En martes a las 19.30 de la tarde en un cine de A Coruña. Solo quedan butacas libres en las dos primeras filas y en el multisalas se advierte un bullicio que desata una mezcla de felicidad y nostalgia. La película se titula La odisea y es el último artefacto de Christopher Nolan. Comparte cartel con el otro gran pelotazo de la temporada, el nuevo Spiderman. Entre las dos películas conforman una especie de álbum familiar de los actores del momento, Tom Holland y Zendaya, pareja en la vida y presentes ambos en el cartel de los dos filmes. Durante la proyección de este gran cacharro que se ha marcado Nolan se respira el ambiente de las salas llenas, la magia de sentarse todos juntos para escuchar una historia. Tiene gracia que esa historia sea precisamente La Odisea, transmitida por vía oral durante siglos y que ahora llegará a medio planeta gracias al cine.
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La proyección transcurre en el puerto de A Coruña, a unos metros de la feria del libro. Por la tarde había un jolgorio parecido en los jardines de Méndez Núñez, donde se apiñan las casetas de las editoriales y los autores presentan novedades. Es todo febril, familiar y austero y se sale del laberinto de carpas con la sensación de que el libro vuelve a estar de moda. El lunes, los visitantes escucharon con devoción al psicoanalista Manuel Fernández Blanco, convocado por Carlos Callón en el libro O amor, o odio e a ignorancia, una caminata imprescindible por las cosas del comer. Para comprar, depositar en la mesilla de noche y acudir a sus mandamientos cada noche, cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que la acompañan.
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El interés de los coruñeses por La odisea concurre con el del resto del planeta. Los corresponsables certifican que la película sobre la peripecia de Odiseo/Ulises y su apabullante e inesperada facturación han dado aire a un Hollywood en decadencia que ha encontrado una posible solución a su crisis en dos historias clásicas, la del hombre araña y la descrita en el poema atribuido a Homero sobre el que se ha levantado el canon de la literatura occidental.
Entre libros y cíclopes parecería que el mundo aún tiene solución.