La Voz de Galicia

Francisco Santiago, un viveirense ejemplar

A Mariña

JAVIER HOLGUÍN ÁLVAREZ
Francisco Santiago era propietario fundador de Alco.

28 Dec 2013. Actualizado a las 19:17 h.

El pasado día 23 fallecía Pacucho Santiago, con quién me unían estrechos lazos; era mi suegro y conviví con él cuarenta años de vida familiar, y cerca de veinte como colaborador directo suyo en sus empresas, de ahí que mi objetividad inevitablemente estará condicionada.

Soy poco amigo de los convencionalismos, por ello en la hora del tránsito de una persona procuro huir de las clásicas alabanzas, tantas veces manifestadas sin demasiado fundamento, que parecen buscarse más a uno mismo que realmente rendir tributo al fallecido.

Pacucho fue un hombre ejemplar en muchas facetas. Su rectitud, tenacidad, y capacidad de esfuerzo, fueron los cimientos sobre los que construyó lo que realmente era su vida: su familia, y sus empresas. Habrá, como en todo recorrido humano luces y sombras, pero sí que cabe destacar en esta hora su espíritu emprendedor.

Miembro de una saga empresarial nacida hace más de cien años, muy conocida en la comarca, fue el verdadero impulsor de un grupo empresarial de ámbito nacional que paseó el nombre de Vivero por toda España. Pese a que por la propia evolución de la actividad se hubiera hecho necesario desplazar la sede empresarial a un punto de la geografía estratégicamente más aconsejable, siempre quiso mantener en Vivero el centro de operaciones de sus Empresas, y también mantener aquí su residencia. Por ello, cabe decir que ha sido un vivariense ejemplar.

Hombre de fuertes convicciones, y personalidad relevante, siempre huyó de los focos, y de los favores. Su rectitud y sentido de la justicia acompañaron todas sus decisiones, algunas quizás incomprendidas que me consta sufrió de verdad y en silencio.

Deja una familia que le recordará por su entrega, generosidad y cercanía hacia a los suyos, y un grupo empresarial dirigido por la cuarta y la quinta generación, guiados por el mismo espíritu, que él supo inculcarles.

Hasta siempre, Pacucho.


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