Volver
Sobrevivió a un ataque aéreo ruso

Raquel Peláez

Viernes, 09 de Febrero 2024, 10:31h

Tiempo de lectura: 3 min

Lleva vendas de compresión en la cara y en las manos porque el bombardeo que lo alcanzó en 2022 mientras esperaba para entrar en el médico con su madre le provocó quemaduras en casi la mitad del cuerpo. Ella murió allí mismo, en la ciudad ucraniana de Vinnytsia, durante uno de los ataques más mortíferos a los que se ha enfrentado el país desde el comienzo de la guerra. Y Roman sobrevivió. «La explosión arrojó su cuerpo, y eso terminó salvándolo», explicaba su padre, Yaroslav Oleksiv, en Current Time TV.

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Mirando al futuro. El baile es uno de los mayores incentivos de Roman en su proceso de rehabilitación.

La onda expansiva del misil también le rompió el brazo y la metralla se le quedó incrustada en la cabeza. Un equipo de emergencias encontró a Roman entre los escombros y el niño fue trasladado a la unidad de quemados de Leópolis. Llegó en estado crítico, pero, tras varias semanas de agonía, su cuerpo se estabilizó y decidieron evacuarlo a uno de los centros de traumatología por quemaduras más especializados del mundo en Dresde (Alemania). El niño soportó más de 30 operaciones –en su mayoría, injertos de piel– durante casi un año. Pero salió adelante.

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En tratamiento. Roman continúa viajando al hospital de Dresde para seguir con su rehabilitación. Mientras, lleva las vendas de compresión en varias partes del cuerpo.

Ahora, Roman y su padre han regresado a Leópolis, y el pequeño ha vuelto al colegio y a las clases de baile. Le pierden, sobre todo, el tango y el charlestón, pero también toca el acordeón. «Para lograrlo, debemos trabajar la movilidad de su mano para que pueda apretarla en un puño y presionar las teclas», asegura su fisioterapeuta Serhii Khuda. La máscara azul que cubre su rostro sirve para tratar las cicatrices porque, si no se reducen, el dolor será inevitable y la movilidad quedará reducida. Pero Roman no deja que eso le impida seguir los pasos de Volver, al ritmo que le marca Carlos Gardel.

Las huellas de la guerra

Los médicos del Centro Nacional Unbroken, el hospital al que fue trasladado Roman tras el ataque y que atiende a pacientes con quemaduras, explicaban que allí, como en el resto del país, no existen las condiciones ni cuentan con los equipos adecuados para pacientes con quemaduras de aquella dimensión.

Desde los primeros días de la invasión, este centro se ha convertido en uno de los principales refugios para los niños afectados por la guerra. El hospital ha acogido a más de 3.000 menores que huyen de los ataques, incluidos 250 con heridas por explosiones de minas y quemaduras de toda Ucrania.

Tal y como explican, casi todas las lesiones por explosión de minas van acompañadas de lesiones térmicas en los niños. Las quemaduras ocupan el segundo lugar entre las lesiones infantiles y se encuentran entre las más difíciles de tratar. Actualmente hay 16 unidades de quemados en Ucrania, pero no hay atención de calidad en ninguna parte.

En cuanto a cifras totales, la Fiscalía General de Ucrania asegura que hay más de 1600 niños heridos y más de 500 muertos desde el inicio de la invasión rusa. De acuerdo con los datos de la plataforma Children of War, actualmente hay 1779 niños que se consideran desaparecidos en el país.

Además, y según declaran desde Save the Children, «junto con la amenaza constante de muerte o lesiones, los niños y niñas en Ucrania experimentan una angustia psicológica significativa por las alertas de ataques aéreos, los ataques con misiles y los bombardeos que golpean el país todos los días».


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