A Nikolái Storonski no le gusta dar la nota. Especialmente en público, algo tan del gusto de tecnoligarcas como Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg ... o Pável Dúrov. De hecho, este ruso de 41 años, que renunció a la ciudadanía de su país al estallar la guerra de Ucrania, apenas aparece en los medios. Y cuando lo hace transmite frialdad y distancia emocional, como si siguiera absorbido por su trabajo, por su empresa, Revolut, fundada en Londres como start-up hace 11 años y valorada hoy en 64.000 millones de euros tras revolucionar el modo en que cada vez más personas de todo el mundo gastan y mueven su dinero.
Aunque lejos de las billonarias Apple, Alphabet, Amazon, Microsoft, Meta o las chinas Tencet y Alibaba, Revolut es el primer gigante tecnológico europeo comparable a los estadounidenses y chinos por su modelo (plataforma con múltiples servicios en una sola app), velocidad de crecimiento y ambición. Su aspiración, de hecho, no es equipararse a la banca tradicional, a la que ya ha 'robado' 70 millones de clientes (6,3 en España, su tercer mercado), sino ser la gran plataforma financiera global para los consumidores digitales.
Competitivo y reservado, de mentalidad analítica y tolerancia inusual al estrés. Así lo describen excompañeros de universidad y exempleados de Revolut. Comparado con Steve Jobs por su intolerancia a la mediocridad, su estilo de liderazgo y su obsesión con el producto, Storonski es, en realidad, mucho más frío y reservado que el original. Una imagen que no se esfuerza mucho por cambiar. Al contrario, la considera un peaje inevitable de su éxito: levantar una empresa como la suya, entiende, implica compromiso y sacrificio excepcionales. Una mentalidad que ya desde niño lo hizo brillar sobre los demás mientras crecía en el Moscú posterior a la caída de la URSS, donde el auge del capitalismo parecía invitarlo a crear algo propio en el futuro.
Campeón de natación y olímpico... en economía
Hijo de un físico e investigador del megacoloso energético ruso Gazprom, Medalla de la Orden al Mérito a la Patria, Nikolái Mironovich Storonski mostró siempre una inclinación obsesiva por los números y la lógica. En el instituto ganó dos veces –en tercero de ESO y en primero de Bachillerato– las Olimpiadas Internacionales de Economía, aunque acabó siguiendo los pasos de su padre al graduarse en el Instituto de Física y Tecnología de Moscú. Muestra de su capacidad y disciplina, además de sus sobresalientes calificaciones, fue en esos años campeón regional de natación. Culminados sus estudios con una maestría, añadió después otra en la influyente Nueva Escuela de Economía de Moscú.
Con semejante currículo, Lehman Brothers le echó enseguida el lazo y se mudó a Londres, donde se especializó en derivados y mercados de divisas y fichó más tarde por Credit Suisse, otro gigante de la banca de inversión.
Fue una experiencia que le permitió conocer los intestinos del sistema financiero. Le pareció una estructura lenta, costosa, llena de fricciones y creada para beneficiar más a las empresas que a los usuarios.
Hijo de un físico ruso, desde niño mostró una inclinación obsesiva por los números y la lógica. Y, siendo joven, una profunda irritación por las comisiones al pagar con su tarjeta
Tras obtener la ciudadanía británica en 2013, abandonó todo aquello para perseguir un viejo sueño surgido en sus viajes juveniles por Europa y Estados Unidos, donde le irritaba el cobro de una barbaridad en comisiones al pagar con su tarjeta. Dos años después lanzó Revolut junto con un ingeniero ucraniano, harto también de la banca de inversión, llamado
Vlad Yatsenko, cuyo patrimonio hoy, estima Forbes, ronda los 2200 millones de dólares (en 18.800 millones el de Storonski).
Lo primero que crearon fue algo sencillo: una tarjeta prepago multidivisa vinculada a una app con la que cambiar moneda cargando el coste mínimo del 1 por ciento que el banco del vendedor paga al emisor de la tarjeta. Sin comisiones ni burocracia visible, mover dinero entre países nunca había sido tan fácil.
Revolut arrasó con estos mimbres entre profesionales jóvenes, trabajadores en remoto, estudiantes de Erasmus y viajeros hartos de los bancos que lo impulsaron como una herramienta para 'hackear' las comisiones bancarias. Pronto, sin embargo, se convertiría en algo mucho más ambicioso.
El modelo Amazon aplicado a la banca
La hiperactiva mente analítica de su creador comprendió rápido una de las grandes claves del negocio tecnológico: si controlas la interfaz principal del usuario eres el rey. Amazon, que empezó vendiendo libros y hoy domina la infraestructura del comercio digital, es el paradigma. Del mismo modo, Revolut sería una interfaz global que permitiera movimientos financieros de todo tipo: inversiones, préstamos personales, crédito al consumo, seguros de viaje, compraventa de criptomonedas, trading de acciones, cuentas multidivisa, pagos instantáneos, herramientas para empresas... Más que en un banco, se convirtió en una superapp al estilo de las chinas WeChat o Alipay, admiradas por Storonski, que combinan múltiples servicios en una sola plataforma. Y lo hizo, además, a velocidad de vértigo. Incluso para los estándares del sector.
