Toni García, profe gallego entre los mejores del mundo: «No vale con que los docentes saquen una oposición y no vuelvan a evaluarse nunca»

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Uno de los docentes de referencia en España advierte de que PISA no fue una sorpresa para la mayoría de los profesores. Sobre los resultados gallegos, por encima de la media estatal, apunta: «La unión entre familia y escuela es una de las claves»

04 oct 2026 . Actualizado a las 08:58 h.

Toni García Arias (Cabanas, 1969) no se ha llevado las manos a la cabeza con los resultados del último informe PISA. El director del CEIP Joaquín Carrión Valverde de Murcia, y profesor de Sociología de la Educación en UDIMA, que además fue reconocido en el Top 50 of Global Teacher Prize 2023, considerados los Nobel de la Educación, y recibió el Premio Mejor Docente de España Primaria 2018, asegura que los profesores llevan años advirtiendo de esta situación.

 —España ha firmado sus peores resultados en PISA. ¿Cuando entras en clase tienes esa percepción?

—Esto ha sido sorpresa para mucha gente, pero para la gran mayoría de los docentes no. Venimos diciendo que el nivel cada vez va a peor. Lo vemos a diario. De cuatro años para aquí, creo que todos los docentes podemos decir que el nivel educativo ha bajado muchísimo.

 —PISA señala directamente a la distracción de las pantallas fuera de clase. Los profes controláis el aula, pero no el dormitorio de los chicos. ¿Están claudicando los padres con los «smartphones» o no hay herramientas para ejercer autoridad en lo digital?

—Lo digital hay que separarlo. Por un lado, lo que se hace en el aula, y por otro, lo que hacen por la tarde, que no se puede controlar, y el daño está precisamente ahí. Durante el día, cuando trabajamos sobre lo tecnológico, normalmente es para hacer actividades académicas. Pero el gran problema es lo que hacen toda la tarde, los fines de semana, cuando pueden estar cinco horas haciendo scroll... Y esto afecta al cerebro. No son opiniones, son estudios que dicen que se pierde concentración, capacidad de atención, y ciertas habilidades de comprensión lectora, que en otros contextos sí tendrían.

 —¿Estamos perdiendo esa capacidad por culpa de contenidos en formato breve, como «reels» o TikTok?

—Totalmente. Y la escuela y la universidad también nos hemos ajustado a esa forma de vivir, las actividades cada vez son más breves porque los alumnos no tienen capacidad de concentración, y en vez de obligarlos a recuperarla, jugamos a favor... En la universidad te dicen que no metas vídeos de más de tres minutos porque no tienen capacidad suficiente para atender. Estamos jugando a favor de la falta de concentración.

 —¿Los chavales de hoy no están mejor preparados que sus padres y abuelos?

—No estoy muy seguro, porque hay un problema de fondo. Cuando en mis charlas me dicen: “Estás criticando a la juventud”, les digo: “No estás entendiendo nada”. Estoy criticando, por un lado, el sistema educativo, y por otro, la educación familiar. Ellos no tienen responsabilidad de que un padre les dé un móvil o de que en la escuela se hagan actividades sin contenidos. Pero PISA dice que uno de cada tres alumnos no tiene nivel mínimo de lectura. Y aun así, sigue pasando de curso, y al final nos encontramos a ciudadanos sin la capacidad suficiente para convivir o desarrollarse, porque no comprenden lo que leen, no sabrán coger una hipoteca, no interpretarán las noticias... Tenemos cada vez a más alumnos que pasan a ser ciudadanos poco formados, que pasan a la categoría casi de analfabetos funcionales. Y además, se han relegado contenidos para trabajar las emociones, pero los datos demuestran que cada vez hay más homofobia, machismo... No lo hemos hecho bien ni por un lado ni por el otro.

 —¿Hasta qué punto el desplome es culpa de la escuela o el reflejo de una dejación de funciones de las familias?

—PISA analiza por un lado del entorno familiar (en el 2022, el 77 % de los alumnos decían que los padres les preguntaban semanalmente lo que habían hecho en clase, y hoy, es del 69 %, ha bajado ocho puntos). PISA advierte de que parte de las familias están delegando la educación familiar en la escuela, y ahí tenemos un problema. Pero con los colegios también, porque hemos metido muchas metodologías que no tienen ningún aporte científico, y en muchos casos hemos primado el ocio al aprendizaje. Esto es un error nuestro. Se dice que los centros se han convertido en un parque de bolas. Porque hemos primado que el niño no se frustre a que aprenda. Esto también es un problema social. En mi época cuando los padres te dejaban en clase te decían «aprende mucho», y ahora les dicen «pásalo bien». La concepción del centro educativo ha cambiado.

 —Dices que cada vez hay más padres desconectados con lo que pasa en el cole, pero cada vez veo más que hacen resúmenes para sus hijos.

—Efectivamente, pero eso no es educar a un niño.

 —Pero tampoco desentenderse.

—No, es que la finalidad es diferente, y ahí viene uno de los grandes problemas: la sobreprotección, entendida como que el niño no sufra. Si le toca hacer un resumen, se lo hace el padre. No estamos haciendo bien nuestra labor, porque la finalidad tú tienes no es que el niño aprenda en casa, sino que no sufra, que no se frustre, y que no tenga tanta tarea. Hasta el punto de que te llegan trabajos realizados directamente por los padres. Esto no había pasado nunca.

 —¿Por qué pasa?

