Los duques de Sussex dejan Estados Unidos tras años de polémicas y con una marca personal que, si antes valía su peso en oro, hoy está devaluada. ¿Supondrá este regreso el acercamiento definitivo con los Windsor?
27 ago 2026 . Actualizado a las 09:44 h.Es agosto, pero a los tabloides británicos les ha caído el gordo de Navidad. Hace unos días saltaba la noticia de que el príncipe Enrique de Inglaterra y Meghan Markle emprendían el viaje de vuelta al Reino Unido «por un período de tiempo prolongado», desatando así todo tipo de hipótesis y, por tanto, titulares sobre el verdadero motivo que ha desencadenado esta mudanza. Los duques de Sussex abandonaron Windsor en el 2020, dejando sus tareas de representación como miembros de la familia real para comenzar una vida en América: primero en Canadá y más tarde en California. El conocido como Megxit fue un punto de inflexión en el seno de la Corona británica, y cambió definitivamente la imagen que los ciudadanos tenían de esta pareja de cine, que en los últimos años ha sumado un rosario de escándalos. ¿Por qué regresan Enrique y Meghan ahora? ¿Los recibirá bien el pueblo?
El sueño americano del príncipe y la actriz estadounidense empezó, en parte, como una pesadilla que nunca se fue del todo. En aquel año pandémico, los príncipes estaban en su nivel más alto de fama: llevaban dos años casados, y habían visto nacer a su primogénito, Archie. Convertían en oro aquello que tocaban y en tendencia cualquier plan que hicieran. La pareja de moda entendió que si en el Reino Unido eran el no va más, en un país como Estados Unidos, donde las monarquías europeas despiertan auténtico fervor, el éxito estaba asegurado. Sin embargo, los planes salieron regular.
El gran escándalo que cambió el porvenir de Enrique y Meghan fue la entrevista que le concedieron a la todopoderosa Oprah Winfrey. Menos de un año después de instalarse en California rompieron la norma no escrita de la discreción real, y le contaron al mundo todo tipo de detalles familiares, llegando incluso a provocar prácticamente un conflicto institucional tras confesar Meghan que, cuando estaba embarazada, la familia de su marido había conversado sobre el color de la piel que tendría su hijo Archie.
Muchos de los espectadores que vieron el programa de Oprah detectaron que aquel día Meghan, que nunca ha ocultado su admiración por Diana de Gales, pareció querer imitar a su difunta suegra, evocando la polémica entrevista que dio Lady Di en 1995 a la BBC tras su divorcio del príncipe Carlos. Fueron los gestos, fue el maquillaje y fueron también las indirectas sobre un trato ingrato por parte de la familia real. Pero una salió airosa y la otra no.
El palacio de Buckingham empezó entonces una campaña de desprestigio silencioso contra los duques de Sussex que, seis años después e instalados en Londres, habrá que ver cómo continúa. Desde que pusieron tierra de por medio ha muerto la reina Isabel II, Carlos III ha ascendido al trono y ha padecido cáncer, Kate Middleton anunció también que estaba sufriendo esta enfermedad y el príncipe Andrés acabó arrestado por su vinculación con el caso Einstein.
Mientras todo esto ocurría a este lado del charco, en Estados Unidos la marca Sussex se devaluaba por una estrategia comunicativa que nunca logró arrancar de todo. La sobreexposición a la que se sometió la pareja en un cortísimo período de tiempo —biografía, entrevista, documental, pódcast y programa de cocina— causó el hartazgo del público, pero sobre todo puso negro sobre blanco las intenciones de la pareja: amasar billetes contando su vida en cualquier medio o a través de cualquier formato.
Los millonarios acuerdos a los que llegaron con compañías como Netflix o Spotify no dieron el resultado deseado, ni ellos han sido capaz de mantener su estatus de pareja inalcanzable y a la que todo el mundo quiere conocer. Por eso, muchos medios atribuyen la vuelta a casa de Enrique y Meghan como una claudicación, tras ser consciente la propia pareja de que, para recuperar el estrellato perdido, es necesario reinventarse.
Mientras ella planea volver a la interpretación y él abandona definitivamente su puesto en el consejo de una controvertida oenegé africana acusada de cometer abusos contra comunidades locales del Congo, los medios británicos hacen conjeturas sobre otras razones que habrían podido acelerar la vuelta a Inglaterra de los príncipes.
Se sabe que aunque pongan en pausa el sueño americano, no tienen intención —quizás ni siquiera los dejan— de recuperar las funciones que desempeñaban como miembros activos de la realeza británica. No obstante, periódicos como The Guardian aseguran que Enrique y Meghan cuentan con el apoyo del rey Carlos III, que habría recibido con agrado la noticia de tener, de nuevo, cerca a sus nietos.
Aunque apenas han comentado nada de este retorno, los duques de Sussex siempre han tenido presentes a sus hijos a la hora de tomar cualquier decisión. De hecho, el bienestar de Archie (7 años) y Lilibet (5 años) ha sido en reiteradas ocasiones el argumento usado para explicar por qué seguían viviendo en Estados Unidos. Según ha indicado Enrique en más de una ocasión, al dejar de ser miembros activos de la familia real, también perdieron la protección automática que tenían por ser consideradas personas de riesgo. Por eso, ha explicado que no se imagina a sus hijos yendo al colegio en el Reino Unido, algo que ahora tendrá que plantearse.
Del mismo modo, este sería un buen momento para reflexionar sobre el tipo de relación que le gustaría tener a Enrique con su hermano Guillermo, futuro rey de Inglaterra, y su padre, el actual monarca. Si bien tras muchas idas y venidas el acercamiento con Carlos III parece más evidente que nunca, la prensa británica indica que con Guillermo los lazos están totalmente rotos. Hay que recordar que, según ha contado el propio Enrique, su hermano no aceptó la relación con Meghan, a quien llegó a calificar como «difícil, grosera y abrasiva». En su biografía En la sombra, además, Enrique habló de peleas físicas con su hermano, y de conversaciones íntimas que Guillermo nunca habría perdonado que salieran a la luz.
Ni el heredero al trono ni su mujer, Kate Middleton, han querido pronunciarse sobre el regreso de los duques de Sussex. Lo que queda claro es que se abre un nuevo capítulo en el culebrón del palacio de Buckingham, que siempre parece tener tiempo para una temporada más. Meghan y Enrique vuelven a Inglaterra con proyectos pendientes de ver la luz, como una serie que está en preparación y que se centra en el exclusivo mundo de los equipos de polo. Sin saber aún cuál va a ser la acogida de los británicos, lo cierto es que el desafecto de la sociedad por la corona ha ido aumentando desde el Megxit. Aunque aún son mayoría, hoy solo el 55 % de los ciudadanos elegiría mantener la institución monárquica.