Al frente de un restaurante de Panxón, en Nigrán, José Alcántara, de 46 años, trabajó en dos de los buques más conocidos
05 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Cambió el traje de neopreno por la chaquetilla. Pero, de alguna manera, sigue dependiendo y viviendo del mar. Nuestro protagonista trabajó como buzo profesional en el Costa Concordia o el Prestige, por indicar solo los buques más conocidos, y ahora triunfa como hostelero al frente de un restaurante en el puerto de Panxón, Nigrán, a unos metros de la playa. En su chaquetilla figura el nombre del negocio, El Refugio del Pescador, y como le conocen, Pepe el Buzo. Nació en Madrid, pero siempre estuvo vinculado a Galicia por su madre y por los veranos. «Recuerdo que practicaba pesca submarina por esta zona de As Estelas o Monteferro. Me vine a trabajar al puerto de Vigo con 18 años y descargaba pescado. Decidí hacerme buzo profesional y me formé en una escuela en Santander. Ejercí durante 20 años hasta que por cuestiones de salud relacionados con este oficio de obrero del mar tuve que parar y cambiar», resume José Alcántara Casteleiro, de 46 años. Entre que está pendiente de la entrada de los empleados y de los proveedores, que es una persona algo tímida, y que no le gusta demasiado hablar de su vida bajo el mar, le tengo que sonsacar las cosas. Dentro del mostrador veo el resto de un chaleco salvavidas del Costa Concordia y una revista que se publicó cuando se cumplieron diez años de aquella tragedia. En una de las fotos sale él. «Fue el reflote más importante de la historia. Estuve un año entero, aunque yendo y viniendo. En total participamos 400 buzos, 12 de ellos españoles», recuerda de aquel trasatlántico capitaneado por Francesco Schettino que encalló en la región de la Toscana en enero del 2012. En la revista aparece la foto de José, Pepe el Buzo.
EN VERANO Y EN INVIERNO
«Somos obreros del mar. Trabajamos para plataformas petrolíferas y también en el rescate de buques. En el Prestige, por ejemplo, estuve en las maniobras en alta mar», apunta mientras los clientes empiezan a tomar posiciones en sus mesas reservadas. «Es un éxito, llenamos todos los días durante el verano y en invierno, si sale el sol, también. Creo que la gente agradece el trato hospitalario, además de los pescados frescos y las carnes de calidad», resume mientras una pareja empieza a probar un hermoso coruxo, una de las grandes especialidades del local. Estamos en uno de los rincones favoritos del escritor Domingo Villar y de su detective Leo Caldas, en el extremo de la playa de Panxón, Nigrán. Pepe, que no tenía experiencia hostelera, se hizo cargo del negocio hace dos años tras la jubilación del anterior propietario. Es un local con capacidad para 180 personas y habilitó la parte superior como un espacio para celebraciones de grupos. «Diseñé una parrilla especial, hice mesas altas... Yo hago de todo, hasta en la cocina. La familia de mi mujer tiene en Madrid El Asador del Abad y me ayudaron a poner en marcha esto gracias a su experiencia. Reconoce que tanto él como el equipo están agotados después de un verano intenso, pero quieren crecer también en invierno. «Los viernes vamos a ofrecer carnes de caza, los sábados callos y, los domingos, cocido. Por supuesto, marisco por encargo», avanza este hombre que conoce el mar como nadie gracias a su doble vida, primero como buzo y ahora como hostelero de costa, no del Concordia.
Fue el reflote más importante de la historia y estuvimos 400 buzos, 12 de ellos españoles”