El amor imposible de Vivien Leigh y Laurence Olivier

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Una tragedia teatral. La historia de los dos actores es propia del mejor drama. Se quisieron y se sufrieron a partes iguales, en una relación marcada por el trastorno bipolar de la actriz, las infidelidades... y Shakespeare

24 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando Vivien Leigh murió, a los 53 años, Laurence Olivier veló su cadáver en soledad, pidiéndole perdón por el pasado. Era 1967, llevaban siete años divorciados y los dos tenían otras parejas. Pero su relación, apasionada, tóxica, y dolorosa, los había marcado a ambos. Cuentan que, durante sus últimos años, el actor revisaba las películas de Leigh y murmuraba: «Eso sí que era amor». Pero aquel complicadísimo matrimonio, marcado por el qué dirán, los rumores sobre la homosexualidad, los problemas de salud mental y la fama tiene tantas lecturas como las obras de teatro que compartieron.

Laurence Olivier, figura clave del teatro británico, había nacido en Surrey en 1907. Mientras él empezaba a hacer teatro escolar, en la India británica nacía Vivian Harthley en 1913, en el seno de una familia bien que la mandó a un internado en Inglaterra con solo 6 años, para luego educarla por media Europa en una vida nómada en la que la niña ya hablaba de ser actriz. Olivier no paró de actuar en los años veinte, en teatro y en alguna película, pero fue en la década siguiente cuando consolidó su leyenda de actor shakespeariano.

Ella, mientras, trataba de avanzar en su carrera. Se había casado con un abogado, Herbert Leigh Holman, del que tomó el apellido que la acompañaría ya toda la vida, y la última a de su nombre era ya una e. Tuvieron una hija, Suzanne. Y aunque su marido no veía con buenos ojos el trabajo de Vivien, nada podía frenar la pasión por la interpretación de la actriz. Ni siquiera, según ella misma reconocía, una maternidad que le parecía limitante.

Uno de sus primeros éxitos fue la obra La máscara de la virtud. En una de sus representaciones, ¿quién estaba en el público? Olivier, que en sus memorias reconoció que la actriz le pareció «un atractivo de la naturaleza más perturbadora». Ella acudió a verlo en Romeo y Julieta. Fue al camerino a felicitarlo, una cosa llevó a la otra... y, tras algún encuentro, se hicieron amantes. Laurence estaba casado con la también actriz Jill Esmond. Las malas lenguas decían que era un matrimonio de conveniencia para tapar la verdadera orientación sexual de ambos. Sea como fuera, Leigh y Olivier se embarcaron en una doble vida. En medio del romance, él tuvo un hijo con su mujer. Aquel niño, llamado Tarquin, diría siempre que Leigh fue el gran amor de su padre.

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Una boda en Hollywood

Durante aquellos años de amor en la sombra, rodaron juntos Inglaterra en llamas. Después, llegaron los dos primeros grandes éxitos para ambos en Hollywood: Olivier se convirtió en Heathcliff en Cumbres borrascosas, de William Wyler. Leigh entró de lleno en uno de sus grandes empeños, conseguir el papel de Escarlata O’Hara en Lo que el viento se llevó. Aprovechando el rodaje de Olivier, se trasladó a Estados Unidos y convenció al hermano del productor David O. Selznick de que el papel tenía que ser suyo. El resto es historia.

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En aquel rodaje, sin embargo, comenzó la fama de actriz difícil. Que en una época en la que no se hablaba de salud mental, escondía en realidad un trastorno bipolar que no se diagnosticó hasta mucho más tarde. Mientras, su marido y la mujer de Olivier consintieron al fin en el divorcio, se quedaron con las custodias de sus respectivos hijos, y Vivien y Laurence se casaron en 1940 en Santa Bárbara.

Por fuera, eran la pareja perfecta. Pero en casa, e incluso en pleno teatro, las dificultades eran un hecho. Durante el rodaje de César y Cleopatra, Vivien sufrió un aborto que derivó en una profunda depresión. La salud de la actriz iba en picado, las crisis eran cada vez más evidentes. Y las infidelidades, también. La leyenda dice que ella era incansable en sus aventuras. Pero en voz baja, se daban también por ciertos los romances de él con otros actores, como Danny Kaye.

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Olivier contó que Vivien le había dicho que ya no lo quería, que para él fue un mazazo, pero siguieron juntos. De hecho, se fueron de gira a Australia con su compañía, y allí todo estalló. Vivien empezó una aventura con el actor Peter Finch, pero las crisis provocadas por la enfermedad eran cada vez más serias. En algún ensayo, el matrimonio acabó a bofetadas.

Final anunciado

Aún tendrían tiempo para montar en el teatro Un tranvía llamado Deseo, protagonizada por ella y dirigida por él. Luego llegó la mítica adaptación al cine de Elia Kazan, que le valió a ella su segundo Óscar por una interpretación desgarrada en la que parecía haber volcado todos sus tormentos. Mientras, ambos tenían otras relaciones, más o menos públicas. Un año después, en 1953, Leigh sufrió una crisis terrible en el rodaje de La senda de los elefantes, en Sri Lanka. Fue sustituida por Elizabeth Taylor y Olivier la ingresó en un psiquiátrico, donde la trataron con sedantes y electrochoques. Ambos iban y venían, y sus amantes también.

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A finales de los cincuenta, Laurence conoció a una joven actriz. Joan Plowright tenía 22 años menos y estaba casada: la historia se repetía. Aquella fue la excusa final del actor para dejar a Vivien. Tras el divorcio, Olivier y Joan se casaron y tuvieron tres hijos. Vivien pasó el resto de su vida con el actor Jack Merivale. Murió a causa de una tuberculosis crónica que arrastraba desde hacía décadas. Olivier siguió con Joan hasta su muerte, en 1989, perseguido por sus propios demonios, diría su viuda. Como en una tragedia de Shakespeare.