De Hombres G a Sidonie o Carolina Durante, ¿por qué se llaman así los grupos de más éxito?

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Portada de disco de Hombres G
Portada de disco de Hombres G

Podían haber sido Los Bonitos Redford, pero afortunadamente se quedaron con Hombres G por amor al cine. A veces el origen de los nombres de las bandas musicales tiene mucho que ver con el absurdo y otras con una inspiración que llega de diversas maneras. Sidonie, Carolina Durante, Duran Duran... ¿Qué hay detrás de todos ellos?

14 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

A veces el secreto del éxito tiene mucho que ver con el nombre de un grupo o de un artista, y si no que se lo digan a todos esos gurús que en su momento le cambiaron el nombre a Pepa Flores para convertirla en Marisol o a María del Pilar Cuesta para transformarla en Ana Belén. No es lo mismo llamarse Alejandro Magno que Alejandro Sanz y tampoco hubiera sido lo mismo si, llevados por ese primer impulso, los Hombres G se hubieran quedado con la propuesta inicial, Los Bonitos Redford, que es como pensó en llamarse al principio el grupo madrileño. Afortunadamente, a alguien le cambió el aire y le vino la inspiración. El amor por el cine negro de los años treinta los hizo caer en la película G Men, protagonizada por James Cagney, y en un título que hacía referencia a los Government Men o agentes del FBI. El propio David Summers confesó que no les convencía mucho, pero con las risas del momento tiraron para adelante y la historia ya sabemos cómo acabó.

Más fácil lo tuvo Mecano. Antes de ser un referente del pop español, el trío formado por Ana Torroja y los hermanos José María y Nacho Cano dio sus primeros pasos en Gente Joven llamándose por sus propios nombres de pila. Con la vista puesta en profesionalizar el proyecto y encontrar una marca breve y contundente, pensaron en llamarse Yerma o Prisma, hasta que recurrieron a un doble concepto simple pero acertado. Por un lado, jugaban directamente con el apellido de los hermanos Cano, y por otro, se inspiraban abiertamente en el famoso juego de piezas metálicas de construcción Mecano. La propia Ana Torroja explicó años después que eligieron esa metáfora para demostrar que se podía hacer lo que uno quisiera ensamblando y mezclando diferentes piezas musicales de pop, rock o tecno para crear una identidad sonora a partir de elementos en apariencia distintos.

En ese hervidero musical de los ochenta nacieron también Nacha Pop, que se iniciaron bajo Uhu Helicopter, aunque buscando un giro más cálido y directo tiraron después de ironía apoyándose en el nombre de su vocalista, Nacho García Vega, haciendo un juego fonético. Querían algo que sonara fresco y desenfadado, y lo de Nacha Pop se les ocurrió casi como un chiste.

Esa misma vertiente de humor y descaro también la encontraron formaciones musicales cuyas integrantes eran todas mujeres, como Las Vulpes, la mítica banda punk de Bilbao que revolucionó la España de 1983 con su controvertido himno Quiero ser una zorra. Su nombre jugaba con el término en latín para designar al zorro (‘vulpes’), adaptándolo como un guiño de provocación, porque de lo que se trataba entonces era de demostrar que también las chicas podían hacer punk sin pedir permiso y, mucho menos, perdón.

Al cine le debe la música muchas de las propuestas que han triunfado a lo largo de la historia. Más recientemente, Marc Ros, Axel Pi y Jesús Senra se decantaron por el nombre Sidonie porque buscaban un término que contagiase una elegancia psicodélica y afrancesada para sus primeras composiciones, y lo encontraron en la gran pantalla al adoptar el nombre del personaje interpretado por Brigitte Bardot en la película Brazos de fuego (A C?ur Joie, de 1967). En la revista Fugas de La Voz de Galicia Marc Ros me confesó que en una protoversión del grupo se llamaron durante un tiempo Citadel, que es el título de una canción de los Rolling Stones. «Y antes yo estuve en otro, Helter Skelter, que es también una canción de los Beatles. Así que siempre estoy en grupos con títulos de canción», destacó el vocalista de Sidonie, a los que ahora no podemos imaginarlos llamándose de otro modo. Es cierto que otras veces la inspiración no viene de una sala de proyección, sino de la nostalgia o el simple impulso adolescente. Ese es el caso de Carolina Durante, uno de los grandes fenómenos de la escena independiente más reciente.

