La Voz de Galicia

San Roque aplacó los malos humos

Arousa

Susana Luaña vilagarcía

La lluvia y el humor de los participantes suplió la ausencia de los camiones de bomberos La fiesta volvió a sus orígenes y los cubos y las mangueras recuperaron protagonismo

16 Aug 2006. Actualizado a las 07:00 h.

Fue, a todas luces, una edición diferente. Por muchos aspectos. Porque había un mensaje contra el fuego que los participantes secundaron a rajatabla tanto en sus consignas como en los lemas de las camisetas, que repetían la frase Contra o lume, auga ; porque no había camiones de bomberos que regasen a los sedientos festeiros ; porque la esperada lluvia fue la protagonista de la jornada -debió de ser el primer año en el que los chubascos no aguaron los ánimos- y porque el mal tiempo redujo notablemente la participación. Todo ello consiguió que la Festa da Auga recuperase sus orígenes, que fueran sobre todo los vilagarcianos los que la disfrutasen y que el buen humor sustituyese a los excesos que en las últimas ediciones empañaron de alguna manera los festejos de San Roque. Ante la ausencia de bomberos, los cubos de agua recuperaron el protagonismo, y tal y como pedía la organización, la imaginación suplió la ausencia de los chorros de los camiones que dejaron otros años húmedas estampas. Se dejaron ver artilugios de todo tipo para mojar con el líquido elemento, desde los tradicionales calderos y los manguerazos desde los balcones a las jeringuillas, las pistolas de agua, los frascos de perfume o las sulfatadoras. Todo lo que mojase. De alguna manera las motobombas también estuvieron presentes. Fue la imaginación de los organizadores la que consiguió el milagro. Un automóvil de fabricación casera imitaba a los coches de los bomberos cargado con recipientes llenos de agua que se iba arrojando a los presentes. Y hasta hubo un doble de San Roque que se paseó por la zona húmeda subido a un carro tirado por un cubo de basura. Plastificado Quizás porque la ausencia de aglomeraciones lo permitió, la imagen de San Roque llegó puntual a su capilla, ante de las doce, incluso. Subió pertrechado con un plástico que a modo de chubasquero lo protegía de las descargas de las nubes, que no respetaron ni horario ni zonas húmedas. Es cierto que no llovió mientras se leyó el pregón, que fue más un manifiesto y un reconocimiento a todas las personas que participaron en la extinción del fuego, pero en cuanto se abrió la veda, a la vez que empezaron a mojar los cubos de agua volvió una persistente llovizna a acompañar la fiesta. Hasta la capilla de San Roque se desplazaron pocos -el mal tiempo retiró temprano a muchos de los que disfrutaron de la juerga toda la noche-, pero estaban muchas caras conocidas y la mayoría de los vilagarcianos fieles a la fiesta desde sus orígenes. Luego todos bajaron a la zona más húmeda, mojados ya por los generosos vecinos que arrojaban agua desde los balcones. En la Baldosa y en la plaza de Galicia se notó la ausencia de los camiones de bomberos y los huecos que dejaron los que este año se acobardaron por el mal tiempo. A partir de esa hora la Festa da Auga discurrió ya por sus cauces habituales; camisetas mojadas, piruetas para perseguir al líquido elemento o para evitarlo, persecuciones a los que se atrevían a llegar secos y mucho riego, por dentro y por fuera, que la de San Roque debe de ser la única fiesta en la que el agua hace buenas migas con todo tipo de combinados y sustancias etílicas.


Comentar