Pablo Pérez Pastor, «el adolescente estoico»: «Sabía que el tiempo con mi madre se podía acabar y lo que hice fue disfrutarlo al máximo»

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A los 15 años tuvo que afrontar la muerte de su progenitora, pero, lejos de perderse, decidió buscar refugio en la escritura y en los buenos momentos que había pasado a su lado. Ahora publica sus reflexiones para ayudar a los demás

10 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Pablo Pérez Pastor (Valladolid, 2008) tenía solo 15 años cuando comenzó a escribir Desarrollo personal para ovejas negras. El también conocido en redes como El adolescente estoico comenzará este año la carrera de Psicología en la Universidad de Salamanca con un libro debajo del brazo. En un primer momento lo concibió como unas simples reflexiones personales de autoayuda, pero poco a poco fue cogiendo forma hasta que la editorial Penguin Random House se lo acabó publicando. Tras el fallecimiento de su madre, él encontró el camino hacia la tranquilidad a través de estas reflexiones, y sintió la necesidad de ofrecerlas a los demás. Este libro va dirigido a quienes están cansados de respuestas simples y buscan algo más que eslóganes motivacionales.

—¿Qué te llevó a escribirlo?

—Lo empecé hace cuatro años. Al principio, simplemente era un manual para mí. Yo siempre fui de leer libros, de ver vídeos por YouTube y de aprender cosas de otras personas. Y luego me apuntaba mis propias reflexiones. Un día se me ocurrió meterlas todas en un documento de Word para tenerlas organizadas. Y así fui escribiendo un montón de reflexiones. Pero eran cosas sueltas, no tenían relación entre sí. Entonces, fui ordenándolas por capítulos, pero sin que tuvieran forma de libro. Hasta que me dije que si esto me podía ayudar a mí, también podría ayudar a otras personas. Fue así como decidí escribir el libro, ya desarrollando bien los capítulos e investigando sobre los temas e informándome. Luego lo publiqué en Amazon y ahí fue cuando me escribió la editorial Penguin Random House diciéndome que les interesaba.

—¿Por qué ese título, te consideras una oveja negra?

—Yo creo que todos somos raros. Pero no en el sentido negativo, sino que todos, en cierto punto, tenemos algo que nos hace diferentes, que nos hace extraños al resto. Pero no tiene por qué ser algo malo. Siempre se habla de las ovejas negras como algo distintivo, diferente. En realidad, todos deberíamos ser ovejas negras, porque todos somos diferentes a nuestra manera y todos tenemos algo que nos hace especiales y que, si se desarrolla, nos puede llevar a lograr cosas maravillosas. Y ese punto diferenciador es el que nos hace singulares y raros. De ahí el título, porque no es un libro para aquellos que se creen mejores que el resto o que piensan que todo gira en torno a ellos, sino que es un libro para aquellos que aceptan sus diferencias y quieren desarrollarlas.

—En tu perfil de Instagram has hablado abiertamente del fallecimiento de tu madre a causa de un cáncer cuando apenas tenías 15 años. ¿Te ayudó escribir en esos momentos?

—Me permitió desarrollar mi forma de afrontar el dolor y el sufrimiento. También me ayudó a gestionar lo que sentía en ese momento y cómo quería hacer las cosas. No me arrepiento de nada porque, gracias a que pude tener a mi madre hasta los 15 años, ella me enseñó muchas cosas. Era una persona maravillosa. Entonces, a raíz de escribir el libro, aprendí mucho de la aceptación y de cómo afrontar el dolor. Y a raíz del fallecimiento de mi madre también incluí nuevos capítulos que me parecían importantes como, por ejemplo, el estoicismo, la muerte, la felicidad.... Siempre se habla de bienestar, pero nunca se tratan temas tan importantes como saber afrontar el dolor y la muerte. La gente tiene miedo a hablar de ello. Y es normal, porque es algo que nadie lo desea, pero está ahí siempre. La muerte de mi madre fue un episodio muy duro, pero me permitió aprender muchas cosas.

—¿Qué es lo que te ha enseñado?

—Al final, no consiste solo en lamentarse por lo que has perdido, sino también en disfrutar cuando has podido. Disfrutar y sonreír también por lo que has podido vivir con esa persona. Todo es un aprendizaje. Y ojalá que no hubiera pasado, pero a veces las cosas no se pueden controlar. Y, o usas eso a tu favor, o si no, simplemente, caes en un pozo de sufrimiento que no te va a llevar a ningún sitio.

—¿Cómo lo afrontaste siendo tan joven?

—La verdad es que estaba bastante mentalizado. Hay una técnica que cuento en el libro, en el capítulo del estoicismo, que consiste en la visualización negativa. Es una técnica bastante dura que no resulta agradable, pero que consiste básicamente en imaginarte que esa persona se ha ido. En este caso, en imaginarme la muerte de mi madre. Y el ser consciente de que ese momento puede llegar, te ayuda a saber aprovecharlo todo más. Cuando estaba con mi madre, sabía que el tiempo con ella se podía acabar, entonces lo que hacía era disfrutar al máximo el tiempo que me quedaba con ella. Que pasara lo que tuviera que pasar. Y, al final, ocurrió. Creo que no me lo tomé tan mal como toda la gente a mi alrededor se pensaba que me lo iba a tomar, aunque fue muy duro.

