Ernest Scribbler
Andar miudiño
02 Oct 2021. Actualizado a las 23:52 h.
Diez de cada diez entrenadores, en las ruedas de prensa previas a los partidos, hacen hincapié en la importancia de no perder balones, defender bien las situaciones de uno contra uno y ganar la batalla del rebote. Nueve de cada diez, en las ruedas de prensa post partido, solo se acuerdan del nivel de acierto. Esto ha sido siempre así y no cambió aunque ahora sea distinto. Hasta hace un par de temporadas, si tu presupuesto no te permitía comprar talento, competías desde la defensa, tratando de encajar un punto menos que el rival. Entonces llegó Fran Camba, el analista en la sombra, y dijo que el uso del tiro de tres puntos exigía preocuparte más de meter mejor que no de defender más. ¿Os acordáis de aquel mantra de que ganábamos encajando menos de 70 puntos? Pues el viernes pasado se ganó al Joventut 93-91. Esta mañana, dándole vueltas al tema, decidí titular este artículo Tom Doniphon. Pero Fuenlabrada demostró en las tres jornadas disputadas que ve aro con facilidad y la baja de Ellenson no hizo más que acrecentar mi preocupación. ¿Jugaríamos, aun así, a buscar el mejor ataque del mundo? Decidí cambiar el título.
Fuenlabrada inició el partido buscando penetraciones de sus exteriores, de hecho, fue a lo único que jugaron hasta mediado el segundo cuarto, cuando lo intentaron, también con escaso éxito, desde el triple. El Obra rozaba la perfección en defensa y en ataque con unos excelsos Scrubb, Robertson y Birutis sin mascarilla. La ventaja rozaba los 30 puntos cuando llegaron seguidas la tercera falta de Birutis y la quinta de Okouo. Fuenlabrada, entre la zona y numerosas faltas, cortó el ritmo del Obradoiro y, con un inspiradísimo Emegano, fue rebajando la diferencia sin llegar a amenazar la victoria santiaguesa, pero sí obligándonos a mirar de reojo el reloj. Y, como contra la Penya, se ganó anotando 93 puntos.
Tenía razón pero estaba equivocado. Eso sí, el título no lo vuelvo a cambiar.