Podemos vivir hasta el año 9999

YES

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Mucho antes de que la biología tome una decisión irreversible y apague todos tus sistemas, la sociedad despliega un catálogo más o menos explícito de indicativos que te preparan para la despedida. Son como pistas, miguitas de pan que desactivan cualquier intento de hacerte la chavala, incluso cuando has incorporado a tus rasgos sesiones permanentes de Indiba o el mismísimo lifting facial en plano profundo que ha dejado a la madre de las Kardashian con cara de primera comunión. Por si nadie en tu entorno ha pasado por el trance, que sepas que en cuanto cumplas 70 y renueves el DNI, la fecha de caducidad que aparecerá en tu documento será la del 1 de enero de 9999, que leído de pronto lo mismo suena optimista máximo que perverso total. Optimista porque semejante fecha concede a su propietario una posible esperanza de vida que de facto lo lanza a la inmortalidad, y perverso porque tamaña barbaridad solo puede ser un chiste o una ocurrencia administrativa. A partir de ese instante, las visitas a comisaría para renovar desaparecerán y vivirás con la certeza de que ese diploma de ciudadanía será el último de tu vida y con el que te encajarán en la incineradora.

Para sortear una perspectiva tan sombría pensemos que este umbral de los 70, a partir del cual ya no tendrás fecha de caducidad porque la Administración entiende que todo en ti ya es caduco, debería ser actualizado si la esperanza de vida sigue a esta marcha y la actividad sénior tan febril. Pensemos que si la posibilidad de llegar a los 100 se ha disparado en las últimas décadas, será muy difícil pasar por el control de pasaportes con una cara septuagenaria cuando has superado el siglo de vida. Y aquí introduzco un dato: en el año 1900 la esperanza de vida al nacer era de 35 años.

Es muy interesante que se haya elegido esos guarismos y no la alternativa del 0000, que sería mucho más deprimente, como un borrado explícito y descarado de lo que un día aportamos a este mundo.

Explorando en los valores de ese 9999 descubro que en el Mesozoico digital se usó como valor máximo simbólico o código de error genérico, mucho más coherente esto último con su uso en nuestra identidad biológica. Y también descubro que más de uno ha tenido problemas en los aeropuertos cuando un cartesiano alemán interpretó la despendolada fecha de caducidad como una evidencia de timo documental. En realidad, la extravagancia la han impuesto los sistemas informáticos que exigen cifras donde antes ponía «validez permanente». Qué importa, en fin, la biología ante la imposición de una máquina. Hagámosle caso.