—¿Por qué crees que ha sido así?

—Si algo me enseñó mi madre es que por muy malas cosas que ocurran, siempre tienes que tener una sonrisa y aprovechar todo lo que sigues teniendo. Y yo todavía tengo a mi padre, a mis abuelos, a mis amigos que me apoyaron mucho, y me quedo con eso. La muerte es algo inevitable, pero también depende de la perspectiva de cada uno y de cómo decides afrontarlo. No depende tanto de la edad, sino de la preparación que se ha hecho previamente.

—En el libro también hablas del perdón y te planteas una pregunta: «¿Perdonar nos hace más felices?».

—El perdón no te hace feliz, pero sí te permite ser feliz, te ayuda a alcanzar un estado de gratificación contigo mismo. Si vas cargando resentimiento y rencor, llega un momento en que esa bolsa va a explotar y te vas a sentir mal contigo mismo. Si odias a otra persona, al final el que sufres eres tú. Y el perdón sirve para soltar. Todo lo que no sea perdonar o disculparse cuando haces algo mal, viene del ego. Entonces, es muy importante tanto perdonar como pedir perdón, las dos cosas. Cuando perdonas a otra persona, sueltas todo ese rencor y malestar, y te quedas con lo bonito. Sigues con tu vida y no pasa nada. Quizás ya no volverás a confiar en esa persona, y no tienes por qué darle una oportunidad, pero eso no quita que debas perdonarla. Todos nos merecemos el perdón. Es una forma de aliviarnos a nosotros mismos y de aliviar la carga de los demás.

—En nuestra sociedad, siempre hay que ganar. No se admiten a perdedores.

—El problema de nuestra sociedad es que vamos tan rápidos que la gente no se permite fracasar. No se permite fallar, porque es como quedarse atrás. Si la gente tiene miedo a fracasar es por ello. Teme no lograr lo que quiere conseguir. En cierto modo es una falta de autoestima. Es normal sentir miedo al fracaso, pero es algo inevitable y biológicamente estamos diseñados así. Si no tuviésemos miedo a fracasar, cometeríamos muchos más errores. Pero tenemos que encontrar el equilibrio entre ser realistas y tirarnos a la piscina sin nada de preparación. Porque también a veces nos lanzamos a hacer cosas que no tenemos la certeza de que vayamos a acertar. Fallar no es malo, todo lo contrario. Se aprende más de los fracasos que de las victorias. Fracasar te enseña mucho más. Y hay que tener paciencia. Ese es el verdadero problema de la sociedad, que no tiene paciencia. Y no la culpo, porque no tenemos tiempo de pararnos a pensar si estamos haciendo lo que queremos o lo hacemos por los demás. En el momento en el que entiendes por qué lo haces, ya no importa tanto fracasar, ni tampoco el resultado.

—¿Por qué hablas de la felicidad como un espejismo, como una cortina de humo?

—Porque siempre se ha dado por hecho que el fin de la vida es la felicidad. Y en cierto modo, puede tener sentido, pero es un concepto tan abstracto que muchas veces se confunde con cualquier otra cosa. Por ejemplo, con placer o con gratificación, y eso no es felicidad. La felicidad es estar en un estado en el que estás conforme contigo mismo, con lo que te ocurre y no necesitas nada más. Evidentemente, siempre vamos a buscar algo más, a tener un nuevo éxito de alguna forma, porque somos ambiciosos, somos inconformistas por naturaleza. En el caso de los primates, si alguien se conforma, lo más normal es que se muera. El problema es que vivimos en una sociedad en la que tenemos todo al alcance de nuestra mano, y eso nos lastra. No nos permite disfrutar de verdad, porque estamos tan preocupados buscando la felicidad que se nos olvida de disfrutar lo que estamos haciendo. La felicidad no es una meta, sino el camino por el que llegas para recorrerla. Y ese camino puede estar lleno de fracasos, no tienes por qué estar constantemente feliz, ni sonreír permanentemente, sino ser capaz de entender por qué nos pasan las cosas y no sentirnos mal por ello. Aceptar cómo eres y lo que sientes. No necesitas nada más. No necesitas tener un éxito más, ni más dinero, porque ya estás conforme con lo que tienes.

—¿Hay vivir más el presente?

—Hay que saber disfrutar del momento, de la situación que nos ha tocado vivir. No hay que estar buscando todo el rato algo nuevo, o estar pensando en lo que vamos a hacer dentro de un año. Si te vas de viaje, disfruta de ese momento. No necesitas otro viaje mejor. Aprovecha para estar en paz contigo mismo.