Maggie Civantos: «Soy Capricornio: a veces sueño y me dejo llevar por las ilusiones, y otras permanezco a ras de suelo»
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La actriz malagueña acaba de estrenar «Días de agosto», un drama repleto de misterio, secretos y pasiones prohibidas: «Las escenas íntimas fueron un gran reto, pero hubo mucho respeto y entendimiento con mi compañero de reparto».
02 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Maggie Civantos (Málaga, 1984) nació el Día de los inocentes, se llama Maggie, por un personaje de la serie Falcon Crest y siente que está en una etapa muy optimista: «Procuro agarrarme a las cosas bonitas que me pasan y, además, estoy en un momento de búsqueda de equilibrio entre mi vida personal y mi faceta profesional». Con Macarena Ferreira, su personaje en la serie Vis a Vis, su carrera dio un giro de 180 grados, pero también descubrió la cara b de la fama: «Me vi un poco superada, porque todo sucedió muy rápido y no me dio tiempo a asimilar el éxito». Hoy, disfruta de su oficio como actriz sin dejar de explorar otras facetas de la profesión: «Dirigir El retorno de Júpiter, mi primera película, fue una experiencia muy enriquecedora. Estoy deseando repetir», nos adelanta.
—Regresas a la pantalla grande con «Días de agosto», un largometraje cargado de suspense y erotismo. ¿Cómo ha sido esta experiencia?
—Ha sido un rodaje superinteresante, porque Chema (de la Peña), el director tenía la historia muy clara y hemos hecho junto a él un viaje único, muy íntimo, desde el thriller, plagado de conflictos familiares profundos, con muchos secretos y una gran carga emocional, que se respira a lo largo de toda la película.
—Interpretas a Mónica, una mujer con grandes contradicciones. ¿Qué te atrajo de este personaje?
—Es una mujer que tiene mucho éxito en su carrera, pero a la vez se siente muy vulnerable por dentro y muestra una actitud contradictoria, esa dualidad, me atrajo mucho del personaje. Y ahí, precisamente, reside ese halo de misterio que la rodea, porque solo ella sabe lo que hay detrás de tanto secreto, ella carga con el peso del silencio y eso hace que tome decisiones irracionales e impulsivas. Me atrapó el viaje sensorial que emprendí junto al personaje, cargado de seducción y donde la clave era dejarse llevar por el agua, el mar y el sol. Tuve la oportunidad de abordar un punto de vista interpretativo, muy bonito, cargado de intimidad, explorando la expresión artística del cuerpo y los sentidos.
—La intimidad y el erotismo están a flor de piel en esta historia. ¿Fueron las escenas íntimas junto a tu compañero de reparto las que más te costaron rodar?
—Sí, por supuesto. Aunque ya había rodado escenas íntimas anteriormente, estas eran muy concretas y muy largas de duración y había que mantener ese feeling y esa mirada sin perderla. Fue un gran reto. Tuvimos una coordinadora de intimidad maravillosa y luego con mi compañero Pau hubo mucho respeto, mucha madurez y comunicación y mucha empatía y entendimiento por ambas partes. Lo trabajamos desde la diversión y como una coreografía, y ambos quedamos muy contentos con el resultado.
—Si te digo días de agosto, ¿hacia dónde vuela tu cabeza? ¿Cómo eran tu veranos de niñez?
—Como soy de Málaga, eran junto al mar, en el Rincón de la Victoria. Aquellos veranos de la infancia me saben a castillos de arena, a juegos en la playa, a risas y a diversión. Fue una etapa muy bonita.
—¿En qué momento estás ahora?
—Estoy en un momento muy optimista, a pesar de la que está cayendo en el mundo. Procuro siempre agarrarme a lo bueno, a las cosas bonitas que me pasan, que son las más sencillas, considerando mucho a la familia, a la gente que tengo cerca. Estoy en una etapa de búsqueda de equilibrio entre mi vida personal y profesional.
—Te descubrimos con Macarena Ferreira en la serie «Vis a Vis». ¿Fue este personaje el que hizo despegar tu carrera?
—Sí, totalmente. Macarena Ferreira me cambió la vida e impulsó mi carrera y estaré eternamente agradecida.
—La serie fue un tremendo éxito. ¿Te viste superada en algún momento por tanta fama y popularidad?
