Vendimiar puede ser una experiencia distinta para hacer incluso en familia; cada vez más fincas organizan actividades en torno a esta tarea: eso sí, garantizan que el nivel de trabajo es mínimo y ofrecen a cambio catas, maridajes y hasta música en directo
28 sep 2026 . Actualizado a las 10:30 h.A aquellos que año tras año se ven condenados a pasarse maratonianas jornadas debajo del viñedo para recoger la uva les sorprende saber que hay gente que muestra una especial fascinación por esta tarea agrícola. Que deciden, de forma voluntaria, armarse de guantes y tijeras para cortar algunos de los millones de racimos que cuelgan del viñedo gallego. Pero nada más verlos llegar al viñedo es fácil darse cuenta de que ninguno de ellos viene muy dispuesto a trabajar, sino más bien a disfrutar. Sus blancas camisas de lino y sus vaporosos vestidos son la prueba de que recoger la uva puede ser una tarea con mucho glamur de la que presumir en las redes sociales. Siempre y cuando, claro está, se haga en el marco de estas experiencias de enoturismo, que cada vez cuentan con más adeptos. Martín Códax, Regina Viarum, Viña Costeira o As Laxas son algunas de las firmas que aprovechan estas fechas para ofrecer a sus clientes una experiencia diferente de enoturismo. Los llevan a vendimiar, pero aquí nadie se mancha las manos.
Son las seis y media de la tarde de uno de los últimos viernes de agosto y en un viñedo remoto del municipio de Meis hay una inusitada actividad. No son los tradicionales vendimiadores ni los tractores los responsables del bullicio, sino los participantes en la última experiencia enogastronómica de Bodegas Martín Códax. Esta decidió hace algún tiempo abrir al público su viñedo experimental de Pé Redondo, ese que puso un día en marcha, primero, para abastecerse de uva y, más tarde, para investigar cómo mejorar el cultivo de la uva albariño. Ahora, lo ha convertido en el lugar perfecto para que los interesados puedan acercarse a la vendimia. Lo ha bautizado como Martín Códax Vineyard Club y en él organizó durante todo el mes de septiembre una serie de visitas que permitieron recoger la uva, pero sin ensuciarse demasiado.
En esta parcela de trece hectáreas, los participantes escuchan primero una explicación del trabajo que allí se lleva años haciendo. «El cambio de temperatura está cambiando el vino que bebemos y aquí investigamos cómo podemos seguir cultivando el albariño que nos gusta», explica el guía. Les habla de sistemas de conducción y de las características de la uva albariño, que los asistentes pueden degustar directamente del viñedo para comprobar, más tarde, que sus aromas y sabores están presentes en el vino. Al final del recorrido, les esperan unas cajas y dos cestas con los guantes y las tijeras necesarias para recoger unos pocos racimos. Nadie se corta y todos quieren probar. Los más atrevidos emergen al cabo de unos minutos de entre el viñedo con una caja llena, mientras que otros aprovechan también para hacer las pertinentes fotos. Todo vale porque, al fin y al cabo, lo que se busca es pasarlo bien. Aunque el esfuerzo de trabajo no sea mucho, sí tiene una buena recompensa. En la parte superior del viñedo esperan los vinos de la bodega para ser degustados, incluido el nuevo Pé Redondo que los participantes en esta actividad podrán probar en exclusiva y que se elabora solo con las uvas de esta parcela. En esta ocasión, el menú lo forma una barbacoa de hamburguesas y brochetas, pero en otras se ofrecen unas bandejas con diferentes elaboraciones para que los participantes puedan elegir uno de los mil rincones con encanto de esta finca y disfrutar de la cata y del paisaje con total tranquilidad. Hoy hay también un DJ, que se encarga de animar la velada. Esta misma actividad, en diversos formatos, se repitió durante todo el mes de septiembre y, si las condiciones meteorológicas lo permiten, el Martín Códax Vineyard Club seguirá abierto también durante octubre. «Mientras queden uvas en el viñedo y el tiempo lo permita, seguiremos organizando esta experiencia», aseguran. Porque en Martín Códax el enoturismo es algo que se disfruta en el viñedo.
Viña Costeira es otra de esas bodegas que permiten vivir de cerca la viticultura. Desde hace ya tiempo organiza sus pícnics entre viñas en el Pazo de Toubes. Un programa que, cuando llega la vendimia, vive una edición muy especial. En este caso, la visita empieza con un recorrido por las plantaciones para conocer de cerca las características de las diferentes variedades autóctonas de uvas que allí se cultivan. Está permitido, e incluso recomendado, tocar y probar cada una de ellas, pues la idea es aprender a diferenciarlas y reconocer sus aromas y sabores en los vinos a través de una cata de uvas. Es entonces, también, cuando los asistentes pueden coger una de las tijeras y probar a cortar los racimos. Ataviados con gorros y camisetas, emulan a los vendimiadores profesionales y aprenden cuál es la mejor forma de cortar un racimo, qué se debe depositar y qué no en el interior de las cajas y, sobre todo, lo duro que puede ser realizar este trabajo durante horas.
