¿Cómo debemos afrontar la vuelta al cole?: «A los niños no hay que avasallarlos a preguntas cuando llegan a casa»

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La pedagoga Cindy Peñalver.
La pedagoga Cindy Peñalver. .

Se inicia septiembre y con él llegan los nervios por regresar a las aulas. La pedagoga Cindy Peñalver nos da las claves para poder sobrellevarla y acostumbrar a los más pequeños a los cambios. «Con establecer la rutina de sueño 10 días antes de empezar es suficiente», explica

06 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Después de largas jornadas rebozados en la arena de la playa, chapoteando en la piscina o pasando mucho tiempo con sus progenitores, los pequeños de la casa vuelven a clase. Y con ello, el retorno de los despertadores, las prisas por no llegar tarde y las largas jornadas de actividades extraescolares. La pedagoga Cindy Peñalver nos explica la mejor manera de afrontar este temido momento para más de uno.

—¿El síndrome posvacacional también existe para los más pequeños?

—Sí, entendiendo como síndrome posvacacional el no querer volver a esta rutina que les hace estar menos con sus padres. En verano podemos pasar más tiempo con ellos o dedicarnos a hacer actividades sin mirar tanto el reloj. El alejarse de aquello que les hace sentir bien puede crear en ellos tristeza, apatía o más enfadados. En los niños es igual que en los adultos, unos lo llevan mejor que otros.

—¿Cómo debemos afrontar la vuelta?

—Sobre todo, diría que lo primero es calma. Tenemos que entender que viene una nueva época y, como adultos, necesitamos organizarnos, pero sin proyectarlo antes de tiempo en los niños. Hay que dejarlos disfrutar de lo que queda de vacaciones, porque parece que llega finales de agosto y nos entran las prisas por hablar con ellos. Decirles cosas como: «Este año te tienes que poner las pilas», lo que hace es marcarles unas preocupaciones que aún no han llegado que están muy relacionadas con nuestros miedos e inseguridades más que con lo que realmente se van a encontrar.

—¿Qué consejos podemos seguir?

—Lo primero es no anticiparnos y, en base a lo que nos vayamos encontrando, ir hablando con ellos. Lo segundo sería entender que los niños se pueden encontrar con dificultades como no acabar de encajar con el profe nuevo, algún problema con un amiguito... Ante cualquier dificultad, hay que acompañar y no intervenir. A veces, sí será necesario, pero no enseguida tenemos que estar solucionando, a los niños no les pasa nada por pasar por un poco de estrés donde pueden mirar al lado y ver que hay un adulto que les puede sostener. Otro consejo es entender que el inicio de curso puede comportar cambios en ellos y, a lo mejor, cosas que pensábamos que ya estaban superadas no lo están, como es el tema del pañal o del sueño. Esto no tiene que indicar que haya un problema, sino que existe un cambio y el cuerpo responde a él. No hay que alarmarnos ni reñirles por que esto pase.

—¿Y preguntarles cosas sobre la vuelta?

—Es muy importante no avasallarlos a preguntas como: «¿Qué tal te ha ido en el cole?», «¿qué has hecho?», «¿tienes deberes?». Porque a veces lo que necesitan los niños al empezar es que su casa siga siendo casa, que sigan pudiendo llegar y tirarse al sofá y no entrar otra vez a explicar lo que ya han vivido. Hay que permitirles que no se hable de nada, que puedan estar tranquilos.

—En las vacaciones los niños se acuestan y levantan más tarde. ¿Con qué antelación es recomendable establecer la rutina de sueño que tendrán durante el curso escolar?

—Con una semana o diez días antes es suficiente para poder ir adaptándolos progresivamente y sin que sea un chantaje constante. Debemos evitar el: «Oye, vete a dormir, que si no ya verás lo mal que lo vas a pasar» o «la profesora no te va a querer». En esto caemos mucho, en cada época del año utilizamos a alguien externo para poder condicionar a los niños a que hagan algo y no hacernos responsables, como en Navidad con los Reyes Magos. No debemos utilizar la amenaza o el miedo, simplemente explicarles que aquello que estamos haciendo es por su bienestar como: «Nos tenemos que ir a la cama un poquito antes porque nuestro cuerpo se tiene que adaptar a la nueva rutina». No tienen por qué entenderlo y no hay que explicar grandes historias, simplemente informarlos y poner ahí el límite para cuidarlos.

—¿Es bueno que empiecen ya las extraescolares?

—Depende mucho de la edad y de cada niño. Yo recomendaría dejar unas primeras semanas de margen para ver cómo se adapta al inicio de curso, cómo llega a casa y qué capacidad tiene para regularse después de la jornada escolar. En niños de 3 años, recomendaría las mínimas posibles. Es necesario ver cómo se adaptan y si esas extraescolares realmente caben en el día a día de nuestros hijos. Es verdad que existe una realidad y es que muchas familias necesitamos alargar la jornada para poder conciliar, pero, en la medida de lo posible, intentemos no cargar a los niños de actividades. Además, que un niño no llore no significa necesariamente que no esté haciendo un esfuerzo emocional importante. Puede estar sosteniéndolo durante el día y acabar agotado. Yo me acuerdo de cuando empecé a conducir no lloraba, evidentemente, pero acababa agotada del esfuerzo y la atención que requería. Con los niños puede pasar algo parecido.

