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La ciencia del sexo ¿Deberían los médicos recetar vibradores? El debate científico sobre la masturbación femenina

Vibradores, succionadores y juguetes sexuales de todo tipo y color se han popularizado para dar visibilidad a un tema tabú hasta hace poco: la masturbación femenina. Ahora, un libro se atreve a plantear si no deberían, incluso, ser recetados por los médicos. Al fin y al cabo, fueron los médicos los que los inventaron...

Por Patricia Lizeviche

Jueves, 30 de Noviembre 2023, 14:39h

Tiempo de lectura: 5 min

A finales de 2019 se lanzó al mercado un nuevo juguete sexual para mujeres llamado Satisfyer que vino a convertirse en un fenómeno social, respaldado por el auge del movimiento feminista y, poco después, estimulado por el forzoso confinamiento de la pandemia. Un tercio de las españolas utiliza estos succionadores de clítoris para alcanzar el orgasmo, según un estudio de Academia Diversual. Y, a nivel mundial, una encuesta del Instituto Kinsley concluyó que el 52,5 por ciento de las mujeres entre 18 y 60 años los utiliza con regularidad. Pero más que para proporcionar placer íntimo, para lo que sirvió sobre todo el Satisfyer es para que se hablase de la masturbación femenina, un tema que seguía –¿sigue?– siendo tabú.



El Satisfyer se convirtió, de entrada, en una bandera de la revolución sexual con un mensaje claro: yo me apaño sola. Los juguetes podían ser tanto o más satisfactorios que los hombres. Pues bien, el bioquímico Pere Estupinyà en el libro La ciencia del sexo (Editorial Destino) cuestiona tal premisa. Un estudio reciente, cuenta, asegura que, para la mayoría de las mujeres, el juguete no es la panacea.

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La serie que sacó el conejo de la chistera... Sex and the City, estrenada en 1998, marcó un antes y después en la conversación sexual de las mujeres. Entre sus aportaciones, hablar y mostrar juguetes eróticos que hasta entonces se habían evitado en la pantalla.| D.R.

Al 60 por ciento de las encuestadas los orgasmos durante el coito les resultan más satisfactorios que la masturbación, el 25 por ciento depende de las circunstancias y al 7 por ciento igual de satisfactorio. Solo el 8 por ciento de las mujeres encuestadas prefieren la masturbación.

No es que Estupinyà cuestione esta práctica sexual. Al contrario. Reivindica su práctica incluso más allá del puro 'entretenimiento'.

Los juguetes sexuales, recuerda el científico, nacieron como herramienta médica para curar la histeria. «Desde una perspectiva extremadamente sexista, los médicos daban por hecho que las mujeres no se masturbaban y asumían que si estaban solteras, no podían descargar la tensión sexual y esta podría acumularse llegando a causar histeria». Esa fue la razón por la que empezaron a diseñar máquinas en forma de dildos para ‘curar’ a las mujeres a base de orgasmos.

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Consoladores con historia... e histeria. La película británica Hysteria, de 2011, cuenta cómo el doctor Joseph Mortimer Granville inventó el primer consolador eléctrico para tratar lo que se conocía como histeria femenina.

Ni siquiera la serie Sexo en Nueva York logró sacar el 'conejo' del armario. Cuando el personaje Charlotte de Sexo en Nueva York compró el rabbit –un vibrador que, además de estimular el clítoris con unas orejas de conejo, tiene un dildo con el que presiona el punto G con gran intensidad–, las mujeres seguían practicando la masturbación en silencio, como un secreto aparentemente inquebrantable. Pero lo innegable es que la serie contribuyó a la revolución de los juguetes sexuales de lujo. Ahora los hay de todo tipo de formas, tamaños, funciones, colores, texturas...