La banda tomó el nombre real de una compañera del colegio de uno de sus integrantes, una chica que representaba un amor platónico de juventud, y a la que los músicos decidieron inmortalizar sin pedirle permiso. «En el 2017, íbamos a dar nuestro primer concierto —reveló en una entrevista en el pódcast La Pija y la Quinqui el vocalista Diego Ibáñez— y todavía no teníamos nombre. Uno de los que se barajó fue Examiga, que es el nombre de nuestro segundo EP y además era el nickname que tenía un amigo que jugaba al LOL (League Of Legends)». De ahí empezaron a pensar en examigas del colegio y a repasar nombres de compañeras hasta que llegaron a Carolina Durante, con la que curiosamente no tienen a día de hoy ningún tipo de relación. En el extremo del absurdo está Love of Lesbian. Santi Balmes ha explicado en numerosas ocasiones que la etiqueta nació de un chiste interno llevado al extremo durante el rodaje de un cortometraje de poco presupuesto sobre una relación entre dos chicas. Las torpezas técnicas y el desastre general del rodaje llevaron a la broma recurrente de que estaban haciendo un «amor de lesbianas» ridículo. De ahí a Love of Lesbian solo les hizo falta otro paso: traducirlo al inglés.

ESTRATEGIA COMERCIAL

En el circuito internacional más amplio, las historias sobre el bautismo de las bandas oscilan entre la estrategia comercial agresiva y la ciencia ficción. Malcolm McLaren, el controvertido mánager de los Sex Pistols, concibió el nombre del grupo como una maniobra publicitaria redonda. McLaren regentaba en Londres una famosa boutique de ropa fetichista llamada Sex, donde trabajaba uno de ellos. Al unir ese concepto con la palabra Pistols creó una marca que no solo promocionaba su tienda de forma implícita, sino que proyectaba una amenaza inminente de juventud armada y tensión sexual explícita que, de tan explícita, no hace falta explicarla.

También en el pop británico de los ochenta, Duran Duran recurrieron al cine de culto para tomar su nombre del villano de la película de ciencia ficción Barbarella (1968), el Dr. Durand Durand interpretado por Milo O’Shea, del mismo modo que Dave Grohl acudió a la historia militar y la ufología para nombrar a Foo Fighters tras la disolución de Nirvana. Grohl, fascinado por los fenómenos paranormales, rescató el término foo fighter, el argot utilizado por los pilotos aliados en la Segunda Guerra Mundial para referirse a las extrañas bolas de luz y objetos voladores no identificados que avistaban en pleno combate.

Tampoco faltan las alusiones a la cultura del exceso urbano, como en el caso de Green Day. En el lenguaje juvenil de San Francisco, un día verde aludía a pasar 24 horas consecutivas sin hacer nada productivo, dedicadas íntegramente a fumar marihuana. Billie Joe Armstrong escribió una canción con ese título y los integrantes decidieron adoptarlo como nombre definitivo para dejar atrás su antigua etiqueta, Sweet Children.

Algo parecido les pasó a Red Hot Chili Peppers, quienes en sus comienzos se hacían llamar Tony Flow and the Miraculously Majestic Masters of Mayhem. Al percatarse de que aquel trabalenguas resultaba inviable para los carteles y la prensa buscaron una combinación que definiera la energía explosiva y picante de su mezcla de funk y rock.

Todas estas historias dejan claro que la validez de un nombre no depende de su elegancia inicial y que siempre hay ideas peores. Eso sí, sin buenas canciones no hay grupo que dure, te llames como te llames.