En este caso, la recompensa viene en forma de pícnic. Cada uno de los participantes recibe una pequeña cesta en cuyo interior, además de una botella de vino de Viña Costeira hay otras exquisiteces de la zona, como empanadas, embutidos, bicas o mermeladas. Todo lo necesario para que busquen un lugar de su agrado en el viñedo y puedan disfrutar del paisaje, de la comida y de la tranquilidad que se vive en el Pazo de Toubes. La actividad, además, también se puede disfrutar en familia, pues hay una versión de la cesta de pícnic para los más pequeños.
«Este año hemos agotado todas las entradas, la verdad es que cada vez hay más demanda de este tipo de actividades, sobre todo en vendimia», explica Óscar Martínez, director de márketing de Viña Costeira. «Nosotros queremos acercar uno de los momentos más importantes del año en la bodega a un público que nunca ha vivido la vendimia, transformándola en una propuesta accesible, atractiva y experiencial», cuenta Isabel Domínguez, responsable de comunicación en Bodegas As Laxas, otra de las firmas que también aprovecha estas fechas para organizar experiencias especiales. «Queremos mostrar la vendimia desde su lado más auténtico y, al mismo tiempo, más visual y compartible», añade. La actividad se convierte así en una oportunidad para conectar a las nuevas generaciones con el vino, pues estas pueden disfrutar, fotografiar y contar en redes todo lo que están viviendo.
Tras dos vendimias realizando esta actividad, As Laxas está ahora buscando el formato más adecuado para organizar y celebrar estas visitas. «Estamos pensando en que puedan venir a vendimiar y ver la bodega cuando hay más movimiento. También, en preparar un vino para que se les pueda enviar a casa y puedan presumir de que ellos vendimiaron esa uva», asegura Domínguez. Otra de las posibilidades que estudian es ofrecer el paquete completo, con alojamiento en un establecimiento de la zona.
A los participantes se les pide «que vengan cómodos» para hacerse con las tijeras y los guantes. Aunque no todos hacen caso porque, al fin y al cabo, «pasan como mucho media hora bajo el viñedo». Lo que está claro es que esta experiencia «nos permite enseñar un proceso de toda la vida a un público nuevo, para que este entienda en qué consiste nuestro trabajo», sostiene. Puede que no vendimien mucho, pero aprenden lo duro que puede ser.
y un aperitivo. CARLOS CORTÉS
Si hay un lugar donde la viticultura es especial ese es, sin duda, la Ribeira Sacra. Regina Viarum es una de esas bodegas que permite acercarse a esta tarea de una forma muy particular. Su plan, que puso en marcha hace ya unos años, tiene cada vez más éxito. «Empezamos organizando una jornada y este año ya hicimos tres», cuenta Anabel Pérez, responsable de comunicación de este grupo bodeguero. También asegura que esta zona está de moda y que «agosto fue brutal, recibimos muchas visitas», sostiene.
Su experiencia de vendimia empieza con una copa de vino y alguna que otra explicación sobre cuál es el momento óptimo para recoger la uva y cómo se decide. A continuación, los participantes se van a uno de los viñedos que rodean la bodega para empezar a vendimiar. Enseguida comprueban que la tarea tiene aquí una dificultad añadida: la pendiente de los terrenos. A los más valientes se les permite emular la labor de los carreteiros, esas personas que suben y bajan sin cesar las cajas cargadas de uva. Al finalizar, todos se dan cita delante de la bodega para participar en otra experiencia ancestral, hoy ya en desuso. Es el pisado de la uva. Los participantes se meten en unas tinajas llenas para, con sus propios pies, proceder a extraer el líquido. La visita se completa con un recorrido por la bodega, en la que se podrán degustar los primeros mostos que ya se están elaborando. También aquí el esfuerzo tiene su recompensa. En este caso, en forma de una cata de cuatro vinos y un aperitivo ligero. Actividad que se realiza en la espectacular terraza con vistas al río, disfrutando así no solo del vino, sino también del paisaje.
Habrá quien diga que todo esto no se parece en nada a vendimiar. Tendrá razón. Pero seguro que aquellos que cogen una tijera por primera vez o cargan una caja pendiente arriba están ahora más cerca de valorar el trabajo que, año tras año, realizan los viticultores y los bodegueros gallegos. Y podrán presumir de que, una vez, ellos también se metieron bajo el viñedo a cortar uvas.