La primera «embajada» de Curazao está en Galicia

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El primer ministro de Curazao, Gilmar Pisas, con el coruñés Milu durante su visita al país
El primer ministro de Curazao, Gilmar Pisas, con el coruñés Milu durante su visita al país

Emilio Fernández Lezcano, Milu, creó una embajada ficticia para apoyar a Curazao en el Mundial y acabó conociendo al primer ministro del país

14 ago 2026 . Actualizado a las 13:41 h.

No tiene edificio, ni funcionarios, ni una bandera ondeando en la puerta. Tampoco figura en ningún registro diplomático. La primera «embajada» de Curazao en España nació en un banco del monte de San Pedro, en A Coruña, con un móvil y casi de broma. Unas semanas después, su creador estaba estrechando la mano del primer ministro del país.

El protagonista de esta historia es Emilio Fernández Lezcano, Milu, un influencer coruñés que convirtió una curiosidad sobre fútbol en una auténtica tendencia. Todo empezó mientras buscaba historias sobre el Mundial. Entre los datos encontró uno que le llamó la atención: Curazao, una isla de poco más de 150.000 habitantes, se había clasificado por primera vez para una Copa del Mundo. Aquello le hizo pensar inmediatamente en su equipo: «Me imaginé qué pasaría si el Dépor fuera al Mundial y empaticé completamente con ellos», recuerda.

Le sorprendió que un país que acababa de lograr un hito así apenas tuviera presencia internacional, así que decidió hacer algo para cambiarlo. Creó la «Embajada Popular de Curazao» y empezó a contar curiosidades sobre la isla y a animar a su selección como si hubiera nacido allí. Lo que empezó como un juego fue creciendo hasta hacerse viral. Los vídeos comenzaron a circular por España y terminaron llegando al otro lado del Atlántico.

Primero, recibió una invitación para ver el último partido de la selección junto al embajador de Curazao en los Países Bajos. Después llegó una propuesta todavía más inesperada: el Papagayo Beach Hotel, ubicado en la playa Jan Thiel, le invitó a realizar su primer «viaje diplomático», cubriendo el alojamiento y los vuelos para que conociera el país. «Me vinieron a buscar al aeropuerto y terminé conociendo al primer ministro, Gilmar Pisas», explica. Durante el encuentro hubo intercambio de regalos. Milu recibió la segunda equipación del equipo y los curazoleños se llevaron un pin de A Coruña como recuerdo. Entre conversación y conversación también hubo tiempo para pedir deseos: un vuelo directo entre España y Curazao.

Su agenda parecía la de un auténtico representante institucional. Pasó por la televisión y la radio, visitó la Federación de Fútbol y recorrió la capital en patinete. Sin embargo, los momentos que más recuerda fueron los que no estaban previstos. Entre ellos están muchas charlas sobre el Deportivo. «Me sorprendió que todo el mundo conocía al Dépor. Se habían enterado de que habíamos vuelto a Primera y hablaban mucho de Roy Makaay», cuenta entre risas.

Pero eso no fue todo. Pese a encontrarse a más de 6.000 kilómetros de Galicia, tuvo la sensación constante de estar rodeado de gallegos. «Te sientes como en tu propia casa. Es como estar en tu ciudad, pero siendo un país entero», resume. El idioma tampoco supuso ningún obstáculo. Aunque las lenguas oficiales son el neerlandés y el papiamento, este último comparte palabras con el castellano, lo que le permitió hablar en español sin problema. Esa facilidad le vino bien, porque no dejaron de invitarlo a planes durante toda su estancia.

En un bar conoció a un murciano que trabajaba como coctelero y que acabó llevándolo a su cumpleaños, y un venezolano le regaló toda la colección de cromos de la selección de Curazao. Aunque el momento más especial llegó al encontrarse con dos curazoleños que viven en Málaga. «Me dieron las gracias por hablar de su país, me dijeron que mucha gente ni siquiera sabe que Curazao existe». Una embajada nada oficial, pero con algo único: la capacidad de dar a conocer un país que semanas atrás era desconocido para muchos.