Aislados en plena naturaleza. Un grupo de amantes de los animales convivirán durante un fin de semana en un entorno seguro y único con un programa pensado en todos
23 ago 2026 . Actualizado a las 18:21 h.Durante tres días, los únicos ladridos que se escucharán en este pequeña aldea gallega no molestarán a ningún vecino. Primero, porque no hay vecinos. Y segundo, porque un grupo de amantes de los perros ha alquilado una aldea entera (con tres edificaciones ya se puede utilizar este término) para compartir unos días con sus mascotas, disfrutar de actividades al aire libre y experimentar una forma de turismo cada vez más demandada: viajar sin tener que dejar a los animales en casa.
A Juan Ferrer, adiestrador canino que cuenta con una escuela canina en Guísamo (Bergondo), que suele organizar actividades, principalmente de manejo de correa y de mantrailing (consiste en entrenar a los perros para rastrear y encontrar a una persona específica utilizando su olor único para potenciar el olfato) con sus alumnos más fieles, «su comunidad», se le ocurrió ir un paso más y organizar una especie de retiro para convivir un fin de semana y seguir mejorando esas habilidades en un escenario real. «Principalmente, lo que busco es que se lo pasen bien, que tengan una experiencia grata y agradable, pero que poco a poco se atrevan a meterse en situaciones similares en la vida real. Si tienes un perro y te vas de paseo al monte, siempre surgen momentos que va a costar afrontar, por eso intento buscar situaciones parecidas de forma controlada para que vivan esas experiencias», indica Ferrer, que le comentó lo que buscaba a Mónica Cubeiro, de la agencia Monican, que enseguida movió la otra pieza de este dominó. Porque esta experiencia, que se celebrará el fin de semana del 24 de octubre en la aldea Santo André, en Reiriz de Veiga, en Ourense, tiene, nunca mejor dicho, varias patas. Mónica, a su vez, puso en contacto a Juan con Ángeles Paz Quintas, que, como ya contó en su día YES, gestiona la primera agencia de viajes pet friendly de Galicia, Rekunchos. La experta en destinos caninos se puso manos a la obra para intentar localizar un lugar «tranquilo» en el que pudieran alojarse diez personas con sus perros con seguridad, y que a la vez fuese cómodo. El complejo turístico de Aldea Rural Santo André reúne todas las características que están buscando, ya que además de ser enorme, con muchos espacios abiertos, en los que los perros pueden andar sueltos sin molestar a nadie, es perfecto para grandes grupos (máximo 23 personas) ya que cuenta con seis habitaciones con baño privado y entrada independiente, un apartamento familiar, cocina común, salón compartido, jardín, porches y barbacoa. «Es una aldea perfecta para hacer actividades con perros sin molestar a otros vecinos», señala Ángeles, que aunque es la primera vez que organiza un evento de este tipo, ya que ella trabaja más con familias, dice que este tipo de actividades es recomendable hacerlas a través de una agencias para que vayan con seguro y con todas las precauciones oportunas, y, sobre todo, «estén tranquilos durante su estancia». Entre otras cosas, están trabajando en una guía que les entregarán con zonas de paseo, y otros servicios, como veterinario, para que no quede ningún cabo suelto.
Hace unas semanas, todas las partes implicadas se desplazaron hasta esta aldea del Xurés para conocer en primera persona la localización y hacer una especie de prueba piloto y que no falle nada de cara a la convivencia canina prevista para octubre. Los recibieron Carolina López y Fernando Marcos que regentan el complejo, con el que tuvieron una especie de flechazo durante unas vacaciones. «Vinimos en agosto del 2018 de vacaciones, y nos enamoramos del lugar. Nosotros somos de Madrid, y ya llevábamos dos años pensando en cambiar de vida, así que como mi pareja y yo teníamos los mismos intereses se lo comentamos al propietario, que casualmente también quería cambiar de vida. Vendimos nuestra casa de Madrid, y desde enero del 2020 estamos aquí», cuenta Carolina, que pone en valor el recinto que gestiona que, al tener un mínimo de tres viviendas —tiene cuatro si se cuenta con la casa en la que viven ellos—, se puede considerar una aldea. «Es diferente a otras casas rurales, porque es una aldea completa dedicada al turismo rural. Estamos muy alejados de todo, tenemos a 700 metros, Congostro, una aldea de apenas 30 habitantes, y a 16 kilómetros, Xinzo de Limia. Un espacio único que cuenta con dos hectáreas de terreno, donde se pueden hacer rutas de senderismo... », apunta Carolina.