En dos años pasó de start-up prometedora a 'unicornio', y en 2021 ya era una de las fintechs más valiosas del mundo y la mayor de Europa. De seguir así, los inversores más optimistas creen que para 2028 su valor alcanzará los 200.000 millones, cerca de un gigante como el HSBC, segundo banco europeo.
La rapidez, de hecho, es un dogma para Storonski, que exige a sus empleados ejecución inmediata y mejora constante. Prefiere lanzar algo imperfecto y desarrollarlo 'en vivo' que esperar meses a la versión ideal. La fórmula funciona, pero a costa de un enorme desgaste laboral. Jornadas interminables y una atmósfera opresiva marcada por el rendimiento individual; así han descrito su experiencia antiguos empleados de Revolut. También se habla de jefes agresivos y objetivos imposibles.
Farshad Nowshadi, banquero inglés que ayudó a Storonski en sus inicios, habla con The Sunday Times sobre aquellos años. «Siempre parecía tan concentrado... ¡Daba un poco de miedo! Me impresionaron su aguda comprensión de un problema real, que los bancos estafan a los viajeros con el cambio de divisas; su credibilidad; y que estaba dispuesto a invertir su propio dinero».
Invirtió, de hecho, más de 400.000 euros, aunque pronto añadió dos millones más de Balderton y más de otras empresas de capital riesgo como Index Ventures. Martin Mignot, ejecutivo de esta última, lo describe así: «Tiene una intensidad magnética». Mignot recuerda el día en que les ofreció Revolut: «No era un vendedor, pero tenía una visión clara de lo que quería construir y la ambición de crear un banco más grande que JPMorganChase (el mayor del mundo). Me dedico a apoyar ideas descabelladas, pero incluso a mí me parecía tremendamente arriesgada. Sin embargo, apostamos por ella».
Un jefe de una exigencia enfermiza
A medida que Revolut crecía y Storonski exigía el desarrollo y entrega de servicios a un ritmo vertiginoso, muchos empleados empezaron a renunciar. «Para Nik, si no trabajabas más de 70 horas semanales, no eras un jugador de Primera –revela un ejecutivo que duró seis meses–. Me llamaba los fines de semana: '¿Estás trabajando? En Revolut trabajamos los fines de semana'. Era sistemático».
«Para él, si no trabajas 70 horas semanales, no eres un jugador de primera», dice un ejecutivo que duró seis meses en Revolut. Aun así reciben 1,7 millones de solicitudes de empleo al año
Nada que impidiera a la empresa recibir 1,7 millones de solicitudes de empleo el año pasado. Una de las claves de esta demanda es su fuerte espíritu emprendedor, ya que se anima a los empleados a proponer productos que, si gustan al jefe, se les asignará un presupuesto y un pequeño equipo para probarlas. En Revolut siempre hay una media de 20 proyectos de este tipo en marcha.
Storonski posee una cuarta parte de la compañía y aún vive en Londres, donde compró en 2019 una mansión de 21,7 millones de euros. Viaja mucho a Emiratos Árabes Unidos, país en el que tiene ahora su residencia fiscal, y a Barcelona, ciudad a la que Revolut trasladó en 2024 su centro tecnológico y de innovación. Dos años antes, además, creó Utopia Design, una red de propiedades de lujo para fans del kitesurf (su deporte favorito) en España, Brasil y República Dominicana.
Para desconectar, Storonski va al gimnasio casi todas las mañanas y, siempre que puede, practica kitesurf con su esposa, Elena, madre de sus cuatro hijos y una especie de alma libre en su vida. Sus publicaciones en redes sociales muestran a la pareja practicando kitesurf en exóticos parajes playeros, imagen que aporta un aura más humana y relajada a este ruso capaz de desafiar a dos de los grandes poderes del mundo: la gran banca y los tecnoligarcas de Sili-con Valley y China.
3 cosas que siempre quisiste saber de Revolut (y otros neobancos)...
¿SE RIGEN POR LAS MISMAS NORMAS QUE LOS BANCOS TRADICIONALES?
Los llamados 'neobancos' están sujetos a los mismos controles. Aunque comenzaron como entidades de dinero electrónico (EMI) o fintechs con licencia de pagos, cuyos depósitos no están cubiertos por los mismos fondos de garantía que en los bancos, muchos operan ya con licencia bancaria completa. Revolut opera así en el Reino Unido y en varios países europeos (España incluida) gracias a una licencia bancaria obtenida en Lituania.
¿ESTÁN ESPECIALMENTE VINCULADOS A LAS CRIPTOMONEDAS?
No todos ofrecen operaciones con criptomoneda, pero para muchos neobancos fue una de las estrategias para despegar. Mientras la banca tradicional rechazaba o bloqueaba estas transacciones, ellos integraron en sus apps la compra y venta de activos digitales (con más restricciones que en una plataforma Exchange, las habituales para operar con moneda digital) y captaron así a millones de jóvenes.
¿PUEDO DOMICILIAR MI NÓMINA EN REVOLUT O PEDIR UNA HIPOTECA?
En España ya ofrece una cuenta nómina, pero solo concede préstamos personales y tarjetas de crédito. Aunque opera como banco de pleno derecho, de momento no cuenta en su catálogo con hipotecas ni planes de pensiones ni gestión de grandes pa-trimonios, productos que dan seguridad y estabilidad a las entidades al proporcionar depósitos recurrentes y de larga duración.