Las mujeres y la canasta
Arousa
El Extrugasa Cocinas Carballo jugó ayer su segundo partido amistoso en Fontecarmoa, con poco público y con la presentación de Desiree Glaubitz
25 Sep 2002. Actualizado a las 07:00 h.
Canastas de mujer En las viejas películas inglesas la canasta no era un deporte, aunque era un juego de mujeres. En Vilagarcía, aunque ingleses, no tenemos esa perspectiva, la canasta es un deporte de mujer, aunque el público no acuda a verlo en masa como sería de esperar. El Extrugasa Cocinas Carballo jugó su segundo amistoso en Fontecarmoa. Entre el público sin novedad. Los aficionados al deporte, creo, no se toman muy en serio lo del baloncesto femenino, aunque me da la impresión de que ya va siendo hora de que cambien las tornas. Muchas mujeres no había en la grada. Presentación de Desiree Glaubitz La novedad del partido fue la presentación de Desiree Glaubitz, australiana ella, que llega al equipo para reforzar la línea trasera del equipo, para coger más rebotes y para meter más puntos. En fin, lo que busca todo el mundo. Pues ayer jugó para ir conociendo el equipo y para acostumbrarse a la competición. La australiana se incorporó tarde porque, es de suponer, su país queda lejos de la ría de Arousa. Los que saben de baloncesto femenino dicen que será un refuerzo de calidad. Cambio de red Un asuntillo sin importancia que llamó la atención en los prolegómenos del partido amistoso, fue que la red de una de las canastas permaneciera rota desde el último partido que jugó el Cefrico. No será cuestión de tomarse muy en serio una red rota, pero tompoco es como para dejarlo pasar de una semana para otra. Tengo que suponer que se compran en cualquier tienda deportiva y, de non ser así, pues se le hace un apañito con primor. En busca del espectador El otro asunto del basket es conseguir espectadores. El problema es que en el inicio de la temporada todo el mundo se muestra dispuesto a ir, pero luego la intención languidece y el pabellón va notando las ausencias. En el caso del baloncesto femenino, las mujeres bien podríamos dar ejemplo. Pero algo me dice que incluso en estos casos, preferimos el masculino. No queda solidaridad.