El uso excesivo del succionador de clítoris puede generar problemas para alcanzar el orgasmo por métodos 'humanos’

Y no es para menos. Como afirma Estupinyà: «La penetración y los vibradores no son excluyentes y pueden ser útiles para las mujeres que necesitan estimulación clitoriana para alcanzar el clímax». Según los expertos, añade, usar lubricantes y juguetes sexuales es uno de los recursos más sencillos que hay para mejorar la salud y el placer sexual. Los efectos son tan positivos que una revisión de estudios sobre el impacto de los vibradores en la función sexual publicada en 2022 en el Journal of Sexual Medicine fue titulada ¿Es hora de prescribir vibradores?, y en ella los autores instaban a los profesionales a recomendar vibradores a las mujeres con problemas de suelo pélvico, vulvodinia, dificultades para el orgasmo, o a cualquiera que quisiera mejorar su sexualidad.

Pero, ¿y si este succionador también tuviera ciertas sombras? Investigadores de la Universidad de Cantabria alertan del uso de este tipo de dispositivos sexuales porque puede tener un efecto contraproducente. Se basan en el hecho de que, en el último año, cientos de usuarias han acudido al médico por problemas para lograr el orgasmo sin el succionador.

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En busca del punto G. La serie Masters of Sex, de 2013, cuenta la historia del ginecólogo William Masters y la sexóloga Virginia Johnson, la pareja que más contribuyó a la investigación de la vida sexual en el siglo XX, con sorprendentes experimentos y datos científicos. Concluyeron que, en términos de placer femenino, la claves estaba en la estimulación del clítoris.

El motivo, según explican los expertos, sería la pérdida de sensibilidad que puede generar el uso abusivo de este juguete erótico; el aparato puede provocar una sobreestimulación clitoriana. Otro de los puntos que han contemplado los investigadores es la rapidez y poca duración del orgasmo. «Si conseguimos un orgasmo muy rápido, al final no es bueno para el cuerpo», explica Concepción Pérez, fisioterapeuta del Centro de Salud Dobra de Torrelavega.

Además, la dependencia con este aparato sexual puede generar problemas para alcanzar el orgasmo por métodos ‘humanos’.

A los científicos, reconoce Estupinyà, todavía les cuesta encontrar el punto G. El debate sobre el orgasmo vaginal o clitoriano sigue abierto

Pero todo ello no parece que vaya a frenar el uso de los juguetes eróticos. Será cuestión de seguir investigando. Como reconoce Estupinyà en su libro, a los científicos todavía les cuesta encontrar el punto G. El debate sobre el orgasmo vaginal o clitoriano sigue produciendo innumerable literatura científica.

El punto G es, técnicamente, una zona en la pared vaginal más erógena que el resto. Hay quien todavía cree que es un mito, explica Estupinyà, pero, según una encuesta, en Estados Unidos el 84 por ciento de las mujeres dicen tener un área en la parte superior de la vagina cuyo contacto les genera más placer. Lo que sucede es que los científicos siguen sin encontrar una unidad anatómica diferenciadora, como una mayor concentración de terminaciones nerviosas, a la que se pueda atribuir esa mayor sensibilidad.

El escepticismo inicial a la existencia del punto G también se explica porque los investigadores Williams Masters y Virgina Johnson (a los que se dedicó la popular serie Masters of Sex), grandes impulsores del estudio de la sexualidad de la mujer, establecieron que todos los orgasmos femeninos requerían la estimulación del clítoris y que la vagina no era especialmente sensible.

En su momento, la teoría fue muy bien acogida por el feminismo. Pero a la ciencia siempre le ha extrañado la mala posición que ocupa el clítoris en los genitales femeninos. «Es un órgano diseñado exclusivamente para generar placer, pero no está dispuesto de la mejor manera para alcanzar el orgasmo con la penetración», afirma Estupinyà. Los biólogos evolucionistas interpretan esa singularidad alegando que, a diferencia de la eyaculación masculina, el orgasmo femenino no es evolutivamente necesario, incluso puede ser contraproducente si tras él se genera cierta saciedad. Es decir, que el placer de la mujer, para la supervivencia de la especie (léase para la procreación), es secundario. Otra cosa es para la supervivencia de la mujer, pero para eso ya está el Satisfyer...


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