Huyen del grano quemdo, apuestan por la máxima calidad y conquistan a públicos de todas las edades. Hoy en YES recorremos los cinco proyectos con sello local que invitan a descubrir el verdadero sabor del café
07 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El café comercial, amargo y quemado, de las barras tradicionales va dejando paso en Galicia a un consumo mucho más consciente y pausado. El de especialidad —aunque para algunos sea una «moda de pijos»— se ha convertido en todo un estilo de vida. Muchos locales han dejado de ser simples cafeterías para transformarse en centros integrales que diversifican su negocio. Estos cinco establecimientos distribuyen su propio producto, ya sea vendiendo en línea o suministrando a otros locales, pero con un nexo común: todos tuestan su café aquí, en Galicia.
Cuando el equipo de Urban Roasters encendió sus tostadoras en Viveiro allá por el 2020, sabían perfectamente dónde se metían. Lejos de verlo como un riesgo, contaban con una ventaja estratégica clave ligada a la tierra: «A Mariña lucense siempre ha tenido algo clarísimo: cuando un producto es bueno, aquí se detecta al instante». Vieron la oportunidad perfecta para aterrizar el concepto de alta calidad en una comarca que, si bien no estaba familiarizada con la etiqueta «de especialidad», sí presumía de paladar exquisito y exigente.
El sello distintivo de la casa reside en haber democratizado este universo. «Creemos que disfrutar de un gran café no debería ser algo elitista ni reservado a expertos. Nos interesa tanto la persona que lleva años dentro del specialty como quien prueba un café de origen por primera vez». Su meta no es deslumbrar con formulaciones complejas ni lecciones magistrales, sino ofrecer tazas limpias, dulces y amables, aunque sin renunciar a una gota de profundidad. Como explica su dueño, Álex Rodríguez, la clave está en el respeto a la materia prima: buscan «que cada origen mantenga su identidad y que el tueste sirva de acompañante, no de máscara».
¿El secreto de sus deliciosos cafés? Huir de radicalismos. En Urban seleccionan minuciosamente perfiles aromáticos amables —notas achocolatadas, especiadas y dulces— mientras esquivan la acidez que suele intimidar en los primeros sorbos a los clientes novatos. ¿Su fórmula mágica de iniciación? Un buen grano lavado de orígenes como Brasil, México o Colombia, listo para brillar incluso en la clásica cafetera italiana de toda la vida.
Inaugurado en julio del 2022 en pleno corazón de Santiago de Compostela, Shot Me Coffee nació en un momento en el que el café de especialidad era casi un terreno virgen en la ciudad. Concebido con una estructura diáfana y una barra totalmente abierta al público, el objetivo de sus fundadores era claro: eliminar cualquier barrera visual para enseñar de tú a tú todo lo que ocurre detrás de una taza. Para controlar el proceso al milímetro y conectar directamente con el origen del grano, tomaron una decisión clave: tostar su propio café aquí, en Galicia.
Aunque el café de especialidad exige un precio más elevado, en el local insisten en hacer pedagogía pura: «El coste va intrínseco a la calidad, no da mayores márgenes de beneficio», explican. Apuestan por productor de primer nivel para todos los componentes de un buen café: «La leche que utilizamos es de pasto y sabe a leche; cómo te sienta en el organismo, cambia muchísimo la forma de consumir». Sorprendentemente, lejos de atraer solo a un perfil joven o universitario, el mostrador de Shot Me Coffee se ha convertido en punto de encuentro para un público muy maduro. De hecho, sus responsables admiten registrar más clientes habituales por encima de los 50 años que por debajo de los 25.
El alma del proyecto se resume en «crear comunidad y divulgar cultura de café desde la cercanía», huyendo por completo del dogmatismo. Ante debates míticos como el del azúcar, su visión es tan pragmática como ilustrativa: «El azúcar es el kétchup del café; si se lo echas a un grano de calidad con notas a fruta, opacas su sabor. Pero si alguien ha tomado azúcar toda la vida, no vas a ponerle barreras; le sugerimos probarlo primero solo y luego decidir».
Detrás de Papayo no hay la típica historia de una cafetería al uso, sino un proyecto con alma de obrador artesanal y aroma trasatlántico. Fundado por una gallega y un colombiano afincado desde hace casi dos décadas en Cangas, este espacio nació con un posicionamiento radical y transparente desde el primer día: «No somos una cafetería; somos tostadores». Su misión no es despachar tazas a prisa, sino divulgar en las Rías Baixas la auténtica «cultura cafetera colombiana».
El proyecto bebe directamente de la pasión de su fundador, quien viaja periódicamente a Colombia para seleccionar a mano microlotes de origen directo procedentes de pequeñas fincas y cooperativas locales. Esos granos importados se tuestan artesanalmente en Cangas y se destinan, principalmente, a ser disfrutados en el hogar. Por eso, su local funciona como una boutique especializada donde orientan al cliente según el método que use en casa —sea espresso, cafetera italiana o de filtro— y donde, además de accesorios y básculas, es posible probar el producto in situ en multitud de extracciones (V60, Chemex, Aeropress o Cold Brew en verano).
