Pepita Bernat, a sus envidiables 107 años: «Conocí al gran amor de mi vida a los 73. Yo era 18 años mayor que él»

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Marta Pérez | EFE

¡Así sí! Nació en 1919 y lleva una vida increíblemente activa: «Voy todos los domingos a La Paloma, en Barcelona. Bailar y trabajar es lo que he hecho toda mi vida». Ella es genio y figura

02 ago 2026 . Actualizado a las 14:47 h.

Verla hablar y moverse con la edad que tiene es increíble. Porque Pepita Bernat cumplió el pasado 15 de julio 107 añazos. Lo más impresionante no es que haya llegado a esta edad, sino el modo en que lo ha hecho, porque tiene una vida tan activa que resulta envidiable. Su cumpleaños lo acaba de celebrar por todo lo alto, como no podía ser de otro modo, en su querida sala de fiestas La Paloma, en Barcelona. A la que no suele faltar a su cita de los domingos para echar unos bailes desde hace casi la friolera de 90 años. Allí ya acudía de jovencita, cuando apenas tenía 16 abriles. Porque a bailona y trabajadora no hay quien le gane. Y tiene una historia fascinante. Fue una adelantada a su tiempo o, como le gusta a ella decir, «una aventajada».

Pepita es pura simpatía y desparpajo. Rápida en las respuestas y con una gracia que es su seña de identidad. «Será la primera vez que hablas con una persona que tiene 107 años, pero espero que no sea la última», comenta, mientras reconoce que se encuentra «perfecta», como si no hubieran pasado por ella más de 106 inviernos, y que ya está lista para ir a bailar el domingo. Es viernes y quedan solo dos días para que acuda a su cita semanal. «Si echo la vista atrás hago un balance buenísimo. Aunque no de todo. Mi matrimonio ha sido el mayor error de mi vida. Me casé por despecho y no salió bien», indica.

Su primer novio

Cuenta que apenas se conocían y que tenían personalidades muy distintas: «Tuve un primer novio del que estaba muy enamorada. La familia nos hizo enfadar, y claro, nos enfadamos. Entonces le dije que me iba a casar con otro. Y eso fue lo que hice. El que luego fue mi marido era conocido de la pareja. Me pidió relaciones y yo le dije que de relaciones nada, pero que si quería casarse, que bueno... Yo lo decía en broma, pero él se lo tomó en serio y fue cuando me dijo que nos casábamos. En tres meses arreglamos los papeles». Sobre ese primer noviazgo dice, sin entrar en muchos detalles, que alguna vez volvió a saber de él: «Se arrepintió de habernos enfadado, pero yo ya estaba comprometida».

«Mi matrimonio no fue bien, porque él era una persona completamente diferente a mí. Y, claro, en cuatro meses no conoces a nadie. Me llegué a fugar de casa hasta tres veces, y en aquellos momentos eso era abandono de hogar. Me tuvo que llevar la policía a casa», comenta mientras se declara «feminista» y «defensora de todos los derechos de la mujer».

«La última vez que me fugué me marché a Suiza. Ahí ya dije: ‘‘A mí no me detienen más’’. Aunque la situación ya era de otra manera, estuve en Suiza dos años trabajando, cuidaba de cuatro niños y me pagaban muy bien. El matrimonio también era extranjero. A los nueve meses, mi marido me encontró, pero tenía un contrato de trabajo y no lo podía dejar. Tampoco quería», relata.

«Al final me tuve que volver por mi padre. Si no es por él, no lo hubiera hecho. Se complicaron las cosas y mi marido iba a su casa en cada fiesta que había en el pueblo a meter cizaña. Entonces, mi padre me envió una carta en la que me decía que tenía que arreglar esta situación porque si no, podía pasar alguna cosa rara. Y ya me tuve que venir», comenta Pepita, que no ha tenido hijos: «Siempre he querido, pero no han venido. Y ahora tengo sobrinos. No me han faltado niños cerca».

Una vez que regresó de Suiza, su situación cambió y decidió emprender. «Como venía con dinero, era yo la rica y no él. Y los papeles cambiaron completamente. Empecé a tener negocios y todo me fue bien. Primero monté un chiringuito en la playa de Cubellas y una carnicería y una peluquería. Todo en Cubellas. Luego me vine a Barcelona y monté otra peluquería. Fui haciendo cosas, nunca he dejado de trabajar», asegura Pepita, que reconoce que siempre fue muy atrevida: «No sé si es por eso por lo que estoy viviendo tantos años, pero de momento, aquí estoy». Además, cuenta que siempre ha sentido el apoyo de su familia en todo lo que ha hecho. «Ellos siempre me han comprendido y han estado conmigo. Y la gente que no me ha comprendido, pues lo siento mucho por ellos. Los demás no me iban a decir cómo tenía que vivir mi vida», comenta esta mujer de bandera. Cuando tenía 68 años enviudó y cinco años después, su vida cambió por completo: «Conocí al gran amor de mi vida a los 73 años. Yo era 18 años mayor que él. Tenía 55. En la vida todo puede ser, se llamaba Carlos, y nos fue muy bien juntos. Nos enamoramos bailando. Bailar es mi debilidad. Trabajar y bailar es lo que he hecho durante toda mi vida», dice, mientras explica que hace ya algunos años que falleció y que lo echa mucho de menos.

«Cuestión de actitud»

Pepita no sabría decir cuál es el secreto para cumplir tantos años y con esa vitalidad. Y reconoce que tampoco es que haga muchas cosas extraordinarias para lograrlo: «Hago una vida normal y como normal. No sé por qué será. Igual es cuestión de actitud o de mi manera de ser. Solo tomo una pastilla para la circulación y las gafas las uso solo para leer. Mi médico de cabecera ya es mi amigo. Somos más que médico y paciente. No salgo todos los días, pero si un día me quedo en casa, me aburro. Prefiero salir. Vivo con mi sobrina Nuri. También tengo otra sobrina que, a su vez, tiene una hija. Tengo una familia muy cercana». Sobre si tiene un carácter fácil de llevar, responde que eso deberán contestarlo sus sobrinas: «Procuro no dar problemas, pero si surge algún problema gordo, pues ¡qué remedio les quedará...!».

Desde que nació en 1919, Pepita lo ha vivido casi todo. El reinado de Alfonso XIII, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República, la Guerra Civil, la posguerra y el franquismo, la Segunda Guerra Mundial, la transición, la democracia, el reinado de Juan Carlos I, el gobierno de Adolfo Suárez, el de Felipe González, Aznar, Zapatero, Rajoy, Pedro Sánchez, el fin de ETA, el reinado de Felipe VI... «Lo peor de todo ha sido la posguerra. Recuerdo muy malas cosas. No vale la pena ni recordarlas», añade.

A Pepita no le gusta mirar al pasado y tampoco es que piense demasiado en el futuro. Prefiere vivir el presente: «Tres días a la semana quedo con mis amigas a jugar a las cartas. También salimos a pasear y hacemos cualquier cosa que nos distraiga. Yo soy la mayor, claro». Aunque confiesa un deseo: «Me gustaría llegar hasta los 110 años así de bien, como estoy ahora. Con eso me conformo». Claro que sí.