La polémica del «palo que canta»

Vecinos del Castrillón manifiestan su descontento con la colocación de antenas de telefonía móvil en la zona No usan móvil y maldita la gracia que les hace el invento. Viven en el número 31 de la calle Fariña Ferreño. Justo enfrente de una de esas antenas de telefonía que tanto detestan. No les estropea la vista. Ni siquiera lamentan que la estructura de metal sea un atentado al buen gusto. El problema de Emilia, Celsa, Josefina y Dolores tiene que ver con la salud. Alguna habla de jaquecas. «Pita», aseguran. Los indios llamaron palos que cantan a los postes de telégrafo en la pradera. Hay cosas que no cambian con el tiempo.