Marco Bermúdez, CEO con 15 años: «A la gente le impresiona verme hablando de negocios»

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Sus padres lo apuntaron a clases de emprendimiento cuando tenía 8 años y le encantó: «Desde entonces no he parado». Y además de sus estudios, cursa 4.º de la ESO, dedica tiempo todos los días a sus proyectos: «Muchas de las cosas se me ocurren en clase»

04 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Marco Bermúdez (Oviedo, 2011) acaba de participar en Vigo en una de las ponencias de Vertical Summit, el foro empresarial que se celebró el pasado 25 de septiembre, y ha logrado un puesto destacado en este evento porque con apenas 15 años ya da conferencias y es CEO de varios proyectos creados por él mismo, como Smartbrige, un software que diseña puentes con inteligencia artificial. También es cofundador The Young Founders Club, una comunidad de jóvenes emprendedores de menos de 20 años. «Con 8 años empecé en Genyus School, una empresa que se dedica a formar a niños en emprendimiento. Mis padres me apuntaron como una actividad extraescolar. Me llevaron allí la primera vez y me encantó. Entonces ya era un chaval curioso y allí descubrí que ser curioso, tener ideas y buscar respuestas a las preguntas se llama tener mentalidad emprendedora. Desde aquel momento no he parado de emprender», indica.

«Mi primer proyecto ya lo creé a los 8 años en Genyus School. La idea era hacer robots humanoides por inteligencia artificial para ayudar a personas mayores. Pero al final no salió adelante porque hacían falta contactos, experiencia y darle tiempo. Era un proyecto muy complicado de hacer», asegura. «Después llegó Mercamaps, que era como un Google Maps para supermercados. Y después vino Tridimensional, que empezó como un hobby para hacer llaveros a mis amigos y familiares, pero luego cambiamos el modelo de negocio y lo dirigimos a pedidos de grandes empresas con el objetivo de dedicarle menos tiempo y de que el trabajo fuera más efectivo. Con ese proyecto, llegué a facturar unos 10.000 euros. Pero no me quedo con eso, me quedo con todo el aprendizaje que he adquirido. Como, por ejemplo, saber hacer una factura, cómo vender un producto a un cliente, qué pasa si hay un problema con un proveedor... todo eso», indica.

Marco está cursando cuarto de la ESO y todos estos proyectos no le impiden aplicarse al máximo en sus estudios: «Tengo buenas notas y, es verdad que a veces tengo que perder clase, pero después lo recupero todo. Si estuviera sacando malas notas no tendría sentido que estuviera dando charlas por ahí, porque mis estudios siguen siendo mi prioridad». Y reconoce que no tiene altas capacidades: «Soy un chaval normal, simplemente es que administro mejor el tiempo. También creo que tengo unas inquietudes diferentes, y que me curro más esto de emprender que otra persona que igual le encanta el fútbol. A mí no me gusta nada. Es una gestión distinta del tiempo, ni mejor ni peor. Y lo que hago es un poco de Tetris con mi tiempo. Me pongo unos bloques de trabajo y de estudio. Entonces, si mañana tengo un examen, pues dedico más tiempo a estudiar. Ahora que no tengo exámenes, pues trabajo en mis proyectos». Pero incluso estando en clase, se le ocurren ideas para llevar a cabo: «Muchas de las cosas se me ocurren en clase».

«Soy un chaval normal, simplemente administro mejor el tiempo. A otros les gusta el fútbol, a mí no me gusta nada»

El día a día está lleno de actividades interesantes para este joven de 15 años. «Me levanto a las siete. Desayuno, me preparo y estiro un poco por la mañana. También respondo a correos y wasaps. Luego me voy a clase hasta las dos y media de la tarde. Y por las tardes, si no tengo ningún examen y no tengo que estudiar, me gusta mucho ir a un coworking que hay en Oviedo a montar mis proyectos. Y luego, también suelo tener inglés y baloncesto».

Marco ni siquiera siente cierto reparo a la hora de subirse a un escenario para explicar sus proyectos. «La gente alucina cuando me ve. Les resulta impresionante y extraño ver a un chaval de 15 años hablando de negocios. Pero también mi edad tiene cosas buenas, en el sentido de que es una ventaja causar esa impresión en los demás, y creo que tengo menos vergüenza que otra persona a la hora de subirme al escenario», indica mientras reconoce que recibe el apoyo de los suyos en todo lo que hace. «Mis padres son emprendedores y empresarios y me apoyan muchísimo. Les estaré siempre agradecido y son ellos los que me llevan a los eventos. Toda la familia me apoya. También mis amigos», indica.

Salidas con amigos

Sobre el hecho de cómo está viviendo su adolescencia, reconoce que hay algunas cosas a las que renuncia, pero también busca tiempo para estar con sus amigos: «El otro día fueron las fiestas de mi ciudad, de Oviedo, y yo me fui mucho más temprano para casa que ellos. Entonces, sí que hay cosas que te pierdes. Pero no he dejado de quedar con mis amigos. Y si no quedo un finde con ellos, procuro quedar el siguiente. Intento no quedarme descolgado». Marco dice que no es el único de su edad, de hecho, precisamente conoce a más jóvenes emprendedores como él gracias precisamente al proyecto The Young Founders Club. «Mi socio tiene 18 años. Y hay muchos más como yo. Somos ya 40 miembros y todos menores de 20 años», comenta.

Todavía no tiene claro qué le gustaría estudiar, pero lo que sí es seguro es que no dejará de emprender. «Es muy importante formarse día a día y no solo aprender de tus errores. También me gusta hacer cursos, leer libros, ver vídeos... tengo claro que me seguiré formando, aunque no sé exactamente lo que haré. Y sueño con seguir emprendiendo, pero no por el hecho de adquirir cosas materiales. Mi objetivo es seguir incitando a jóvenes a emprender. O, al menos, que tengan una mentalidad emprendedora y que busquen soluciones a los problemas que les vayan surgiendo, que sepan liderar, que sepan organizarse...», dice.

Ser empresario

Aunque reconoce que ser empresario en España no es fácil: «Hay muchas trabas a nivel burocrático y hay muy poca mentalidad emprendedora. El objetivo de la mayoría de la gente es estudiar y aprobar una oposición. O presentarse a un puesto de trabajo. La mayoría de la gente no ve el emprendimiento como una salida». «A mí me gustaría devolver lo que me ha dado la educación pública. Y siempre digo que todas partes tienen que involucrarse en el emprendimiento: las instituciones, las empresas y las familias, es decir, los trabajadores. En este momento nos estamos tirando piedras los unos a los otros. El empresario piensa que le ponen burocracia por todos lados y que el trabajador está todo el día de baja. El trabajador piensa que el empresario es un explotador y el Estado piensa que el empresario no sirve para nada. Entonces, yo creo que tendríamos que juntarnos y colaborar entre nosotros, porque los tres nos necesitamos. Y tendríamos que ir todos a una», comenta este joven de apenas 15 años, que se ve emprendiendo en España también de adulto: «Hay que viajar y conocer otras culturas y gente alrededor del mundo, pero me gustaría seguir emprendiendo en España, aunque es muy pronto aún para saberlo».