Su concepto de «especialidad» huye de las modas efímeras de redes sociales y se centra de lleno en la trazabilidad real. «La especialidad no es poner una etiqueta bonita; es que sepamos exactamente de qué finca viene el grano, quién es el productor, la altitud, el clima y los procesos de esa cosecha. Es como entrar en una vinoteca», matizan. Bajo esa premisa, atraen a un perfil hiperheterogéneo que va desde vecinos maduros que antes viajaban a Vigo a por grano fresco hasta jóvenes de 18 años con curiosidad por aprender. A la hora de iniciarse, en Papayo rompen con el clásico espresso con leche y apuestan decididamente por los métodos de filtrado. Defienden que es a través del filtro como el grano desnuda todas sus notas florales o frutales, recordando siempre que el café es, en origen, una fruta que no debería necesitar azúcar para enmascarar un mal tueste.
Más que en catas pasivas, su apuesta pedagógica pasa por talleres prácticos de filtrado donde el cliente aprende a elaborar su propia taza perfecta. Una labor divulgativa que no busca la transacción rápida, sino construir una relación casi de amistad para enseñar a entender y disfrutar, trago a trago, lo que verdaderamente hay detrás de cada origen.
Fundado en Vigo por tres amigos sin tradición familiar en el sector pero movidos por un entusiasmo genuino, Hiday nació no solo como un local al uso, sino como un auténtico «centro de café»: un espacio dinámico concebido para beber, aprender y compartir. Desde este año han dado un paso decisivo al incorporar su propio tueste, una línea con la que buscan tender un puente directo entre el consumidor vigués y las comunidades agrícolas en origen.
En su barra, el trato cercano busca demoler la imagen elitista o esnob que a veces desprende este movimiento. «Al final esto es café, no un champán de 200 euros la botella; es una bebida diaria», recalcan. Con esa premisa democratizadora, desarman las reticencias sobre el precio demostrando que la diferencia frente a la hostelería convencional es de apenas unos céntimos. A cambio, el cliente recibe un control de calidad riguroso, trazabilidad ética y materias primas de primera línea, como la leche fresca de pastoreo. Esa misma naturalidad la aplican a la hora de educar el paladar. En su espacio no se sirve azúcar por defecto, sino que invitan a dar un primer trago a ciegas para descubrir el dulzor natural que preserva un tueste respetuoso. La respuesta de la gente habla por sí sola: casi nadie siente la necesidad de endulzarlo después.
Más allá del consumo diario en el local, su objetivo también pasa por acerar las historias detrás del producto a sus consumidores. En sus catas invitan a importadores e historias vivas del sector (como proyectos sociales de madres solteras en Ruanda) y organizan cursos donde enseñan a exprimir el grano en el hogar. ¿Su consejo para iniciarse en casa sin arruinarse en máquinas sofisticadas? La clásica cafetera italiana de 30 euros: la vía más sencilla y limpia para dar el salto al café de verdad. El verdadero pulmón y corazón de la empresa, es su local. «Le ponemos mucho cariño y hay familias enteras detrás que viven de esto», nos cuenta Aarón, uno de los responsables de la marca. Es el rincón idóneo que les permite recibir el valioso feedback directo del consumidor cara a cara y, al mismo tiempo, explicar de manera detallada la profunda historia humana o los proyectos de impacto social que respaldan a las familias productoras en las fincas de origen.
Mientras una buena parte de las cafeterías del sector del specialty tienden a envolverse en una atmósfera, los locales de Astro Café en A Coruña rompieron moldes desde su desembarco en el año 2018. Nacidas con la misión clara de acercar el café de alta calidad a todo el mundo, sus fundadores buscaron desde el primer día que nadie se sintiera intimidado o sintiera el producto como un artículo de lujo inalcanzable para la economía de cualquiera. El principal gancho de la marca que hace que quieras entrar en sus cafeterías es, sin duda, una propuesta estética repleta de color, un packaging sumamente divertido y una filosofía directa que busca «un café sin corbata».
A pesar de que el modelo de negocio de la marca ha encontrado un motor económico en la venta de café online, la venta física en sus cafeterías sigue siendo el pilar fundamental. Uno de los socios de la marca, Willy, cuenta sorprendido como «cada vez más personas más adultas y personas de entre 75 y 80 años son los que vienen a buscar sus bolsitas de café». Este tipo de público puede parecer el más complicado de atraer porque llevan muchos años acostumbrados a un tipo de sabor, pero cada vez más se acercan a investigar. Para todas aquellas personas que se sientan por primera vez en sus mesas o banquetas, la recomendación ineludible de la casa consiste en pedir su aclamado Rocket Blend. Este combinado, elaborado con granos seleccionados de Colombia y Brasil, se ha diseñado minuciosamente para ofrecer un perfil de taza sumamente suave, marcadamente dulce, facilitando una transición idónea desde el café comercial.