Cuando le hablaron del lugar, a Juan le pareció que encajaba perfectamente en lo que estaba buscando. «Porque tiene la posibilidad de no molestar a nadie, porque son particulares, al final son novatos, y quiero que el margen de error sea mínimo», apunta el adiestrador, que señala de esta manera no hay «el temor de que aparezca alguien, que haya un descuido, porque hay perros, y pueden pasar cositas, porque a veces son impredecibles». Por todo esto, por la comodidad, por las rutas que ofrece el entorno, la tranquilidad, la intimidad... es el lugar «idóneo». Ellos mismos lo pudieron comprobar el día que se desplazaron el pasado mes de junio. «A mí me encantó, me hubiera gustado quedarme allí escuchando el silencio, oliendo naturaleza... Ya no solo por los perros, también por los humanos. Es como si salieras del mundo. Una conexión con la naturaleza cien por cien», señala Mónica que fue acompañada por sus tres fieles compañeros: Dubái, Gizah y Capri, que pudieron socializar con Byron (el perro de Ferrer) y Sugus (el de Carolina y Fernando). «Es una tranquilidad absoluta saber que no va a pasar nada, ni van a hacer ninguna trastada», indica Mónica, que suele colaborar con el equipo de Ferrer.
UN GRUPO MUY ELEGIDO
Aunque quedan unos días para materializar el plan, Juan ya está perfilando el programa que tendrán por delante. Después de la bienvenida y de que los perros, con calma, se saluden, empezarán a realizar las actividades, con especial hincapié en el desarrollo de la habilidad del manejo de la correa, «porque esto va a determinar cómo el perro se va a relacionar con el entorno». «Luego con el perro suelto ya hablaríamos de otra historia, el cómo ayudarle a gestionar todos los estímulos que le rodean de una forma adecuada, sin tener que estar peleándonos con él», apunta Ferrer, que también ha planeado salir a hacer alguna ruta por la zona, que contará con paradas para ir proporcionado consejos e información útil para los dueños de los animales, además de los trabajos de rastro. «No es solo dar un paseo, hay que potenciar esas cualidades. La nariz del perro es el sentido principal. Pero como la mayoría de ellos en la ciudad, por la sobreestimulación que tenemos, de ruidos, visuales, no es que dejen de utilizarla del todo, pero sí para recoger información, y empiezan a emplear más la vista, el oído... y entonces aparecen problemas».
Juan elige muy bien a los grupos con los que realiza las actividades. No todos son aptos. Necesita conocerlos y seleccionar a las personas y a los perros con el nivel adecuado para que puedan vivir esta experiencia de la mejor manera posible. «Tengo una comunidad, que son los alumnos que ya llevan más tiempo conmigo, y dentro de ella, miro los que lo necesitan y los que se pueden adaptar. Si empieza alguien nuevo, hasta que yo no los conozca, hasta que no vea en qué punto está la relación de ellos dos, porque al final son un binomio, un equipo, que haya un control mínimo, una comunicación correcta, sería contraproducente por mi parte meterlos en esta actividad», dice Juan, que después de valorar el lugar prevé reunir a un máximo de diez personas con sus perros para llevar a cabo de las actividades de una manera controlada.
Los perros que se juntarán en esta convivencia canina ya han coincidido previamente en los seminarios y otras quedadas del centro que tiene en Bergondo, y los que no, todavía tienen margen hasta la fecha para hacerlo en actividades que vaya haciendo, donde aprovechará para ir explicando un poquito las dinámicas del planning y que nadie llegue perdido.
El casting está en marcha y la experiencia será la primera de muchas, porque Ferrer ya adelanta que si sale bien, repetirá.