Mientras el delantero del Celta acaparaba titulares por su debut mundialista, Diego Sánchez se convertía en el primer gallego de la historia en arbitrar en una Copa del Mundo
11 sep 2026 . Actualizado a las 09:10 h.El 20 de junio del 2026, Diego Sánchez Rojo pisó el césped del estadio de Filadelfia con 33 años y un banderín en la mano. Era su debut como árbitro en un Mundial. Y, lo más importante, era el primer gallego de la historia en lograrlo. «Es el momento más especial de mi carrera, tu debut en una Copa del Mundo es algo que nunca vas a olvidar», explica el juez de línea. Se estrenó en la competición con Brasil-Haití y más tarde llegaron Argentina-Austria y RD Congo-Uzbekistán.
Los inicios de Diego con el balón no fueron vestido de negro y con un silbato en la boca. Empezó como cualquier chico de A Coruña, jugando en los campos de la Torre. El primer equipo de su vida fue el Orillamar. Con 14 años tuvo la oportunidad de arbitrar sus primeros partidos y no lo dudó. Desde entonces no ha parado y con los años se ha ido profesionalizando hasta ejercer como juez de línea. En el 2020 empezó su andadura en Primera División y en tan solo seis años ha conseguido participar también en competiciones internacionales como la Champions. Su último gran logro ha sido el Mundial de Canadá, Estados Unidos y México. «Si algo me ha enseñado el arbitraje es que llegar a lo más alto no depende del talento, depende de la constancia, de la capacidad para levantarte después de equivocarte y de rodearte de buenas personas», asegura.
Estuvo 45 días en EE.UU. «Pasamos once días de formación y cerca de un mes siguiendo los encuentros», recapitula. En todo ese tiempo lo más duro no fue la presión ni la autoexigencia. Lo más complicado fue no poder ver a su familia: «Cuando saltas al campo te olvidas de todo. Tienes que estar tan metido en las jugadas y en el partido que ni siquiera escuchas lo que hay a tu alrededor. Los insultos desde la grada, por ejemplo, no los escuchamos», confiesa.
Es difícil elegir solo un recuerdo de esta aventura mundialista pero para él está bastante claro. «Una hora y media antes del encuentro entre Brasil y Haití salimos a revisar el campo. Ahí me pudieron acompañar mis padres, mi mujer, mi hermana y mi sobrina, que vinieron a Filadelfia para estar conmigo. Fue un momento muy especial».
Viaja todas las semanas. Pasa casi más tiempo en aeropuertos que en casa, pero se niega a abandonar la ciudad que le vio dar los primeros toques con el balón. Por el momento, vive en Monte Alto y cuando le pregunto sobre la posibilidad de mudarse niega con la cabeza. Es coruñés hasta la médula. No puedo evitarlo y le pongo en un aprieto. Le pregunto qué pasa por la cabeza de un colegiado cuando profesión y pasión se fusionan. ¿Qué pasaría si Diego fuese convocado para un partido del Orillamar o del Dépor contra el Celta y hubiese una falta dudosa? ¿Pitaría en contra del equipo de su ciudad o seguiría al milímetro el reglamento? Imagino lo que me va a responder antes de que abra la boca, pero de todas formas le pregunto: «Ningún árbitro pondría en riesgo su puesto de trabajo por el cariño que le pueda tener al equipo de su ciudad. Dentro del campo tenemos que ser profesionales pase lo que pase. En cada partido te juegas tu carrera. Si cometes un error demasiado gordo, también desciendes», defiende con total convencimiento. Y me lo creo.
Transmite pasión por el deporte, pero sobre todo profesionalidad. Habla con una seguridad que te deja atónito. No duda ni por un segundo cuando responde las preguntas. La toma de decisiones y los reflejos son sus mayores cualidades. «En un partido se toman unas 200 decisiones y cerca del 95% son acertadas», calcula. La exigencia es brutal. Entrena varias veces al día tanto el físico como los reflejos. Todo esto mientras viaja por España y asiste a las concentraciones organizadas por la RFEF.
Tras un verano de ensueño, ahora todos sus esfuerzos se centran en hacer una buena temporada. Quién sabe, si da la talla quizás le veamos en la Eurocopa 2028. Sea como sea, a partir de ahora cuando vea un partido de fútbol profesional fíjese en el equipo arbitral. Quizás ahí encuentre al primer gallego en saltar al campo en el Mundial 2026. Porque sí, Diego se adelantó a Borja Iglesias.