Historia de un mercadillo nunca visto en Galicia

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La respuesta del público fue extraordinaria. Durante las casi cinco horas de mercadillo no dejó de pasar gente. Todos quedaron contentos, vendedores y compradores. Pero, en realidad, el primer Car Boot Sale que se celebró en Galicia no fue como le hubiese gustado a la organizadora. En el imponente mirador del estuario da Foz, entre A Ramallosa y monte Lourido, en el ayuntamiento de Nigrán, no hubo ni un solo coche y nadie vendió desde su maletero. «Quise hacerlo igual porque se había apuntado mucha agente y la expectación era grande. Estoy muy agradecida al Ayuntamiento, pero no había otro sitio disponible y en este resulta imposible acceder con vehículos. Preferí ponerlo en marcha como un mercadillo piloto y la siguiente edición, que será el 13 de septiembre, tendrá lugar en el campo de fútbol de monte Lourido, ahora mismo ocupado por un circo», explica Arantxa García. Lleva una década residiendo en este municipio y reconoce que siempre soñó con imitar, a la gallega, un concepto que descubrió en sus viajes al Reino Unido. «Ya empezó en los años setenta y la cultura de mercadillos de segunda mano está muy extendida allí. En una zona de Birmingham, como si fuera un ritual, los domingos a las siete de la mañana la gente se concentra en una zona, aparca sus coches y pone a la venta lo que lleva en el maletero. En algún car boot compré tesoros que todavía tengo guardados. Siempre me encantaron, desde el Rastro de Madrid a los mercados de segunda mano de Asia. Llevaba años deseando montar uno y hablé con el alcalde y tiramos para delante. También fue un motor mi hija de 13 años», explica, mientras siguen llegando curiosos a este lugar mágico en el que se celebró un mercadillo nunca visto en Galicia. 

VECINOS VENDEN Y COMPRAN

En otras países es algo habitual, pero en España la cultura de la segunda mano no es tan antigua. Ahora ya no se ve como algo raro y, visto lo que sucedió en Nigrán, este tipo de iniciativas van a ser habituales. «No me dedico a esto y es el primero que monto, pero ya me pidieron que haga más. Esta vez hubo 29 expositores y 63 se quedaron en lista de espera. Para el próximo tendrán prioridad y, si hay espacio, repetirán los del primer día. La idea es que se celebre el primer domingo de cada mes en un sitio abierto y, en caso de que la meteorología no acompañe, meternos en un polideportivo aunque sea sin coches», apunta la promotora del pionero evento.

Lo más llamativo es que los que se apuntaron fueron vecinos de la zona que decidieron darle una nueva vida a algo que tenían en casa y que no utilizaban, pero que les daba pena tirarlo a la basura. Y muchos de los compradores son vecinos de los anteriores que sí que están interesados en objetos que en otra vivienda ya no tenían espacio. Hubo piezas que cambiaron de domicilio gracias a este mercado de los maleteros. «Todos se quedaron contentos. No tengo grandes expectativas ni grandes pretensiones, lo hago porque me gusta y creo que tendré que organizar más dado el éxito», analiza Arantxa, que cree que es un tipo de mercadillo que genera comunidad. En un mundo cada vez más individualizado, el maletero de un coche puede ser el nexo de unión de los vecinos, aunque solo sea una vez al mes. Todo comenzó en A Foz do Miñor, con las garzas y garcetas como testigos y con miles de asistentes.