María y Ricardo, abuelos 24 horas en verano: «Los nietos te aportan muchísimo, te hacen sentir más activo»

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Juegos, tardes de piscina, tareas de casa en familia... Así es la rutina de lunes a viernes en su casa con los pequeños. «Para los padres es difícil conciliar y a nosotros nos encanta quedarnos con ellos», confiesan

07 sep 2026 . Actualizado a las 12:36 h.

Son las once de la mañana cuando en la pista de tenis de la urbanización Alba y Diego ya corretean con sus raquetas entre las manos, y a las que en ocasiones le dan otra segunda vida utilizándolas para echar una partida de minigolf. Hoy no han ido al campamento, así que les toca practicar el saque allí, bajo la atenta mirada de sus abuelos, María y Ricardo, a los que se les cae la baba mientras los observan desde la barandilla. Los pequeños de 8 y 6 años, hijos de su hija, pasan las semanas de verano junto a ellos, normalmente de lunes a viernes. «Vienen el domingo por la tarde noche y ya se quedan. Entre semana, si los padres tienen el día libre, lo pasan juntos o duermen en su casa», explica María. Tanto ella como su marido son conscientes de que la conciliación es complicada y echan una mano en todo lo que pueden. «Es difícil conciliar, adaptar horarios y rellenar huecos. A veces es imposible. A nosotros nos encanta quedarnos con los niños. Yo me dediqué a la docencia toda la vida y veía que había abuelos que estaban sobrecargados, porque hay gente muy mayor o que está muy limitada. En ese sentido somos muy afortunados porque estamos bien», puntualiza ella. «Nos encanta jugar con los nietos, conducimos si hay que llevarlos a algún sitio...», añade Ricardo. «Tenemos la fortuna de que vivimos en un sitio relativamente cómodo. Este verano fue fabuloso, porque con el tiempo que hizo, lo disfrutamos muchísimo», explica María.

Mientras transcurre la conversación, Alba y Diego pululan alrededor del sofá interrumpiendo de vez en cuando. Pero a los diez minutos, uno se da cuenta de que es imposible que María y Ricardo tengan tiempo para aburrirse teniendo unos nietos tan dicharacheros. «Nos lo pasamos muy bien, es muy divertido. Nos encanta jugar con los abuelos a un juego de mesa que se llama Taco, gato, cabra, queso, pizza», cuenta Alba al mismo tiempo que Diego intenta sacarlo del cajón para mostrarlo. Este verano se han propuesto no tocar la televisión y parece que la iniciativa ha calado hondo en los críos. «Nos propusimos no verla para evitar un poco las pantallas, porque ahora todos los niños tienen dependencia. Los viernes en su casa con sus padres ven una película en familia. Aquí, durante el curso, es cierto que después de comer se la dejábamos ver, pero enseguida cogen malos hábitos que después cuesta cortar. Este verano no la tocamos y respondieron superbién», afirma María. ¿La alternativa? Lo que los abuelos denominan «juegos tranquilos». «Suben a la habitación y se entretienen ellos solos», confiesan ambos.

Una rutina completa

Qué mejor manera de conocer cómo es el día a día con los abuelos en verano que saliendo de la boca de la propia nieta. «Haz un resumen, Alba. A ver si eres capaz de construir una cosa ordenada desde el principio hasta ahora», le dice María entre risas a la pequeña. En esta casa el despertador suena temprano para ir al campamento de tenis. Una vez levantados, se colocan los calcetines —antideslizantes, por supuesto— y bajan a desayunar. «Algunos días nos hacen desayunos especiales que no nos esperamos. A veces nos meten un bizcochito por el medio», confiesa Alba casi relamiéndose. Una vez que terminan, suben a acicalarse. «Nos lavamos los dientes y dejamos el baño “impolupto”», añade mientras sus abuelos se ríen. Entretanto, María y Ricardo apuran mochilas y, antes de marcharse, hacen la foto de reconocimiento para enviar a su madre. «Nos ponemos con pose de tenis», puntualiza la pequeña. Al llegar, les toca comer. Unas dulces natillas o unas buenas lentejas están entre el recetario de cocina de María. «Diego toma cualquier cosa que prepare la abuela y le dice: “¡Un 10!”», admite Alba. «El abuelo también nos hace unos bocadillos ricos», añade Diego. Sin embargo, hay un plato de María que destaca sobre todos y que consigue captar grandes adeptos tanto en niños como en adultos. «¡Los macarrones!», gritan ambos al unísono con efusividad.

Al terminar, juegan con calma, hacen un poco de deberes y aprovechan la tarde con el abuelo. «Vamos a la piscina y, en ocasiones, un ratito al parque», indica Ricardo. Tras la cena, llega la hora más mágica del día. Ricardo es un gran aficionado a la astronomía y le inculca a Alba y a Diego su pasión por las estrellas gracias a su telescopio. «Nos está enseñando todo el rato cosas. Cuando supo que iba a haber un eclipse, se puso como un terremoto. Nos contó todo sobre lo que iba a pasar», cuenta Alba con los ojos bien abiertos. Al terminar, toca irse a la cama de la mano de algún buen cuento.

«¡A por el pan!»

En cuanto a las tareas de casa, los abuelos dejan a los nietos involucrarse en la mayor parte de ellas. Solo hay una que al pequeño Diego se le resiste: fregar los platos. «Él lo intenta, pero me pone la cocina perdida...», bromea María. «A mí lo que me gusta es recoger los cojines», le replica él. «Y a mí lo que me encanta es pasar el plumero», añade Alba. No obstante, hay una en especial que a los dos les disgusta. «¿Adónde no os gusta ir con el abuelo?», les pregunta la abuela. «¡A por el pan! Hay que caminar mucho», responden ambos. «A la vuelta siempre me chantajean», afirma Ricardo. «Es que para el abuelo el pan es imprescindible. No come sin él», puntualiza el pequeño. Dificultades arriba, dificultades abajo, está claro que María y Ricardo beben los vientos por sus nietos. «¿Nosotros qué vamos a decir? Que son buenísimos. Disfrutan mucho de todo y se enrollan enseguida con cualquier cosa», confiesan. Y aunque durante el curso también echan una mano llevándolos a alguna actividad, ella se pone sensible pensando en que, a partir de septiembre, no pasará tanto tiempo como ahora con ellos. «Los vamos a echar muchísimo de menos cuando empiecen el cole», confiesa. «Pero no te pongas tan sentimental», dice Ricardo entre risas.

Alba y Diego se entretienen con una partida de dominó a la vez que sus abuelos siguen explicando cómo se vive la «abuelidad». «Es un sentimiento muy contrario con relación a lo que recuerdas de tus hijos. No deja de ser una experiencia mucho más relajada, no tan agobiante en el día a día. Con ellos la preocupación es distinta. Con un hijo te ponías unas metas y con los nietos es más descansado», afirma María. «Tal vez tienes la perspectiva desde otro ángulo totalmente diferente, más sereno y se disfruta muchísimo», indica Ricardo. «Para mí, cada día es un descubrimiento. Te aportan ideas o cosas que a ti nunca se te hubiesen ocurrido. Además te hacen sentir muy activo, aunque a veces no te queda más remedio», concluyen ambos bromeando. Benditos abuelos.