—¿Hay que caer en la tentación de ir a buscarlos si nos llaman del centro porque no dejan de llorar?

—Sabemos que un niño pequeño necesita sentirse seguro y poder corregularse con adultos de referencia para ir adaptándose y estableciendo nuevos vínculos. Lo ideal sería que el proceso de adaptación, sobre todo si hablamos de las primeras etapas, pudiera ser progresivo y estuviera acompañado por una persona con la que el niño ya tenga un vínculo fuerte, mientras poco a poco va construyendo ese vínculo con sus educadores. Si yo llego a un lugar nuevo, no conozco a nadie y además me separan de las personas que para mí representan seguridad, es comprensible que pueda sentir un desbordamiento emocional. También recalco que las familias no tenemos la culpa. Porque una madre me puede decir: «Oye, en tu teoría pedagógica suena muy bonito, pero con mi trabajo no me da el horario». Y es verdad.

—Y...

—Por eso también necesitamos hablar de conciliación y de qué condiciones ofrecemos a las familias para poder hacer estos procesos. Cuando sea posible, podemos buscar alternativas con la empresa o contar con otra persona de confianza que tenga disponibilidad. Pero si tú has dejado a tu hijo en el centro, te llaman porque lleva mucho tiempo llorando de manera sostenida y es muy pequeño, sí soy partidaria de atender esa señal. No me parece nada mal que una familia pueda ir a buscarlo, acompañarlo y volver a intentarlo al día siguiente. Adaptarse no significa tener que dejar de llorar a cualquier precio.

—¿Es importante cómo nos mostramos?

—Sí. Si nos mostramos seguros y confiados en que allí donde los vayamos a dejar los van a tratar bien y los van a acompañar en esos primeros días, también se lo estamos transmitiendo a ellos. Si te llaman de la escuela, vas a buscar al niño y, al día siguiente, se levanta diciendo que le duele la barriga y decides que no vaya, el mensaje que le estás dando es de que no es seguro llevarle. Es importante que las familias confiemos en los centros donde hemos inscrito a nuestros hijos. En la medida de lo posible, si se nos escapa alguna lagrimilla, les podemos decir: «Me da mucha pena tener que separarme, pero mira, yo también voy al trabajo». Anticiparles lo que harás o cuándo los irás a buscar también les genera seguridad.

—¿Debemos involucrarlos a la hora de, por ejemplo, comprar el material?

—Claro. Va a ser algo suyo y dentro de unos límites, yo dejaría mucha libertad a los niños de poder escoger lo que les guste aunque a nosotros nos parezca más o menos feo, incluso cuando son más mayores. Al final, son ellos los que van a ir con ese material con el que se sentirán mucho más a gusto.

—¿E incitarlos a que hagan la mochila ellos solos?

—La autonomía es superimportante. No hay que hacer de más pensando que es una ayuda, porque ahí les hacemos pensar que no son capaces. Muchos padres nos quejamos de que nuestros hijos no hacen nada, pero es que ahí debemos de poner el foco en nosotros. Contribuir a que hagan sus tareas es esencial y hay que saber que todo aprendizaje tiene tres partes. La primera es «lo hago yo», donde yo te enseño y tú aprendes; la segunda fase es «lo hacemos juntos», en la cuál tu haces unas cosas y yo otras; y la tercera es «eso lo haces solo». Hay que tener en cuenta que la autonomía viene acompañada de pérdida de cosas o de errores: dejarse la chaqueta del chándal, los libros del cole... Si queremos que sean autónomos necesitan también ir aprendiendo cuáles son las consecuencias de olvidarse un día algo en casa. No hay que salvarlos, todo proceso conlleva prueba y error.

—¿Incluso dejarles escoger la ropa?

—La ropa y muchas cosas, siempre y cuando estas opciones están limitadas por el adulto. Los límites cuidan, todo aquello que te ofrezco o te dejo escoger tiene que ir dentro de un cuidado. Por ejemplo, si yo en el armario guardo mezclada la ropa de verano y la de invierno y no te limito nada, a lo mejor en invierno te pones unas bermudas y unos tirantes y ahí no te estoy cuidando. Porque con 3 años no tienes la capacidad de poder valorar las prendas que mejor se adaptan al tiempo. Por eso, lo que podemos hacer para fomentar más la autonomía es dejar que escojan lo que se quieran poner entre una selección que hagamos de pantalones, camisetas... Además, al permitirles seleccionar, lo que fomentamos también es valorar su criterio. Que puede que no sea igual que el nuestro, pero no quiere decir que no sea bueno. Porque a mí quizá los topos y las rayas no combinan, pero acepto que ese es tu criterio.