La Voz de Galicia

...Y no morir en el intento

A Mariña

Ana Balseiro vegadeo

Crónica | El Occidente celebra el Día de la Mujer Trabajadora Deportistas asturianas abrieron ayer en Vegadeo y Trevías, con sendas charlas sobre cómo se vive el deporte en femenino, los actos para conmemorar el 8 de marzo

08 Mar 2004. Actualizado a las 06:00 h.

¿Cómo ser mujer y no morir en el intento? Ese parece ser interrogante al que ayer se le empezó a dar respuesta desde los múltiples actos que se celebraron en la comarca para conmemorar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, y que continuarán en los próximos días promovidos por Ayuntamientos y colectivos femeninos. Con la escalofriante cifra de once mujeres asesinadas en lo que va de año, este 8 de marzo no se centró únicamente en denunciar la discriminación que la mujer vive en el terreno laboral, con mayor tasa de desempleo y menores sueldos que los hombres, sino que también sirvió para llamar nuevamente la atención sobre la dramática situación de desigualdad vital que sufren las mujeres y que llega a su paroxismo en los casos de violencia de género. El pasado viernes el Principado presentó la memoria de la red de casas de acogida de 2003, una de las cuales, bajo la figura de piso tutelado, se encuentra en Valdés, además de presentar un folleto informativo sobre la orden de protección. Y frente a la cruz de las cifras de la violencia contra las mujeres, ayer en Trevías y Vegadeo, las deportistas asturianas Ana Amelia Menéndez y Rosa Fernández ofrecieron la cara de la moneda en un ciclo de charlas que, organizadas por el Instituto Asturiano de la Mujer, trata de acercar a los escolares el binomio no siempre sencillo de mujer y deporte. La montañera Rosa Fernández explicó su experiencia al tratar de llegar en solitario y sin oxígeno a la cumbre del Everest la pasada primavera. Ella fue la primera asturiana en ascender a un 8.000, y la primera mujer en cubrir en bicicleta los más de mil kilómetros que separan Lhasa de Katmandú y el campamento base para ascender al Everest, de cuya cima sólo la separaron 300 metros. Y su historia fue sólo un ejemplo más con el que ilustrar un 8 de marzo de lucha por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en todos los terrenos de la vida, sin excepción.


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