La Voz de Galicia

El derecho a la pereza

Arousa

BEA COSTA

AREOSO | O |

09 Jan 2006. Actualizado a las 06:00 h.

ENTRE los regalos que este año me han dejado bajo el árbol los Reyes Magos estaba el libro O dereito á preguiza , de Paul Lafargue. No fue casualidad. Sus Majestades son muy listas y saben de las debilidades del personal. No sé si debilidad o virtud -eso daría para un tratado- el caso es que una defiende y practica la pereza siempre que puede. Ya saben, el gusto de no hacer nada hasta el punto de quedarse quieta mirando llover, el mar, el paisaje u horizontes menos líricos como la pared que queda justo enfrente al sofá. El problema es que la para muchos denostada pereza, que ya en la catequesis nos decían que era un pecado y nada menos que de los capitales, se ha convertido en un lujo. Por que ¿a ver quién se puede permitir un modus vivendi al estilo Onetti? Pues volviendo a Lafargue, lo que defendía en su pequeño libro -tampoco era cosa de trabajar demasiado, ni siquiera escribiendo- era una jornada laboral de tres horas. Lo hacía en el contexto de la revolución de 1848, en un momento en que la clase obrera sufría unas condiciones infrahumanas y en contraposición a las tesis que defendía su suegro Karl Marx. El derecho a la pereza describe el trabajo como una maldición que impide al hombre realizarse y gozar de la vida. ¿Utópico, idílico? Sí, sobre todo porque Lafargue aspira al modelo grecorromano, una sociedad dedicada al arte y al pensamiento mientras los esclavos se encargaban del resto. En fin, que como empiece a buscarle tres pies al gato seguro que hasta le encuentro peros al librito en cuestión. Pero no renuncio a mis principios: a falta de libertad para disponer de nuestro tiempo, dediquemos el poco tiempo que nos dejan a holgazanear. Que la jubilación aún tarda, si llega.


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