—Para que no sufra, para que no lo pase mal. Y si el niño me da el coñazo con las tareas, se lo pinto yo. Esta tendencia la estamos observando. Eso no es que te preocupes de tu hijo, es que no quieres que lo pase mal. Y cuando luego te llaman del cole, porque se ha portado mal, o no ha hecho las tareas, los padres lo sobreprotegen y lo justifican. Y tampoco significa que lo quieran más, sino que lo están educando peor. Lo que dice PISA es que si tu hijo te habla de los problemas del cole, es importante que lo hables con él, e incluso que le digas que se ha equivocado. Si a las familias de antes les decías que su hijo se portaba mal, te daban la razón. Hoy es todo lo contrario. Justifican todos los malos comportamientos.

 —Cada cierto tiempo regresa el debate sobre si pasar con asignaturas suspensas ha ido en detrimento de la cultura del esfuerzo. ¿Crees que la caída del rendimiento se debe a que hemos rebajado esa exigencia académica o que el modelo de evaluación ya no motiva?

—No hay estudios absolutamente fiables que digan que la repetición es buena o mala, porque a veces depende del menor. Desde un punto de vista utópico creo que no habría que hacer ni siquiera exámenes en primaria, y en secundaria muchas veces tampoco. El problema es el ejemplo que das cuando no hay ningún tipo de diferencia entre el que hace y que no. Y ahí está el quid de la cuestión. Si hay alumnos que suspenden porque no hacen nada y otros aprueban, pero pasan de curso todos, estamos proyectando que da igual lo que hagas porque vas a conseguir el título. El nivel de exigencia debemos subirlo.

 —¿Qué te parece que un alumno de 10 años tenga seis asignaturas al día?

—Deberíamos recuperar una educación más pausada porque los currículos están demasiado petados: hemos pasado de profundizar pocos contenidos fundamentales a superficializar cientos de ellos, vamos estresados para dar todo, y los alumnos lo ven. Lengua y Matemáticas tienen que tener un peso sustancial. Si hay que relegar a otras áreas, no va a quedar más remedio. La base del aprendizaje es la lengua, y es en lo que hemos fallado, hasta dos cursos de diferencia respecto al 2015. Alumnos de 6.º es como si estuvieran en 4.º, es una barbaridad.

 —Los chicos empeoran en lectura y las chicas en mates. ¿A qué se debe?

—En esas edades a los alumnos les gusta más lo físico, o aquello que sea más práctico, más tranquilo, que algo tan pasivo como la lectura. Y en cuanto a las chicas, PISA dice que hace años estábamos muy bien en ciencias, pero que hemos vuelto a esa idea de que no se les dan bien. Estamos transmitiendo otra vez esa idea de que son más de ciencias sociales, de arte, etc. Y los chicos más de ciencias.

 —Mientras toda España se desploma, Galicia se mantiene en la media. ¿Qué se está haciendo diferente aquí?

—Se ha mantenido bastante bien. Creo que la calidad tanto del profesorado como, sobre todo, de las familias, que están mucho más implicadas que en otras comunidades autónomas. Esa unión entre la familia y la escuela es una de las claves del éxito de los resultados en Galicia. Y que muchas de las clases tienen una ratio bastante baja en comparación con otras comunidades.

 —Se ha hablado mucho de cómo ha afectado la pandemia a la salud mental de estos chicos, ansiedad, apatía o que estén más enganchados a los móviles. ¿Es una generación sobrepasada emocionalmente?

—Sí, pero no solo por la pandemia, sino por la educación emocional que les estamos dando, que es errónea. Hemos transmitido que tienen derecho a absolutamente a todo sin sacrificarse por nada. Y cuando pasan al mundo real se pegan el gran leñazo porque las cosas no son tan fáciles como se las hemos puesto en los colegios, en los institutos. El problema de la salud mental es posiblemente el más grave que tenemos en secundaria, porque hemos dinamitado completamente las habilidades y valores fundamentales que se requieren para el estudio y para la vida: el esfuerzo, la disciplina, la resistencia, la frustración... Y además, ellos cada vez viven más en su mundo virtual que en el real.

 —¿Cómo se le pide ahora a los profes quizás desmotivados que remonten los peores resultados de la historia?

—Es complicado. Pero tenemos que hacer un ejercicio de reflexión y autocrítica. Debe elevarse el nivel de exigencia de la carrera Magisterio y del máster de secundaria, porque tenemos que tener a los mejores profesores. No vale cualquiera. Estamos perdiendo 5-0. Hay que darle la vuelta al partido y es complejo. Además, hay que intentar motivar al profesorado, con más horas para investigación, que no tengan tanto estrés burocrático, que nos está matando. Incluso incentivos económicos. Pero también debemos exigirle. Debe haber más evaluaciones, en lo público y privado, no vale con sacarse una oposición y no volver a evaluarse nunca. Y hay que darle mayor refuerzo. En muchos casos, ante una denuncia, la Administración, por no tener problemas, se posiciona a favor de los padres. Y eso hace que cada vez los profesores se desmotiven más.

 —¿A qué modelo educativo debemos mirar?

—Yo he estado en Suecia, Finlandia, Suiza, en un montón de centros educativos haciendo visitas de trabajo, y hay modelos que no se pueden replicar, porque la cultura española no tiene nada que ver. Pero algunos países nos han dado ciertas lecciones. Por ejemplo, a mí me gusta mucho Portugal. Ahora bajó un poco, pero hace unos años aplicó un sistema bastante interesante para que los currículos los hicieran más los centros educativos que directamente el Estado.