor cantidad al mercado. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, no encontramos ni rastro de la almeja babosa, la más delicada, autóctona de Carril, pero también, sin duda la más sabrosa. Una vez adquiridos estos conocimientos básicos sobre moluscos, emprendimos el camino de regreso. Esta vez con la corriente en contra y la marea todavía bajando, cruzamos dos canales en los que sorprende la gran fuerza que produce esa corriente de agua, para finalmente llegar al punto de partida entorno a las once de la mañana.

Sin duda, se trata de una experiencia única, para que tanto vecinos como visitantes conozcan, comprendan, y aprecien un poco más el trabajo que realizan estas profesionales del marisqueo a pie, que tantas veces es criticado.


Comentar