La fiesta de la memoria
Arousa
El palomar No será fácil que se repita algo así. El rotundo éxito de la comida solidaria con las víctimas del franquismo arroja la primera luz sobre un pasado sepultado
07 Feb 2004. Actualizado a las 06:00 h.
La nómina de asistentes al emotivo xantar celebrado ayer en el churrasco de Rubiáns bastaría para completar estas líneas sin mayor comentario. A riesgo de olvidar a alguien, convendría citar al ex rector compostelano y cabeza visible de la Universidad Menéndez Pelayo, Ramón Villares, al catedrático Xusto Beramendi, a los historiadores Marcelino Abuin y Dioniso Pereira o al decano del Colexio de Xornalistas de Galicia, Xosé María Palmeiro, entre quienes respaldaron la reivindicación de las mujeres y los hombres que, hace ya casi setenta años, perdieron su vida por sus ideas ante la brutalidad ciega de la violencia franquista. Los verdaderos protagonistas del banquete reposan, por desgracia, varios metros bajo tierra desde hace mucho tiempo. El acto de Rubiáns sirvió para arrojar una primera luz, una primera voz, sobre años de oscuridad y silencio. Junto a ellos, quienes más padecieron las consecuencias de la persecución. Rosina Villaverde, por ejemplo. Pero también Rosalía González, hija y prima de fusilados, que viajó desde Barcelona esta semana para asistir a los prolegómenos del homenaje. Y tantos y tantos vilagarcianos, tantos arousanos, tantos gallegos que vivieron en sus propias carnes y en las de los suyos la feroz represión. La voluntad convirtió la tragedia pasada en celebración, en un soplo de aire fresco que pudo alejar las negras nubes de la historia reciente. Será difícil repetir el momento, porque allí compartieron mesa, mantel y bandera republicana las principales fuerzas progresistas del país. PSOE, BNG, Esquerda Unida y las centrales sindicales confirmaron su respaldo a la iniciativa con una presencia activa y numerosa. El de ayer fue, en definitiva, un primer paso. Un cocido de hermanamiento y recaudación de fondos para el verdadero objetivo: la restitución simbólica de aquellas vidas truncadas, a través de la escultura Rosas rotas , de Chazo.