La Voz de Galicia

Opiniones para todos los gustos

Arousa

María Hermida

Como en botica, en la plaza vilagarciana hay variedad. Desde sardinas a percebes, pollo y verduras. Al igual que opiniones a favor del ascensor, en contra o simplemente indiferentes

22 Jul 2004. Actualizado a las 07:00 h.

Las sardinas y pulpos de David Madriñán son unos de los privilegiados de la plaza. Nada más pasar la puerta, uno se topa de frente con las viandas. Nadie se las lleva a casa. Lo mismo le ocurre a la mayoría de verduras, carnes y pescados que ofrece el mercado de abastos de Vilagarcía. No hay clientes, ni ganas de vociferar que la sardina está a tres euros: la falta de ventas convierte al mercado en una casa de lamentaciones. El reloj da las doce del mediodía, la hora del carrito de la compra y las amas de casa ahorrativas, pero hasta la plaza vilagarciana sólo se acercan cuatro turistas despistados con chanclas de Nike y bermudas que regatean hasta el último céntimo del percebe. La obras para la construcción de un ascensor que va a acometer el Concello no hacen más que destapar la caja de truenos de los placeros. Hay opiniones de toda clase y condición. «Me parece una tontería el ascensor. Que arreglen otras cosas, que las instalaciones son tercermundistas en todo el recinto», dice David Madriñán, que charla tranquilamente ante una mañana de escaso trajín. Uno sube las escaleras (sin llegar a la planta más alta) y se encuentra a dos simpáticos carniceros que peinan canas. La titular del negocio es Carmiña, que lleva 45 años tras el mostrador. «No recuerdo ninguna época tan mala como ésta. Lo del ascensor me parece bien, aunque está claro que el alcalde no hace nada por la plaza», se lamenta Carmiña. Su compañero de detrás del mostrador saca un chiste y exclama: «Lo del ascensor, mujer, es como si tomas las pastillas anticonceptivas cuando ya hay embarazo». El elevador es lo de menos. La falta de clientela copa las conversaciones. Da la una y lo único que se oye son los pitidos del atasco callejero. «No volví a vender una merluza grande. Las clientas no se las pueden llevar hasta sus coches, con lo lejos que aparcan», dice Elena Canto desde su puesto de pescado.


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