—Quizás sí, me vi un poco superada, porque todo sucedió muy rápido y no me dio tiempo a asimilar el éxito. Además, este bum de la serie ha ido en aumento con el tiempo, porque en el 2020, durante la pandemia, Vis a Vis fue un éxito también a nivel internacional, en países como Brasil e Italia. Jamás pensé que esta serie iba a pegar tan fuerte y a tener esa repercusión y proyección fuera de nuestro país. Eso también hizo que se conociera mi trabajo como actriz fuera y me dio más visibilidad.
—¿En algún momento te has sentido desenamorada de tu profesión?
—No. Siempre he estado ahí, me he ido manteniendo en el tiempo. Es verdad, que ha habido años que no he tenido un volumen de trabajo excesivo, pero me siento muy afortunada con mi recorrido. Soy una privilegiada, porque esta carrera es muy inestable y hay mucha incertidumbre y aquí sigo 20 después y con las mismas ganas que el primer día.
—El año pasado te lanzaste y dirigiste tu primera película «El retorno de Júpiter», un proyecto en el que escribiste también el guion y fuiste una de las protagonistas. ¿De dónde surge la necesidad de dar el salto a la dirección?
—Amo mi oficio de actriz, pero este tiempo atrás me di cuenta de que necesitaba explorar otras facetas de la profesión. Además, sentía que el deseo de contar historias, que es lo que más me fascina de ser actriz, necesitaba hacerlo desde otra perspectiva, ampliando el foco como narradora. Hace tiempo ya había producido un par de películas y me picó la curiosidad sobre cómo sería sentirme detrás de la cámara y fue una experiencia muy enriquecedora e inolvidable. Deseando repetir.
—También has puesto en marcha un proyecto personal donde impartes cursos y retiros enfocados a la interpretación desde el autoconocimiento. No paras.
—Sí, estoy muy contenta. Es un laboratorio de interpretación, desarrollo personal y expresión artística, donde imparto cursos y talleres para conectar a través de la danza, del cuerpo, a conectar con nosotros mismos y nuestra creatividad. Estoy muy ilusionada, la verdad.
—Si no hubieses sido actriz, ¿a qué te habrías dedicado?
—Siempre he tenido muy claro que me iba a dedicar a algo artístico. No sabía muy bien el qué. Yo estudiaba violonchelo, también hice danza y desde muy pequeña escribía, una afición que he retomado y de la que me siento muy orgullosa. Me tiraba la expresión artística y aquí sigo. Parece que acerté.
—Y cuando un día se tuerce y surgen dificultades. ¿Qué haces para sentirte un poquito mejor?
—Me vienen a la cabeza mis perritos, ellos me ayudan mucho. Me aferro a la sencillez de las cosas, al aquí y al ahora. Cuando tengo un mal día, me pongo a bailar. También escucho música, que me encanta. Pero, es más una cuestión de actitud y de enfocarme en lo realmente importante.
—¿Qué le diría la Maggie de hoy a la Maggie adolescente?
—Paciencia. Soy muy impaciente para mí, lo confieso. Las cosas pasarán cuando tengan que pasar. No hay prisa. Paso a paso. Cada experiencia tiene su momento. Y si no acontece, pues ya surgirá algo diferente. Pero esta actitud, la he aprendido con los años.
—Te llamas Maggie, porque a tu madre le gustaba el nombre de un personaje (Maggie Gioberti) de la popular serie «Falcon Crest». ¿Ella es la que te pone los pies en el suelo?
—Sí, era fan de la serie y por eso me llamo Maggie. Soy Capricornio y a veces sueño y me dejo llevar por las ilusiones y otras permanezco más a ras de suelo. Busco permanentemente ese equilibrio. Mi madre, mis amigas, mi mejor amiga, son las que me mantienen en la tierra y me ayudan a volar y a enfocarme en la vida.
—¿Miras al futuro?
—Me he acostumbrado tanto a enfocarme en el presente, que no miro a largo plazo, me da un poco de miedo. Tengo proyectos de aquí a un par de años, pero ya veremos lo que pasa. Si sueño en voz alta, pues me encantaría que mis proyectos personales tuvieran fruto en la historia del cine español y dejaran huella. A ver.
—¿Qué le hace feliz a Maggie Civantos en este miércoles caluroso del mes de agosto?
—Pues estoy feliz escribiendo frente al mar con la compañía de mis perritos. Soy feliz con las cosas pequeñitas de cada día y con la gente a la que quiero, no necesito grandes cosas.